Mercosur y la UE están aún ‘updating’

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Por Manuel Arrufat (*)

Viernes, 5 de julio por la tarde. Una semana después, la opacidad sobre las concesiones europeas en el tratado de Mercosur continúa

Mercosur

Mancha negra en limones argentinos. / Archivo

Viernes, 5 de julio por la tarde. En el momento en que me dispongo a redactar estas líneas consulto la web de la Comisión Europea (CE) sobre el tratado de Mercosur y me topo, como desde el 28 de junio cuando éste se anunció, con la misma odiosa frase: This document will be updated soon (Este documento será actualizado pronto). Nada en el mail corporativo, nada llega tampoco por vía postal y en el sitio oficial en cuestión se han colgado otros documentos pero el referido a la apertura en materia agraria sigue pendiente. Una semana después, la opacidad sobre las concesiones europeas continúa: se cuentan al detalle las ventajas logradas para el sector industrial (coches, maquinaria, química…), en el reconocimiento de las DO’s, para el chocolate, el vino o los quesos, pero la vaguedad sigue siendo la nota dominante para el sector más amenazado, el hortofrutícola.

La negativa de Bruselas a responder a nuestros requerimientos, oficiosos y oficiales, por conocer el estado de la cuestión ha sido una constante, una lamentable constante durante los últimos años. El pasado lunes, 1 de julio, sin embargo y pese a no tener mayor información oficial, emitimos un duro comunicado —en línea, por cierto, con lo dicho por casi (conviene remarcar lo de ‘casi’) todo el sector citrícola— criticando el tratado e informando de otra gravosa decisión comunitaria. Curiosamente y a pesar de no guardar relación alguna con lo acontecido con Mercosur, la noticia también tenía como protagonista a Brasil/Argentina/Uruguay y como damnificado al sector citrícola español y europeo. En aquel comunicado, el CGC denunció también la desaparición de la Mancha negra —la plaga que es endémica de esos países, también de Sudáfrica— del listado de enfermedades prioritarias para la UE.

Podría decirse que a estas alturas y con los antecedentes dados (los acuerdos de asociación con Marruecos, Egipto o Israel, el de preadhesión a la UE con Turquía o el más reciente y polémico con la Comunidad de Estados de África del Sur) la UE ha dejado de merecerse el beneficio de la duda. Con tal trayectoria, afirmar que la agricultura mediterránea es moneda de cambio habitual en sus negociaciones comerciales no es descubrir demasiado. Podríamos, por tanto, habernos lanzado públicamente a censurar el desmantelamiento arancelario que este nuevo tratado supondrá sin tener mayor información al respecto y lo hubiéramos hecho sin riesgo a equivocarnos. Pero no lo hicimos. Durante el fin de semana posterior al día en que nuestro presidente, Pedro Sánchez, y el resto de líderes europeos exhibían junto a los sudamericanos durante la cumbre del G-20 “el éxito” del tratado para contrastarlo con las guerras comerciales de la era Trump, nos dedicamos a indagar. Y la acogida que el tratado había tenido entre nuestros competidores argentinos o brasileños fue, siendo cautos, eufórica. Sus sensaciones nos merecían mayor credibilidad que lo contado por la Comisión, entre otras cosas, porque sus lobbies sí han participado directamente en la negociación. Mientras a nosotros se nos negaba hasta el agua, las grandes corporaciones —Cutrale, Dreyfus o Citrosuco— tuvieron silla propia en la mesa de negociación.

A estas alturas sabemos oficiosamente que los aranceles a las importaciones europeas de naranjas, mandarinas y limones de esta zona geográfica se eliminarán en cuanto el acuerdo sea ratificado y entre en vigor. Hemos podido constatar, y no gracias a la información suministrada por Bruselas, que las tasas aplicadas a los jugos brasileños —de entre el 12,5 y el 15%, según los distintos tipos de zumos— quedarán reducidas a la mitad en ese primer momento y que en menos de una década desaparecerán. Dicho de otro modo: a corto plazo el pastel citrícola europeo, que el resto de zonas productoras del mundo codicia, se repartirá más aún y a medio plazo sabemos que, animados por las crecientes ventas y aupados por unos costes y requerimientos medioambientales, sociales y fitosanitarios sensiblemente menores a los nuestros, estos países ampliarán plantaciones y la amenaza de un mayor solapamiento con nuestras producciones será una realidad… ¿Les suena el augurio? Es básicamente lo mismo que se ha venido narrando con el acuerdo de Sudáfrica para naranjas y antes para mandarinas. Lo peor, en el caso sudamericano y sudafricano, está tristemente por llegar.

Pero la amenaza más inminente se producirá con los zumos baratos brasileños. No me regodearé en el desatino consumado pero sí trataré de dimensionar su alcance: en campañas con cosechas de entre 6,5 y 7,5 millones de toneladas la industria transformadora absorbe volúmenes del 17/20%; en las más cortas, próximas a los seis millones, también procesa el 13/14%. Si nos quedamos sin las pocas pero potentes plantas de zumos que aún nos quedan, ¿qué haremos para valorizar la fruta con defectos externos o problemas de tamaño?

Mancha negra

A Bruselas tales detalles no le inquietan. Sin rubor repetirán que las nuevas ventajas se otorgan a países de otras latitudes, que producen cuando nuestros árboles descansan. Y Brasil, continuarán argumentando para eclipsar así la evidencia de que controlan el 70-80% de las ventas mundiales de zumo, no es competencia porque España es líder en fresco. No coment.

La irrelevancia de esa fruta que no puede acomodarse a este tipo de mercado ha vuelto a ser el falaz argumento para hacer caer la Mancha negra —el hongo más peligroso de la citricultura mundial— del listado de enfermedades vegetales que la CE considera prioritarias. Se trataba de definir —en el reglamento llamado a dar un giro más garantista a la política fitosanitaria europea— aquellos patógenos a los que se le reconoce un mayor impacto económico, social y medioambiental para así someterlos a un mayor grado de vigilancia por los Estados miembros y, en caso de detectarse un foco, poder cofinanciar las necesarias medidas de erradicación. Pues bien, a última hora, el también llamado Citrus Black Spot (CBS) ha desaparecido de este listado porque —como se avanzaba y al contrario de lo manifestado por el panel de expertos— tal hongo causa ‘solo’ daños “en la calidad del fruto y no en la producción” (sic). Lo cierto es que las severas manchas que provoca en la piel son tanto o más graves que las de cualquier otra afección que suponga la caída del fruto o su deterioro organoléptico porque, al fin y al cabo, significarán que no podrá comercializarse en fresco. Más aún cuando, además, se niega la posible salida a la industria por efecto de la competencia barata de los zumos brasileños, ahora reforzada gracias al acuerdo con Mercosur.

Freshfel, que integra a multinacionales y patronales de Argentina, Sudáfrica o a los importadores holandeses, no ha alegado nada en contra de excluir la Mancha negra del listado de plagas prioritarias de la UE ni contra el tratado con Mercosur

Quiero pensar que no…

Quiero pensar que la repentina exclusión del CBS de este listado nada tiene que ver con el posible hallazgo de este hongo en un país mediterráneo y tan cercano como Túnez. Que no será para ahorrarse las acciones que deberían cofinanciarse en caso de que cruzase el mar y se tuviera que indemnizar a los agricultores afectados por el arranque de árboles contaminados. Quiero pensar que de este listado no caerán otras graves enfermedades que, como la Thaumatotibia leucotreta o el HLB, son de alto riesgo al estar localizadas en los países terceros que lideran el suministro de cítricos a Europa (como Sudáfrica en los dos casos o Brasil y Argentina en el segundo).

Quiero pensar, por último, que el hecho de que se haya dado una reacción unánime contra esta medida, pero con alguna ilustrativa excepción, no responde a la existencia de intereses superiores a la defensa de nuestra producción. Me refiero a la actitud de una patronal hortofrutícola como Freshfel que se dice europea pero que integra a multinacionales como Capespan (Sudáfrica), Citrusvil (Argentina), Federcitrus (patronal de exportadores argentinos), Frugiventa (importadores hortofrutícolas holandeses), Asoex (Asociación de Exportadores de Chile), al Ministerio de Agricultura de Israel… que nada ha alegado ni dicho contra la exclusión (confiemos que momentánea) del CBS de este artículo y que ha guardado un delator silencio a la hora de valorar los efectos del nuevo tratado con Mercosur. La interprofesional del Limón y el Pomelo, Ailimpo —por cierto— también es miembro destacado de Freshfel.

 

Manuel Arrufat

 

 

(*) Presidente del Comité de Gestión de Cítricos