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Cirilo Arnandis (*)

Cirilo Arnandis: ”Mires por donde lo mires, la campaña citrícola no está siendo buena para el campo”

naranjas

La CE mantiene el régimen de controles actual para Argentina, Uruguay, Sudáfrica, e incluye a Brasil. / VF

Mires por donde lo mires, ésta no está siendo una buena campaña citrícola para el campo. Ya sea por las rentas obtenidas por los agricultores, o ya sea porque esta renta es nula al haberse quedado la fruta en el árbol, el contexto actual del sector no hace más que justificar las distintas convocatorias y actos de protestas organizados y promovidos por sus entidades representativas y sociedad civil. Pero a diferencia de otras ocasiones, en las que dentro de un ciclo natural alguna campaña tampoco se pude tildar de buena, existe un hecho diferencial, y es que la situación de los agricultores ha saltado a primer plano de actualidad y ha alcanzado la conciencia social.

Incluso en fechas recientes hemos podido observar cómo los cítricos han sido motivo de encendidos parlamentos en la tribuna de oradores del Congreso de los Diputados, aunque al final haya tenido más resonancia las alusiones a las castañas y a los pomelos, sustantivos utilizados como adjetivos por los oradores. Pero lo cierto es que entre todos hemos conseguido aflorar un problema, que no por ser desconocido por la sociedad en general, dejaba de existir. Los europarlamentarios españoles están ahora más activos que nunca con el problema, y se atreven a hacer propuestas, que ya nos aplican otros fuera de Europa, pero que en tiempos todavía recientes hubieran supuesto la carcajada de la Comisión Europea. Ya se oye que las importaciones citrícolas europeas entren por uno, o por un número limitado de puertos, lo que permitiría mejores controles fitosanitarios. También se oye la aplicación de la cláusula de salvaguardia a las importaciones sudafricanas si se derivara como consecuencia del estudio de sus datos. 

Para incidir en Europa es necesaria la unidad del sector y de los representantes políticos

Recientemente, hemos recibido información de la aprobación, por parte de la Comisión Europea, de la nueva Decisión que regula los controles sobre las entradas de cítricos en la Unión Europea originarios de países del hemisferio sur, y que estará vigente hasta marzo del año 2022. Buenas noticias por cuanto se mantiene el régimen de controles actual para Argentina, Uruguay, y Sudáfrica, con la novedad de la inclusión de Brasil en este sistema de controles. Insisto, buena noticia por cuanto no se otorgan nuevas concesiones y facilidades a la importación de cítricos de países con un potencial cierto de transmitirnos enfermedades. Pese a todo, conviene recordar que todavía está vigente la norma de entrada en la Unión Europea de cítricos infectados, si estos tienen como destino la transformación. Al menos un gesto.

Las cosas de palacio van despacio, y más en Bruselas, donde la adopción de decisiones tiene un procedimiento farragoso, y donde cambiar la tendencia de opinión, o dicho de modo más pedante, el rumbo de los acontecimientos, es una tarea de tiempo y de insistencia. Para ello es básico la unidad del sector, incluso a nivel europeo, y la unidad de acción con nuestros representantes políticos, incluso al más alto nivel. La reciprocidad en las condiciones de producción y de acceso a los mercados es una petición justa y necesaria, y que tiene muy difícil encontrar argumentos en contra. Es por ello que quiero ser optimista y pensar que, en un futuro no muy lejano, pueda haber avances al respecto. Y por qué no, aprobarse que la entrada de cítricos procedentes de países terceros en Europa se realice por una serie de puertos determinados y concretos, al efecto de poder llevar a cabo controles eficaces. Por ejemplo, como nos exige Estados Unidos a nuestras ventas en aquel país.

Si está bien exigir, también está bien repasar aquellos temas que nos corresponde reflexionar y decidir a nosotros. Las cuestiones estructurales, por más celeridad que se tenga, no se visualizan sus efectos hasta que no pase un cierto tiempo, por lo que, sin dejarlas de lado, serán también otras las decisiones en el corto plazo que se tendrán que tomar. En este sentido hay que recordar que la normativa comunitaria, por lo que respecta a las frutas y hortalizas, pone a disposición del sector dos instrumentos como son las organizaciones interprofesionales y las organizaciones de productores, para ordenar el mercado y sacarle el mayor rendimiento posible. Del buen uso de ellas no podemos hacer dejación, pues el protagonismo es nuestro, y así nos lo recuerdan desde Bruselas cada vez que tienen ocasión.

En el sector de los cítricos están reconocidas dos organizaciones interprofesionales. De una parte, para el limón y el pomelo está Ailimpo, que se está labrando un justo reconocimiento a la vista de su actuación. De otra parte, para las naranjas y mandarinas, está Intercitrus, ahora latente, y que sería una buena noticia hacerla despertar de un sueño que ya dura demasiado tiempo. Ambas, y aunque sus sedes respectivas estén en Murcia y València, son organizaciones cuyos socios tiene un ámbito de representación nacional. Y por tanto, más allá de localismos, hay que entender que todos caben y todos son necesarios. Las interprofesionales no son el fin, sino un medio para conseguir objetivos, y donde es cuestión necesaria para su buen funcionamiento la apuesta decidida de todos sus socios. Esperemos y deseemos que la fecha del 26 de febrero, fecha de la asamblea de Intercitrus, suponga un punto de inflexión en su trayectoria y remonte el vuelo. 

La otra herramienta que Bruselas pone a disposición del sector son las organizaciones de productores. Sistema de ordenamiento de los agricultores, al que se le reconoce su potencial al ser propuesto a otros sectores productivos agrarios en la futura PAC que se está debatiendo en estos momentos. En esta campaña, es cierto que más fruta de la deseada se va aquedar en el campo sin posibilidad de ser comercializada, y es que las cooperativas comercializamos la fruta de nuestros socios y el comercio privado ha sido previsor disponiendo de acopio estratégico de fruta en cantidad suficiente. Así pues, buena parte de los agricultores que antaño encontraba en la autogestión y la especulación su estrategia para vender su producción, se está quedando con un espacio cada vez menor, cuando no inexistente, y cada vez en peores condiciones.

No soy quien para aconsejar a nadie, pero estoy seguro que si buena parte de la producción estuviera integrada en organizaciones de productores, seguramente no obrarían milagros, pero los efectos de las malas campañas serían en parte amortizados. Con la especulación se puede ganar, pero también se puede perder, por lo que no vale quejarse solo cuando se pierde. Hay que ser proactivo y planificar. Hay que ser emprendedor, y una OPFH te permite hacer conjuntamente aquello que uno solo no puede afrontar, máxime en un contexto tan cambiante como al actual. No obstante lo dicho, nos encontramos en una nueva ocasión en la que el instrumento no se puede calificar separando el uso que de él se haga.

El tema de la calificación de organizaciones de productores en el sector de las frutas y hortalizas en España ha sido un tema debatido y controvertido, quizás, porque se busque más el fin, poderse calificar como OPFH, que su finalidad, generar beneficios a los productores. Los distintos inquilinos del ministerio de Agricultura han adoptado decisiones salomónicas y se ha optado, desde el punto de vista político, por un perfil bajo. El hecho es que en Europa hay algo más 1.600 OPFH, de ellas, casi 600 son españolas, 280 italianas, 250 francesas y 150 griegas. A la cola, pero a la cabeza, países como Holanda y Bélgica, que no llegan a las 20 OPFH. Por el contrario, el valor medio de comercialización de una OPFH holandesa es de 130 millones de euros, el de una belga entorno a los 70 millones de euros, mientras que las OPFH de Italia y España comercializan, como valor medio 12 millones de euros.

Cifras paradójicas, por cuanto el mayor porcentaje de la comercialización de las OPFH, respecto del volumen total comercializado de su país, se da en Holanda y Bélgica, mientras que en España, y pese al número de organizaciones reconocidas, se estima que es un 40% de la producción total citrícola la que está organizada. Por tanto, parece mejor tener menos OPFH, pero mejores y mejor dimensionadas. Es aquí donde se deberá de reflexionar, en el proceso ahora abierto nuevamente por el Ministerio, si las decisiones que se han venido adoptando para contentar a todos, es realmente lo que necesita el sector, y si las organizaciones de productores de “recolección en campo” es realmente una buena opción o es la antesala de una decepción posterior.

La forma jurídica ya no es un obstáculo para calificar una OPFH que sea transparente y se rija por criterios democráticos. Buscar las organizaciones de productores como instrumentos de captación de subvenciones, o simplemente para poder retirar, es un error. Calificar “chiringuitos” o pretender que las actuales OPFH acojan a todos los agricultores hasta ahora no asociados sin tener en cuenta la calidad de sus explotaciones será también otro error. El Ministerio hizo en su día un estudio sobre el funcionamiento de estas entidades y los motivos por los que no había un mayor grado de organización comercial. La información la tiene, ahora solo tiene que decidir si quiere más entidades asociativas o mejores.

(*) Presidente Frutas y Hortalizas Cooperatives Agro-alimentàries