La innovación en agricultura, una apuesta de Andalucía para su futuro agrario

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Las novedades tecnológicas buscan mejorar la productividad, sostenibilidad y seguridad alimentaria de los cultivos.

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OlivarAndalucía está trabajando en innovaciones tecnológicas aplicadas al sector agroalimentario con el fin de mejorar sus principales cultivos —entre ellos, el olivar— en términos de productividad, sostenibilidad y seguridad alimentaria, con los que se benefician desde el productor al consumidor final.

Un cometido a cargo de instituciones como la Universidad de Córdoba (UCO) en la que, actualmente, centran muchos de sus trabajos en el área agroalimentaria, ya que lidera el Campus de Excelencia Internacional Agroalimentaria (ceiA3) en el que también están integradas las universidades de Almería, Cádiz, Huelva y Jaén. Cinco instituciones andaluzas con investigadores que se esfuerzan por transferir tecnología al agricultor y al consumidor en sectores cruciales para la región y el resto de la Unión Europea (UE).

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Ejemplo de ello lo encontramos en el campus universitario de Rabanales de la UCO, a pocos kilómetros de Córdoba, donde desarrollan el proyecto “Mecaolivar”, con el fin de mejorar la maquinaria de tratamiento de los olivos, según señala a Efeagro el catedrático de Ingeniería Agroforestal Jesús Gil,

Las parcelas experimentales de olivos que hay en Rabanales son un constante trasiego de tractores con maquinaria en desarrollo que ya demuestran en campo sus avances respecto a otras invenciones anteriores: mejoras de mecanización para la recogida de la aceituna o de optimización en el uso de fitosanitarios.

Una de ellas, por ejemplo, es un pulverizador provisto de unos sensores que detecta la presencia de los árboles y la distancia a la que están para que se fumigue producto sólo cuando el tractor está pasando junto al olivo; con lo que ello supone de ahorro económico y de reducción de cantidad de fitosanitario usado.

También se puede observar una plataforma acoplada a un tractor que aplica herbicida al suelo sólo cuando los sensores detectan la presencia de vegetación; y un vibrador que se acopla mejor al tronco del olivo para una mayor efectividad en la caída del fruto al suelo durante la recogida de la aceituna.

Según Jesús Gil, se buscan beneficios en la recolección de aceituna, obtener aceites de más calidad y reducir los costes de producción.

En otra parcela de olivos cercana al centro de operaciones de “Mecaolivar”, un grupo de investigadores —encabezado por el profesor del Departamento de Ingeniería Gráfica y Geomática de la UCO Alfonso García-Ferrer— sobrevuelan periódicamente con un dron los árboles para testar diferentes resistencias del olivo a elementos como el agua. El dron trabaja ahora con sensores que miden la capacidad del olivo en condiciones de estrés hídrico y optimizar así el uso del agua para regarlos. García-Ferrer subraya la importancia de este estudio para la región andaluza, con problemas habituales de sequía.

Sin salir de este campus, se puede comprobar cómo la UCO apuesta por la innovación agroalimentaria en su sentido más amplio. Muestra de ello es otro trabajo, en este caso del departamento de Producción Animal, basado en el uso de la tecnología de Espectroscopia de Infrarrojo Cercano (NIRS).

La catedrática Ana Garrido explica que esta tecnología consiste en el manejo de un pequeño dispositivo que analiza instantáneamente, de forma no destructiva e individualmente, los alimentos. Aplican la NIRS en análisis experimentales con carne de cerdo ibérico o cítricos, y comprueban los beneficios de esta tecnología para evitar fraudes, detalla Garrido.

Pero también han desarrollado una maquinaria robotizada con tecnología NIRS incorporada que le permite mejorar los estudios de calidad de materias primas a granel, como la cebada. El avance, según Garrido, es prometedor para el sector alimentario y de abastecimiento de materias primas porque permite conocer con precisión las calidades de los productos y evitar así posibles fraudes.

Todos estos avances impulsados por la UCO y que son extrapolables a otras instituciones andaluzas tienen la importancia de estar en fase avanzada y, por tanto, a las puertas de una posible comercialización que mejore la productividad de los cultivos, facilite el trabajo en el campo y permita obtener productos más sostenibles y seguros.