Los bioquímicos vegetales apuestan por aprender a “escuchar” a las plantas

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Los bioquímicos vegetales aseguran que “escuchar” a las plantas permite conocer su estado de salud

“escuchar” a las plantas

Los bioquímicos tratan de interpretar todas las señales o marcadores para conocer el estado de salud de las plantas. / Óscar Orzanco

Los bioquímicos vegetales reunidos este miércoles en Pamplona en la XXIII Reunión bianual de la Sociedad Española de Fisiología Vegetal y XVI Congreso Hispano-Luso de Fisiología Vegetal han apostado por aprender a “escuchar” a las plantas para conocer su estado de salud.

Matilde Barón, directora de la estación experimental del Zaidín (Granada) —el instituto de Ciencia agraria del CSIC—, ha explicado que, estudiando los compuestos volátiles con los que las plantas se comunican entre sí o luchan contra las enfermedades, se puede obtener mucha información.

La gente, ha afirmado, “tiene a las plantas absolutamente minusvaloradas y eso me parece insólito”, porque “gracias a ellas respiramos, gracias a ellas comemos, son los grandes sumideros de CO2 en el ambiente terrestre y en los océanos, son fundamentales en el equilibrio de nuestro sistema y nos dan muchísima belleza”.

“Da la sensación de que no se entiende a las plantas, se ven como unos seres vivos aburridos”, cuando en realidad “son unos seres vivos muchísimo más complejos de lo que nos imaginamos”, ha asegurado.

En este sentido, Matilde Barón ha comentado que las plantas, al igual que las personas, se estresan cuando son atacadas por patógenos e incluso tienen fiebre. Cuando hace calor, la planta abre unos pequeños poros, que son los estomas, para refrescarse, pero, cuando es atacada por patógenos, los cierra para subir su temperatura.

Conociendo este comportamiento de las plantas, el CSIC está experimentando con drones dotados con cámaras termales que sobrevuelan cultivos de aguacate en la costa de Granada y Málaga para detectar zonas más calientes, que son las sospechosas de infección.

Asimismo, las plantas se comunican entre sí mediante un lenguaje químico cuando una de ellas es atacada y, de esta forma, el resto activa todos sus mecanismos de defensa. Las plantas, ha destacado Barón, “no tienen un sistema inmune como el nuestro, pero tienen una multitud de mecanismos de defensa que pueden poner en funcionamiento, como cerrar los estomas para evitar la entrada de organismos malignos”.

Además, pueden sintetizar determinados tipos de compuestos que les ayudan a defenderse si detectan un depredador y, así, pueden producir una sustancia tóxica para que su sabor sea desagradable e incluso pueden sintetizar su propia “aspirina”, el ácido salicílico.

De esta forma, ha dicho, “cuando una planta tiene una elevada concentración de ácido salicílico o sube su temperatura, sabemos que hay un riesgo de infección o de que haya sequía”. Los bioquímicos tratan de interpretar todas esas señales o marcadores para conocer el estado de salud de las plantas.

Matilde Barón ha subrayado que las plantas “son mucho más sutiles de lo que uno se imagina, hasta el punto de que se está hablando de neurología vegetal. Evidentemente, las plantas no tienen un sistema nervioso, pero sí tienen la capacidad de percibir la luz”.

“Hay que reivindicar a las plantas y pensar en lo importantes que son para nosotros”, ha declarado Barón, quien ha considerado que “es increíble que estemos deforestando con tanta alegría. No nos podemos permitir deforestar el Amazonas y nuestros bosques”.