El arte de la guerra en la alimentación

Las autoridades chinas emprenden una ofensiva mundial para acaparar el sector agroalimentario

Guerra“Lo supremo en el arte de la guerra consiste en someter al enemigo sin darle batalla”. Las palabras escritas en ‘El arte de la guerra’ por el sabio Sun Tzu cobran actualidad tras la ofensiva mundial de China en el sector agroalimentario. A golpe de talonario han conseguido inimaginables extensiones de terreno en los cinco continentes, si bien la última operación de compra del 1% de la superficie de Australia puede no ser autorizada por las autoridades de aquel país. A ello se suman operaciones nunca vistas como la compra de Syngenta por unos 43.000 millones de dólares. Syngenta tiene una de las carteras de semillas más importantes de la industria, con 6.800 variedades registradas. Junto con Monsanto y a DowDuPont —compañía surgida de la fusión de Dow Chemical y DuPont en diciembre—, Syngenta es líder en el campo de la investigación genética y biotecnológica, ahora en manos de China.

“El que llega primero al campo de batalla espera la llegada del enemigo fresco para combatir. Quien llega tarde al campo de batalla tiene que apresurarse y arriba exhausto al combate”, reza otro de los proverbios de ‘El arte de la guerra’ y que se ha convertido en manual de las autoridades chinas en la ofensiva mundial para acaparar el sector agroalimentario en los últimos tiempos.

La expansión China en África y en América Latina ha sido rápida y profunda en la última década. Solo en África más de 3 millones de hectáreas ya son chinas, además de otras inversiones en la producción de materias primas. Más de 100.000 millones lleva invertidos en una docena de países africanos mientras en América Latina se elevan a más de 50.000 millones de dólares los préstamos concedidos a cambio de grandes extensiones y de superar a la UE como socio comercial. El 72% de las exportaciones de América Latina a China son bienes primarios.

Otra de las megas operaciones se ha realizado en el continente europeo, unos 29.000 kilómetros cuadrados de tierras de cultivo ucranianas, en la región de Dnipropetrovsk, para inmensas extensiones de cultivos y granjas que abastezcan de cereales y ganado al mercado chino. La superficie, equivale en tamaño a la comunidad autónoma de Galicia y supone el 9% de toda la tierra cultivable de Ucrania.

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La primera fase del proyecto consiste en 100.000 hectáreas. El precio acordado ha sido, según un periódico de Kiev, de 2.600 millones de dólares, lo que supone una de las mayores inversiones extranjeras realizadas en Ucrania mientras rusos y europeos siguen enzarzados en estériles conflictos diplomáticos.

Otra empresa china, Shanghai Pekin Group, ha llegado recientemente a un acuerdo para comprar la empresa australiana S. Kidman & Co, con 185.000 cabezas de ganado y el control sobre una extensión de terrenos de pastoreo de unos 100.000 kilómetros cuadrados, equivalentes al 1% del país o el 20% de la superficie de España. Pese al acuerdo, el Gobierno australiano ha paralizado la transacción por cuestiones estratégicas.

En España tenemos recientemente casos como Albo, la histórica empresa gallega adquirida por el gigante pesquero Shanghái Internacional Ocean Resources por 61 millones de euros. Albo está especializada en bonito, atún, sardinas, mejillones y anchoas conservados en aceite de oliva. Su producción se comercializa, principalmente, en los supermercados nacionales. Con la adquisición de Albo, la empresa china quiere acelerar su expansión en el exterior.

China atesora el 20% de la deuda pública española y nuestro país figura entre los objetivos del imperio chino de la alimentación por lo que no es de descartar próximas sorpresas.

Les parecerá que esta fiebre por el sector agroalimentario mundial, por la compra de inmensas extensiones de terreno pueda resultar exagerada pero lo cierto es que el futuro de la humanidad se dirimirá en dos bienes estratégicos como son la alimentación y el agua. De hecho, la batalla ha comenzado con un protagonista indiscutido, China, que quiere ostentar la hegemonía mundial al precio que sea y cueste lo que cueste. El crecimiento de las necesidades futuras de su población les obliga pero también sabe y así lo confirman informes que las necesidades de alimentación en el mundo crecerán un 70% en los próximos 20 años. China provocará grandes desequilibrios y amenazas en el resto de la población mundial sabiendo que habrá próximas crisis alimentarias de trascendencia planetaria.

Esperemos que las autoridades europeas sepan entender de una vez que el sector agroalimentario es un pilar fundamental y estratégico, sobre el que se cierne el futuro de millones de europeos. La concentración y hegemonía de China se ha convertido en una amenaza por la pasividad y falta de perspectivas de una Unión Europea que sigue mirándose el ombligo sin capacidad de construir y avanzar hacia el futuro. Al menos, en Australia han sabido entender que todo tiene un límite. China debe entender que deben existir unas reglas de juego en el comercio mundial de reciprocidad y transparencia, y muchos dudan de un país que compra lo que se le antoja sin que nadie sepa a ciencia cierta el valor real de su moneda, ni de sus sanas intenciones.

Información publicada en la edición impresa de Valencia Fruits del 14 de junio.
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