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CIRILO ARNANDIS

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Artículo de Opinión de Cirilo Arnandis, presidente de la Sectorial de Frutas y Hortalizas de Cooperatives Agro-alimentàries.

La Comisión Europea ha presentado la nueva propuesta de ayudas por el veto ruso.

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La sabiduría popular viene a decir en distintos refranes que no se puede decir trigo hasta que no esté en el saco, y aun así, ni siquiera cuando el saco esté bien atado. En infinidad de ocasiones, lo que acontece nos reporta buenas sensaciones, pudiendo estar en la creencia de un determinado desenlace futuro, máxime si este es beneficioso para nuestros intereses. En infinidad de ocasiones, pese al devenir de los acontecimientos, el resultado final de un proceso sufre giros inesperados que hace que, como también reza el refranero español, nuestro gozo pueda quedar en un pozo. Esta reflexión viene a cuento de la alegría mostrada a todos los niveles, tanto administrativos como políticos, relativa a la inminencia de aprobación de un nuevo Reglamento con medidas a consecuencia del veto ruso a las frutas y hortalizas comunitarias.

Como ya es conocido, la actual normativa en vigor sobre este tema, en concreto el Reglamento 1.369/2.015, finaliza su vigencia el próximo día 30 de junio. Es por ello que se lleva tiempo ya trabajando pare evitar huecos legislativos, de tal forma que la entrada en vigor del futuro Reglamento lo fuera de modo automático al finalizar la validez del actualmente vigente. Es por ello, que durante la semana pasada todos estábamos en la creencia de que la continuidad de las medidas era un hecho inminente, y así se ha venido manifestando en distintos medios de comunicación por distintos portavoces. Lo cierto es que pese a figurar en el orden del día, el Grupo de Expertos de la Organización Común de Mercados de los Productos Agrarios celebrado en Bruselas la semana pasada no trató este tema.

Sobre la mesa un proyecto de texto normativo que prorrogaría más allá del 30 de junio las medidas excepcionales ya adoptadas en el contexto del veto ruso. En concreto el nuevo reglamento sería de aplicación durante un año más a la espera de noticias de Moscú. No tenemos una bola de cristal ni estamos en la mente del Vladimir Putin, por lo que nadie sabemos hasta cuándo va a existir el veto a las frutas y hortalizas procedentes de la Unión Europea. No se percibe ningún indicio que nos haga pensar en el levantamiento del veto de manera inminente, por lo que la continuidad en el tiempo de las medidas es una cuestión capital en el sector. Sobre todo para los productores de fruta de verano, cuyo inicio de campaña ya está ahí.

A la vista del ritmo que lleva la tramitación de este Reglamento, es muy probable que lleguemos a esa fecha del final de junio y todavía no tengamos aprobado el nuevo. Hay que recordar que una vez los Estados miembros y la Comisión Europea hayan dado el visto bueno al texto, éste hay que remitirlo al Parlamento Europeo, el cual tendrá un plazo de al menos dos meses para pronunciarse al respecto. Y lo fácil es que haya aportaciones, ya sea contrarias a la promulgación de la norma, o por que se pretenda modificar el texto a la vista de la propuesta, la cual introduce nuevas cuestiones que llaman la atención. La más significativa, la reducción en un 70% del cupo máximo asignado a cada grupo de cultivos. Por contra, se incluyen como nuevos productos beneficiarios de estas medidas al caqui y las cerezas.

Con la reducción del tonelaje de cada uno los productos susceptibles de incluirse en el futuro Reglamento en un 70% respecto del cupo anterior, en el caso español, los contingentes quedarían así: 2.300 Tm para manzana y pera; 1.500 Tm para otras frutas; 6.900. Tm para el grupo de hortalizas; 6.900 Tm para melocotón y nectarina; 16.600 Tm para los cítricos. A la vista de la nota de prensa emitida desde el Ministerio de Agricultura español, esta reducción del volumen de productos se justifica por cuanto la Comisión considera que los operadores han reorientado una buena parte de sus exportaciones tras dos años de veto. Esto no deja de ser un eufemismo, ya que en los distintos corrillos y pasillos de Bruselas se cometa que la última razón hay que buscarla en la necesidad de ahorrar gasto para destinarlo al alto coste que está suponiendo el problema del conflicto bélico y humanitario en Siria.

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Bien parece que lo más fácil es tirar por la calle del medio y recortar de la agricultura, la pagana última de toda necesidad presupuestaria comunitaria, soportando así un alto tributo por ser la única política común real llevada a la práctica por los 28. Igualmente se ha tirado por la calle del medio en la reducción de contingentes de modo lineal, al ser probablemente, la metodología que menos críticas, o al menos de menor tono, se escucharían. Hay que recordar que en el año 2013, último completo de referencia de exportación a Rusia, la Unión Europea exportó a ese país 2,3 millones de toneladas de frutas y hortalizas por un valor de 1.873 millones de euros. Por el contrario, la suma de los distintos Reglamentos emanados de Bruselas en los años 2014, 2015 y hasta el 31 de marzo de 2016, ha amparado a algo menos de 1,1 millones de toneladas, que han supuesto un gasto total en ese mismo periodo de 254,7 millones de euros. La rebaja presupuestaria no está justificada bajo ningún concepto más allá del ahorro económico puro y duro para destinarlo a otros fines.

No perdamos de vista que el origen de la decisión de Moscú hay que buscarlo en temas ajenos a la agricultura y que la adopción de medidas paliativas no ha sido fácil. La actual propuesta comunitaria deja a las claras que la Comisión se está cansando de esta medida y que ha entrado en una dinámica de ir apagando la ayuda poco a poco. Estrategia que no es nueva, pues se actuó de igual modo cuando la crisis de los pepinos acaecida en Alemania, de la cual España resultó ser la más perjudicada de un episodio generado por las manifestaciones imprudentes de un responsable político de la ciudad de Hamburgo.

De momento parece que Reglamento del veto ruso vamos a tener, aunque no sabemos cuándo exactamente. Cuanto menos servirá para contrarrestar argumentos especulativos del mercado, que ya es. Aunque no sea lo que en estricta justicia merece y necesita el sector, esto es lo que hay. Más adelante ya veremos, por lo que en evitación de más dilación y dudas, lo más sensato es aplicar el refrán que dice que más vale pájaro en mano que ciento volando.