Algo de lo que nos espera

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CIRILO ARNNANDIS (*)

Cirilo Arnandis

La entrada en un nuevo año siempre supone un punto de inflexión que nos permite dejar atrás aquello que no nos agrada, para comprometernos con aquellas cosas positivas que nos van a permitir vivir mejor. Al menos, eso es lo que creemos, pues los problemas que dejamos el úl­timo día del año son, en la mayoría de los casos, aquellos que deberemos de abordar a partir del primero de enero. En este caso, nuestra actividad no es una excepción, pues, si hacemos balance de los temas que nos han ocupado durante el año ya finalizado, en buena parte continuarán ocupándonos durante el 2018.

Por eso, más que balance y plan de futuro, que sería como debería de estructurarse cualquier informe, bien podríamos hacer una recopilación de los temas de actualidad de los que deberemos de seguir ocupándonos. Así, observamos como una cuestión recurrente viene siendo la climatología. Ya sea por efecto de agentes meteorológicos, caso de fuertes lluvias, vientos, olas de frío o de calor, o ya sea por la continuada se­quía, el caso es que una cantidad significativa de cultivos se han resentido en sus producciones, lo cual no ha sido óbice para que los mercados y los clientes hayan tenido una esmerada oferta fruto de la más que demostrada profesionalidad del sector.

A la vista de lo acontecido, es cuando el seguro agrario se muestra más útil que nunca, motivo por el cual debe ser apoyado sin condiciones por las distintas administraciones. La sequía seguirá siendo un fenómeno cíclico, con mayor o menor regularidad, lo cual nos debe de hacer cambiar de mentalidad respecto del uso del agua como recurso público y bien común. En este sentido hay que acoger como buena la idea de la ministra de poder alcanzar el “Pacto Nacional del Agua”, ya sea porque introduzca racionalidad, o ya sea porque se acaben para siempre las tensiones.

Otros temas como los robos en campo, o como el efecto de especies cinegéticas, que arrasan campos enteros por donde pasan, son temas de los cuales nuestras administraciones deberán de seguir ocupándose. Siempre se ha dicho que producir en el campo es una actividad de riesgo por cuanto se trata de una actividad al aire libre a merced de la meteorología. Lo malo de este año es que otros nubarrones aparecen en el horizonte, caso del incremento previsto del coste de los insumos y de los impuestos, en el que el caso del IBI es el más evidente. Este es el escenario con el que se encontrarán aquellos productores de fruta de hueso y pepita que quieran acometer mejoras en su explotación en el marco del “Plan de Reconversión” acometido desde el Ministerio en colaboración con el sector, y que debe de ver la luz en la primavera. Así, es difícil que los jóvenes se vean atraídos por la agricultura en el tan necesario y comentado relevo generacional.

Por más ayudas que se promuevan desde las distintas administraciones, no nos engañemos, pues el mayor y mejor reclamo para los jóvenes es la rentabilidad de la actividad. Hace tiempo que lo veníamos advirtiendo sin que nadie nos haga caso. Incluso se nos ha tildado de alarmistas cuando no de querer ser ventajistas. Lo cierto es que el insecto vector del “greening” o HLB, avanza por la costa atlántica portuguesa, dispuesto ya a sobrepasar la desembocadura del Tajo como preludio al asalto final a territorio español una vez superada la desembocadura del Guadalquivir. Es cierto que todavía no tenemos la enfermedad, pero ya se sabe que cuando el monte está seco cualquier chispa puede provocar un incendio devastador. Lo que sí ya tenemos aquí es la Xylella fastidiosa, habiéndose detectado ya cinco casos positivos en almendros en la provincia de Alicante, quedando claro que ha venido para quedarse. Entretanto Bruselas sigue mirando al tendido, desentendiéndose y legislando de modo arriesgado, primando más los intereses de los comerciantes de países terceros que la de los productores comunitarios. Ésta es época en la que el Ministerio de Hacienda da el pistoletazo de salida de lo que se conoce como “Orden de Módulos”. Se trata de recalcular, en atención a la existencia de circunstancias excepcionales, los índices de cotización de los agricultores en el IRPF. El debate todos los años es a cara de perro entre el sector y los ministerios de Agricultura y Hacienda. Quizás porque estos índices de tributación no están actualizados en el tiempo se han de revisar todos los años mediante una metodología que lo permite, y de la que en el actual ejercicio hay causas más que justificadas.

Aunque solo por una vez, en este caso, no se puede esgrimir la excusa que la normativa comunitaria exige o impide tal o cual cosa, pues en estos momentos, no existe armonización fiscal en Europa, siendo este tema potestativo de casa Estado, ofreciéndose así una oportunidad de hacer política para el campo. Hablando de Europa, 2018 será el año en el que sabremos las líneas básicas de la nueva PAC a partir de 2020, en principio, pues existe la posibilidad de alargamiento del actual periodo de programación. Si bien este proceso ya nos tiene bastante en vilo, más lo es las consecuencias del Brexit y el impacto económico que ello supondrá en el presupuesto comunitario, el cual pretende más políticas comunitarias con menos dinero de los socios comunitarios. Las últimas declaraciones del presidente de la Comisión Europea, el luxemburgués Jean Claude Juncker, parecen algo tranquilizadoras al anunciar que su intención es priorizar la PAC y las políticas de cohesión, para lo cual solicitará un incremento del porcentaje del PIB que los Estados miembros deben aportar a las arcas comunitarias. Esperemos que estas declaraciones no sean un brindis al sol. Entre tanto las organizaciones representativas de las OPFH de Alemania, Bélgica, Francia, Grecia, Italia, Polonia y España, es decir, la práctica totalidad a nivel europeo, hemos alcanzados los acuerdos oportunos que nos permiten presentar una posición común respecto de lo que la nueva PAC debe deparar para el sector.

El mantenimiento de los “Programas Operativos”, así como la necesidad de mantener una definición específica de las OPFH basada en la función comercial de las mismas y la dotación de medios apropiados a los objetivos que deben perseguir estas empresas, son los puntos más destacables. Acuerdo también existe en el sector a cerca de la necesidad de levantar ya el veto ruso a las frutas y hortalizas europeas, así como la necesidad del corredor mediterráneo para incrementar nuestra competitividad en nuestro mercado natural y tradicional. En este proceso, al fin, se ha conseguido introducir en la agenda comunitaria el problema que supone el desequilibrio de la cadena de valor. Aunque no lo parezca, el mero hecho de estar en los papeles ya puede considerarse un éxito.

Una cantidad significativa de los cultivos se han resentido por la sequía

Para empezar, ya se ha publicado en distintos medios que el gobierno francés está preparando un proyecto de ley cuyo objetivo es actuar en este ámbito para conseguir, entre otros objetivos, una mejor retribución por parte de los agricultores. Quizás esta sea una buena premonición, pues Francia ya se sabe que es uno de los pesos pesados en Bruselas, y lo es más en materia agraria, y que España publicó ya hace algún tiempo su ley de mejora de la cadena alimentaria. Este año va ser seguro el del despegue tecnológico del sector agroalimentario. No porque no dispongamos de un amplio conocimiento en la materia, sino porque nuevos conceptos como la tecnificación del campo irán apareciendo. En la época del “bigdata” nuevos sensores y su coordinación con nuevos desarrollos de algoritmos facilitarán la aparición de nuevas herramientas tecnológicas aplicables a las explotaciones.

No olvidemos que esta es una de las líneas de actuación prioritarias que recoge la reciente Comunicación, que sobre la PAC, remitió la Comisión a distintas instituciones comunitarias. El desarrollo del comercio on-line, como ejemplo de nuevos modelos de negocio en el ámbito de la distribución, o la aparición de nuevos modelos en el transporte, ya sea por la aparición de los camiones eléctricos o por el desarrollo de nuevas plataformas logísticas, es una buena ocasión para abaratar costes. Volviendo a lo más próximo, el año que ahora empieza puede ser una buena oportunidad para relanzar la interprofesional citrícola, para que el Instituto Valenciano de Investigaciones Agrarias retome el vuelo alcanzando la velocidad de crucero que necesita el sector, o simplemente que la negociación, que seguro se dará, para redactar un nuevo convenio de recolección de cítricos lo sea en el mejor de los escenarios para todas las partes, y por tanto, sin sobresaltos para nadie. Como se puede ver, muchos son los temas a abordar en 2018, pero como quiera que estos días ha nevado, espero que sea cierto el refrán que dice que “año de nieves, año de bienes”.

(*) Presidente Frutas y Hortalizas Cooperatives Agro-alimentàries