La digitalización, un quebradero de cabeza para la industria agroalimentaria

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Óscar Tomasi. Efeagro.

La apuesta por la digitalización supone un quebradero de cabeza para la industria agroalimentaria española, un desafío que afronta de forma tímida

industria agroalimentaria española

La industria agroalimentaria española apuesta por la digitalización de forma tímida.

La apuesta por la digitalización supone un quebradero de cabeza para la industria agroalimentaria española, reticente a abrazar un cambio de mentalidad de calado como el que proponen las nuevas tecnologías, por el momento poco rentable económicamente y al que apenas se acercan de forma tímida.

“Hay un desconocimiento brutal”, “aquí estamos todos muy perdidos” o “lo hacemos porque no queda más remedio” son sólo algunas de las conclusiones de directivos de empresas como Cinco Jotas (jamón ibérico), Delaviuda (turrones y dulces) y Canena (aceite de oliva), y que resumen el sentir general de todo un sector.

“La necesidad de apostar por la digitalización es algo que no quieren ver” los miembros de la industria agroalimentaria, ha lamentado la responsable de Alimentos, Vino y Gastronomía del Instituto Español de Comercio Exterior (ICEX), María Naranjo, quien ha valorado en este sentido la alianza cerrada por este organismo con Amazon.

En el marco de una jornada celebrada sobre retos y oportunidades en la internacionalización del sector agroalimentario español, organizada por la escuela de negocios Esade, todos los participantes han coincidido en que digitalizar sus negocios supone un desafío por ahora sin resolver.

“Estamos tan perdidos como vosotros, pero no queda más remedio. En China más del 50% de nuestras ventas ya llegan directa o indirectamente vía Internet”, ha revelado el director de Internacional de Cinco Jotas-Grupo Osborne, René Lemée, quien ha recordado que el país asiático es su segundo mercado sólo por detrás del español.

La apuesta de la firma ha consistido en tener personal local y abrir una tienda “online” en China, donde el 1,7% de los consumidores que ven sus productos acaban comprando, una tasa de conversión muy superior a la que registran en Estados Unidos (1%) y en Europa (0,5%).

“No hay que ocultar que el proceso es costoso, nosotros tenemos éxito en China pero cuesta dinero. Todo el mundo pierde dinero con el comercio electrónico, estamos ahora en una fase de inversión y esperemos que haya retorno en un futuro”, ha señalado Lemée.

“No sabemos para qué todavía, pero hay que estar”, ha terciado la fundadora de Canena, Rosa Vañó, quien ha apuntado a la pérdida de capacidad de control como una de las mayores desventajas de este modelo de venta. En este sentido, ha citado como ejemplo sus problemas con un distribuidor alemán que vende sus productos a un precio sensiblemente más bajo al que se suele comercializar. “No puedo hacer nada si alguien quiere vender con apenas un 1% de rentabilidad, pero no me conviene como marca y me genera problemas”, ha destacado.

Del lado de Delaviuda, su director del área Internacional, Gonzalo Machado, ha subrayado la importancia de afrontar la digitalización de forma local en cada mercado, ya que en cada país las características del comercio electrónico son diferentes. “En alimentación, las diferencias entre un mercado y otro son enormes. Por ahora estos procesos no los sabemos controlar ni gestionar. Es una tendencia real, no creo que las tiendas físicas desaparezcan pero sí deberán adaptarse para justificar ese viaje hasta ellas”, ha expresado.

Además de la apuesta por la digitalización, los participantes en la jornada han apuntado a la falta de unión a nivel sectorial como otra de las desventajas competitivas que afectan a España en comparación con otros países productores de alimentos con los que compite en el exterior, como Francia o Italia, sobre todo a la hora de exportar a precios más altos.

El especialista en agroalimentación Jaime Palafox —antiguo responsable de Internacional en la patronal de esta industria— ha citado el caso del vino español, que con un precio medio de 1,2 euros por litro sigue lejos de Italia (1,7 euros) o Francia (2,5 euros).