Exportaciones e importaciones de aceite de oliva baten récords históricos

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EFEAGRO.

Las exportaciones de aceite de oliva marcaron la última campaña un nuevo máximo, así como las importaciones, que se dispararon un 60% batiendo también el récord

mercado aceite oliva

Tanto la exportación como la importación de aceite de oliva bate récords. / ARCHIVO

Las exportaciones de aceite de oliva desde España marcaron durante la última campaña un nuevo máximo con 1.116.000 toneladas vendidas, un 10% más que el año anterior, mientras las importaciones se dispararon un 60% y batieron también récord, hasta las 236.000 toneladas.

Así lo refleja el balance de la campaña 2019-2020 (de octubre a septiembre), divulgado este lunes por Cooperativas Agro-Alimentarias durante un foro sobre los retos del sector para conseguir un mayor equilibrio entre los diferentes eslabones de la cadena.

Los datos -todavía provisionales, a falta de cerrar oficialmente los dos últimos meses de campaña- reflejan una caída de la producción del 37%, hasta rozar los 1,32 millones de toneladas, un descenso esperado después de los registros históricos en la 2018-2019.

De hecho, después de una campaña de sobreproducción, el retroceso de este año ha permitido bajar los “stocks” en otro 35%, hasta las 491.000 toneladas.

Ya de cara a 2020-2021, las estimaciones de producción del sector oscilan entre 1,4 y 1,6 millones de toneladas, un incremento que contrasta con el resto de países competidores (Italia, Grecia, Portugal, Túnez y Turquía, principalmente), cuya proyecciones caen al unísono, por lo que la condición de líder de España en volumen se reforzará.

Andalucía encabezará con diferencia la estadística por comunidades autónomas con 1,15-1,35 millones de toneladas, frente a las 260.000 que se calcula que procederán de otras regiones como Castilla-La Mancha (125.000), Extremadura (50.000), Comunidad Valenciana (25.000), Cataluña (24.000), Murcia (12.000) o Aragón (10.000).

“En esta campaña que comienza ahora, el aceite de oliva lo va a tener España, ya que en el resto de países la producción no será alta y sus ‘stocks’ serán bajos, por lo que esperamos poder defender mejor nuestro producto y tener una mejor situación de mercado”, ha expresado el responsable del sector en Cooperativas, Rafael Sánchez de Puerta.

No obstante, ha recordado que la producción “sigue creciendo más deprisa que la demanda” y se siguen plantando cada vez más olivos en el mundo, por lo que continuarán existiendo “problemas”.

La última campaña ha estado marcada por las bajas cotizaciones, aunque en las últimas semanas se observa una mejoría, tras caer a principios de 2020 a niveles históricamente bajos, entre 1,65 y 2,1 euros dependiendo de la calidad (lampante, virgen y virgen extra).

“Somos líderes mundiales en producción y tenemos que aspirar a serlo también en comercialización”, ha afirmado el director general de Cooperativas Agro-alimentarias, Agustín Herrero, quien ha remarcado que el mercado nacional está estancado y no da mucho más de sí, por lo que la clave radica en crecer fuera de España.

En el último año, los consumidores españoles adquirieron 510.000 toneladas de aceite de oliva, un 5,2% menos que un año antes.

Las cifras del mercado interior desglosadas por meses muestran un repunte muy acentuado en marzo, coincidiendo con el inicio de la pandemia y el confinamiento, que derivó en compras dirigidas a llenar la despensa, aunque posteriormente también se observan bajadas importantes al tener producto almacenado en casa y no tener que reponerlo.

Durante la jornada ha intervenido la directora general de Producciones y Mercados Agrarios del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, Esperanza Orellana, quien ha detallado la “hoja de ruta” elaborada por el Gobierno para ayudar al sector del aceite a frenar sus “desequilibrios”, motivados por una cada vez mayor superficie de cultivo de olivar intensivo.

Según sus datos, en los últimos 15 años la superficie ha aumentado en 245.000 hectáreas de media y la producción lo ha hecho un 91% respecto a la década de los 90.

Orellana ha apostado por toda una batería de mecanismos de regulación para contrarrestar también el Brexit, los aranceles de EE.UU. y la incertidumbre creada por la covid-19, y ha insistido en el carácter “extraordinario” de muchas de las medidas que se pueden activar pero sólo de forma puntual por cuestiones “coyunturales”.

Como ejemplo ha citado las ayudas al almacenamiento privado y ha clarificado que éste mecanismo no se activa automáticamente cuando se alcanzan unos precios extremadamente bajos, sino que depende siempre de que Bruselas dé su visto bueno.