La alimentación gasta un 30% de la energía primaria consumida en España

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Anabel Pascual. Efeagro.

Una investigación de la Universidad Pablo de Olavide analiza la energía primaria consumida en España en los procesos vinculados al modelo agroalimentario

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Los procesos vinculados al modelo agroalimentario gastan un 30% de la energía primaria consumida en España. / Óscar Orzanco

El análisis del ciclo de vida del conjunto agroalimentario en términos energéticos permite detectar sus ineficiencias, pero también marca dónde actuar para apostar por un sistema más sostenible, según una investigación realizada desde la Universidad Pablo de Olavide.

Los procesos vinculados al modelo agroalimentario —desde su producción hasta su consumo en hogares— gastan un 30% de la energía primaria consumida en España, porcentaje alto, que muestra que es “insostenible”, según el investigador en el Laboratorio de los Agroecosistemas de la Universidad Pablo de Olavide Manuel González de Molina.

Este dato es fruto de una investigación que demuestra que “todo lo relacionado con la alimentación tiene un impacto enorme” sobre el medioambiente y la economía, habida cuenta de sus elevados costes energéticos, explica el también presidente de la Sociedad Española de Historia Agraria (SEHA).

Este análisis del ciclo de vida permite calcular la cantidad de energía que se invierte en cada proceso, así como detectar las “ineficiencias de este sistema” para saber con exactitud dónde están los problemas: transporte, importación, producción agrícola y ganadera intensiva.

Para que todos los procesos (producción, transformación, logística, venta…) sean mensurables y comparables, el estudio se ha realizado en términos de energía primaria, aquella que no ha sufrido transformación para su uso final (como el petróleo sin refinar), en vez de energía final (electricidad por ejemplo).

Este especialista en Historia Agraria, Historia Ambiental y Agroecología ha destacado en una entrevista con Efeagro que, dentro del sistema agroalimentario, es el transporte el que consume más energía primaria.

“Más de una cuarta parte (25,8%) le corresponde al transporte” y el grueso además al realizado en el interior del país y es que “los alimentos viajan mucho” ha indicado el experto, que participó el 3 de febrero en el ciclo “Agroecología” organizada por la Casa Encendida en Madrid.

Manuel González de Molina ha apostado por fomentar los canales cortos de comercialización (mercados, tiendas de productos locales…) que generarían un importante ahorro energético y disminuirían su impacto ambiental sin reducir ni la oferta ni la calidad de los alimentos.

La producción agrícola (fertilizantes, fitosanitarios, maquinaria, piensos, semillas…) consume un 24% de la energía primaria, ámbito en el que resalta el elevado porcentaje de energía que gastan los piensos (casi la mitad), así como el gasoil y los fertilizantes.

González señala que para alimentar esa ganadería “muy sobredimensionada”, más de 7 millones de toneladas de peso vivo de la cabaña ganadera (tres veces más que a principios del siglo XX), se importan ingentes cantidades de soja y maíz transgénicos que se cultivan en “latifundios de Brasil o Argentina” con “dudosas” prácticas ambientales.

El presidente de la Sociedad Española de Historia Agraria (SEHA) denuncia que en España se dejan de cultivar tierras agrícolas en el interior y cifra en torno a 6,5 millones las hectáreas abandonadas o infrautilizadas, por lo que “cada vez dependemos más de las importaciones”.

En este sentido, asegura que España es un importador neto, ya que a pesar de ser un gran exportador hortofrutícola y de aceite de oliva, en los últimos años también de carne de cerdo “sin tener vocación para ello”, este último sector se mantiene gracias a las compras de materia prima a terceros países.

Estos cambios en la producción (más orientados a la proteína animal) han favorecido, hace hincapié González, una modificación de las pautas de consumo que ha alejado a la población española de la Dieta Mediterránea, con un índice de alejamiento de 4 sobre 9 (la cifra más alta marca la cercanía a esta dieta saludable). “Esto tiene consecuencias sobre la salud y también para el medio ambiente”, al tiempo que resalta un consumo actual “excesivo y exagerado” de 118 kilos de carne frente a los 25 kilos de los años 70.

González de Molina critica que parte del incremento en el consumo de carne se debe a los precios, porque hoy en día es más competitivo un kilo de carne que de frutas o verduras, que influye en una dieta “mala y muy desequilibrada”, alejada, insiste, de la tradicional Dieta Mediterránea.

Parte de estos problemas, relata, se atajarían con una producción más sostenible, pero para ello es crucial que “haya voluntad política y políticas públicas claras” para iniciar un cambio y fomentar un modelo agroecológico. Ayudar a revincular la ganadería con el territorio, incentivar la extensiva o fomentar una agricultura más sostenible fomentarían, a su juicio, un modelo agroalimentario de menor impacto en el entorno.

El investigador incide en que para iniciar un cambio hay que aflorar los costes reales de los alimentos, ya que si bien la agricultura y ganadería intensivas generan “productos más baratos”, estos lo son, porque “entre todos pagamos, por ejemplo, la descontaminación del agua por nitratos o el tratamiento de residuos generados en el agro”.