Agricultura y naturaleza, una convivencia difícil pero obligada en la zona de Doñana

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El equilibrio entre conservación de la naturaleza y desarrollo socioeconómico basado en actividades como la agricultura es clave.

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DonanaEl equilibrio entre conservación de la naturaleza y desarrollo socioeconómico basado en actividades que se nutren de ella, como la agricultura, es clave para comarcas como la de Doñana, donde esta convivencia, pese a no estar exenta de dificultad, se hace cada día más obligada.

Obligada porque hay que preservar los valores naturales de Doñana, que han hecho que este espacio del sur de Europa sea Patrimonio de la Humanidad, y al mismo tiempo contribuir a mantener el empleo y la riqueza que desde antaño genera la agricultura en la zona para los ciudadanos que pueblan los municipios de la comarca.

Y difícil porque esos valores frenan en ocasiones las posibilidades de un mayor desarrollo y, en otros casos, una mala gestión agrícola puede dar al traste con una riqueza medioambiental incalculable.

Hablar de agricultura en Doñana es hacerlo de cultivos tradicionales como el olivar o el viñedo y de otros más recientes como los cítricos, el arroz o los frutos rojos, especialmente las fresas.

Algunos de estos cultivos mantienen desde antaño una convivencia tranquila con el entorno natural e incluso contribuyen a su preservación y conservación, como el viñedo.

Sin embargo hay otros que han dado pie a una agricultura intensiva con cambios de usos de suelo y extracciones de agua, cuanto menos alegales, que están provocando unos problemas ambientales que ponen en peligro la biodiversidad de Doñana y, al mismo tiempo, la viabilidad del propio sector, como ocurre, por ejemplo, en la zona de la Corona Norte.

Consciente de esta realidad y de la necesidad de esa convivencia para que toda Doñana salga beneficiada, la organización ecologista WWF ha editado el manual “Juntos por Doñana”, en el que se recogen buenas prácticas que podrían llevar a cabo las explotaciones agrícolas en este entorno natural tan sensible.

Medidas que mejorarían la integración ambiental de las fincas agrícolas y ayudarían a conservar los recursos haciendo hincapié en la protección del suelo, el agua o la biodiversidad.

Algunas de ellas, reconoce WWF, ya se están aplicando e incluso son criterios de obligado cumplimiento en ciertos protocolos de calidad, y con ellas se podría luchar contra los principales problemas ambientales que amenazan hoy día a Doñana, como la erosión, la contaminación o la escasez de agua.

Entre las medidas detalladas en el manual, destacan las encaminadas a asegurar la legalidad de la explotación en cuanto al cumplimiento de la Ley de Aguas y la Ley Forestal andaluza, la identificación y preservación de los valores naturales de la finca, el mantenimiento y mejora de la fertilidad natural del suelo, el uso sostenible del agua, la reducción en el uso de fitosanitarios o el fomento de la biodiversidad natural.

A ellas se suman otras encaminadas a optimizar la gestión de los residuos o a frenar el cambio climático, que pasan por fomentar el uso eficiente de la energía o la protección de los recursos naturales.

Todas estas acciones vendrían a reducir la huella ecológica de la agricultura algo que, según se destaca desde WWF, es “una excelente oportunidad de mercado frente a una sociedad cada vez más sensibilizada, que demanda productos de calidad que respeten el medio ambiente”.

Por tanto, se trataría de medidas que no sólo beneficiarían a Doñana como icono medioambiental, sino a la agricultura, pues las producciones hortofrutícolas de Doñana están fundamentalmente destinadas a consumidores que son cada vez más exigentes en temas ambientales.

Acciones que podrían restar dificultad a esa convivencia obligada entre naturaleza conservada a largo plazo y agricultura de calidad y productiva que ha de garantizar una comarca como la de Doñana.