Los olivos le plantan cara a Erdogan en Turquía

Descarga ejemplar top
Registro suscriptores
Dogan Tiliç. Efeagro

Los propietarios de olivos en Turquía protagonizan uno de los pocos casos de oposición triunfante a las medidas del presidente turco Erdogan.

 

Olivos Turquía

Turquía es el cuarto productor mundial de aceite de oliva. / ARCHIVO

Los propietarios de olivares en Turquía, el cuarto productor mundial de aceite de oliva, acaban de protagonizar uno de los pocos casos de oposición triunfante a las medidas del presidente turco, el islamista Recep Tayyip Erdogan.

Con una producción de 177.000 toneladas el año pasado, Turquía quedó en 2016 solo detrás de España, Italia y Grecia entre los mayores proveedores de aceite de oliva, según datos del Consejo Oleícola Internacional.

Esta posición parecía amenazada por los recientes planes del Gobierno turco para abrir los campos de olivos a la actividad industrial, que sin embargo chocaron con la resistencia del sector y sus arraigadas tradiciones.

El proyecto de ley, impulsado por el Partido Justicia y Desarrollo (AKP) de Erdogan, en el poder de 2002, preveía modificar la disposición que prohíbe construcciones hasta un mínimo de tres kilómetros de distancia de los olivares.

Y es que para el ministro de Industria, Faruk Ozlu, la ley vigente, que data de 1939, ha quedado obsoleta. “Si uno considera la tecnología de hoy en día, no parece tener mucho sentido no poder acercarse a menos de tres kilómetros”, dijo en el Parlamento.

Durante meses, los agricultores se movilizaron contra estos planes, apoyados por numerosos grupos de la sociedad civil y el partido opositor socialdemócrata CHP. “Pueden cortar mi cabeza pero no mis árboles”, fue alguno de los lemas de las protestas de los agricultores. Al final, la comisión industrial del Parlamento decidió retirar el pasado 13 de junio el artículo más polémico del proyecto.

La aceituna en Turquía

Similar a lo que sucede en España, en ciertas regiones de Turquía la aceituna domina la vida de la gente desde hace siglos. Así, en la zona en torno a la localidad de Edremit, en el extremo oeste de Turquía, todos viven de la aceituna. Las chicas allí no se casan si no reciben árboles de oliva del novio, el primer corte de pelo o la tradicional circuncisión de los varones no se celebran sin que el niño reciba un olivo de regalo.

Mehmet Semerci es un productor de olivas en cuarta generación en Edremit. “Lo que hace que el aceite de oliva sea bueno es la tierra y el clima. Las olivas necesitan aire fresco y puro”, explicaba en recientes declaraciones al diario Hürriyet. “Si pasaban la ley no todos los árboles iban a ser cortados, pero sí dañados (…) Se puede construir en otras partes”, dijo.

La retirada del controvertido proyecto de ley es uno de los pocos casos recientes en los que el todopoderoso AKP no logra imponerse. De poco ha servido hasta ahora que el primer ministro turco, Binali Yildirim, insistiera en la necesidad de impulsar el desarrollo industrial del país.

“¿Qué es más importante. Aceitunas o fábricas industriales?”, preguntó retóricamente en la Cámara, tras destacar que en los quince años de gobierno de su partido el número de olivos había subido de 100 a 171 millones de unidades.

Los opositores se mantuvieron firmes su postura ante el riesgo de que la eventual aprobación de la planeada ley pueda llevar al corte de “hasta 100 millones de olivos”, según cálculos del Consejo Nacional de Aceite de Oliva.

Temen además los efectos nocivos de las industrias para los olivares, con la generación de polvo y polución, según ha advertido la organización ambientalista Greenpeace.

Orhan Saribal, diputado del opositor partido del CHP, recuerda en declaraciones a Efe la importancia de la ley vigente, revisada en 1995 y que determina la obligación del Estado “de proteger y desarrollar los campos de olivos. Gracias a eso tenemos hoy 174 millones de olivos de los que el Gobierno está tan orgulloso”.

El año pasado, Turquía produjo 1,73 millones de toneladas de aceituna, de las cuales 430.000 toneladas fueron usadas para el consumo y el resto para la producción de aceite. “Deberíamos centrarnos en cómo aumentar esto y no en abrir campos de olivos para la industria”, concluye Saribal.

Mientras que los productores y los críticos están satisfechos con la retirada de la enmienda, el Gobierno aún no se rinde. “Leyes existentes sobre la producción de olivas no satisfacen las necesidades. Mientras siga habiendo estas necesidades, este proyecto podría volver”, dijo el ministro de Industria tras la retirada de la ley en junio.