Cuando veas las barbas de tu vecino pelar…

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Vicente Bordils.

Vicente Bordils

Vicente Bordils.

Artículo de opinión de Vicente Bordils, presidente del Comité de Gestión de Cítricos (CGC).

plagas xylella HLB

El CGC reclama proteger los viveros de cítricos frente a las bacteriosis. / CGC

Hace semanas que no leemos alarmantes no­ticias vinculadas con la llegada a España de la Xylella fastidiosa. Casi 200 focos confirmados en Baleares y una declaración institucional suscrita por 27 entidades cívicas y refrendada por el Parlament en favor de la aplicación de un protocolo de ‘contención’ en lugar de otro de ‘erradicación’, han aplacado cualquier sombra de duda sobre la actuación de las autoridades. Una vez zanjada la polémica, se acabó la historia. Ya llegarán en junio los inspectores de la UE para reavivarla y comprobar si pueden hacer una excepción en Baleares a la legislación europea, como la aprobada solo para Lecce. Se apela a este caso para evitar el arranque masivo de árboles en Baleares que allí —en el sur de Italia— sí se exigió. De momento, todos callados, que la contención la ha reclamado hasta la Federación Hotelera de Mallorca, que tiene mucho que decir en materia de enfermedades de cuarentena (sic).

Una vez reducida a la mínima expresión la tensión informativa, la amenaza también parece diluirse. No seré yo quien enjuicie si la decisión está justificada, si Baleares puede ahorrarse esos horribles “cráteres de cien metros de diámetro” alrededor de cada foco, como rezaba con dramatismo inusitado la citada declaración institucional remitida a Bruselas. Lo que digo es que fiar el éxito de la contención a la efectividad del mar como ‘aislante’ de la bacteria y al bloqueo comercial y de particulares de todo material vegetal procedente de las islas no me inspira ninguna confianza. No, la falta de noticias, tampoco me hace estar más tranquilo.

Repasemos. El Gobierno ba­lear, que reconoció sentirse desatendido por el central, pidió auxilio y reclamó al Ministerio casi un millón de euros para financiar el plan de lucha contra la enfermedad. Más de un mes después aún no sabemos si la ayuda ha llegado, ni si se ha ampliado —como se reclamó desde Madrid y Bruselas— la labor de prospección, y desconocemos si se han confirmado más focos. Tampoco se ha ido más allá en la concreción de los Sequence Type  (ST) de las tres subespecies detectadas —la fastidiosa, la multiplex (en Mallorca y Menorca) y la pauca (en Ibiza)—. Esta catalogación es clave porque cada subespecie y ST tiene una determinada gama de vegetales a los que poder infectar y causar la enfermedad, con síntomas que pueden ser similares o bien diferentes. Sabemos que la pauca es el patógeno más agresivo, que por ello se ha establecido incluso un ‘subbloqueo’ para proteger Mallorca, Menorca y, por su­puesto, al resto del país de lo particularmente detectado en Ibiza, que esta misma subespecie es la que ha arrasado el olivar italiano pero también la que provocó la Clorosis Variegada de los Cítricos en Brasil, que su ST es desconocido (no coincide con el caso brasileño o italiano)… Vamos que lo que sabemos es entre nada y poca cosa y que por su alta mutabilidad genética ningún cultivo de los amenazados (agrios, olivar, fruta de hueso, vid) se salva, aunque tampoco exista una víctima propiciatoria diferenciada. Y éso alimenta la incertidumbre y complica el priorizar una u otra medida de cautela.

La falta de noticias tampoco frenará el desarrollo de los acontecimientos. Y están pasando cosas graves. Con la llegada de la primavera, el ciclo biológico de uno de los vectores que la transmite —el detectado en el país transalpino, Philamenus Spumarios— ha arrancado con fuerza en las islas, lo que estará multiplicando la capacidad de propagación de la bacteria. La citada chicharra está presente en la Comunitat Valenciana, al parecer, de forma poco abundante, pero tampoco sabemos mucho más sobre otros posibles vectores en la península. En marzo se produjo una interceptación en un puerto checo de Xylella en una partida de plantas asintomáticas procedente de una zona mediterránea en la que hasta el momento no se ha declarado su presencia. Habrá que confirmar el positivo, determinar el origen real y en su caso, añadir una zona más —gran exportadora de frutas a la UE— sobre la que estar prevenidos.

A este, oeste y sur

Y mientras vigilamos lo que ocurre en el este insular, los citricultores miramos con idéntica preocupación lo que pasa al oeste o incluso en la caótica África. La Trioza Erytreae, el insecto que porta la enfermedad citrícola más devastadora —el citrus greening o HLB, otra bacteria— sigue expandiéndose sin control en Galicia y desciende hacia el sur de Portugal, a solo cientos de kilómetros de las plantaciones de agrios de Huelva. Se ha cuestionado su capacidad de adaptación a climas más cálidos pero es que ahora conocemos, además, que se han constatado detecciones en Tanzania y Kenia del otro psílido vector del HLB, la Diaphorina citri, que pocos cuestionan que pueda multiplicarse en nuestras zonas productoras.

El hallazgo es tan grave que el segundo país exportador de cítricos en fresco del planeta, Sudáfrica —tras décadas ne­gando o relativizando la presencia del HLB africano en sus zonas— ha reconocido ahora que debe tomar medidas. La principal: encontrar financiación para proteger y aislar toda su producción viverística de agrios. Poco importa que el psílido se halla localizado a miles de kilómetros, en Centroáfrica porque nadie tiene la certeza de que, debido a la falta de control, no esté más próximo. El paso dado, por otra parte, es el mismo que han seguido todas las potencias citrícolas que viven la amenaza del HLB cerca o directamente: Argentina y California (con casos puntuales) o Brasil (con la enfermedad devastando ya la producción) o incluso algunas provincias de China (con importantes pero dispares niveles de afección).

No hay cura ni consuelo para el HLB ni la Xylella. La detección y erradicación precoz es el único alivio. Todo pasa por localizar, arrancar y quemar las plantas infectadas. Es solo cuestión de tiempo que lleguen. Habrá que retrasarlo lo más posible y prepararse para lo que viene y ello exige concienciar al principal vector transmisor de sendas enfermedades, que no es un insecto sino el propio hombre.

Establezcamos pues prioridades: 1.- Para garantizar una rápida localización habrá que asegurarle al agricultor que sospeche de su presencia que la denuncia a las autoridades no va a suponer su ruina familiar. Y éso implica publicitar que existen unas indemnizaciones claras, que sí contempla la legislación comunitaria, pero cuya partida y baremos según cultivos a arrancar, nadie conoce. 2.-Para garantizar que la reconversión de las zonas que en un futuro se puedan ver afectadas con material sano habrá que cubrir los viveros que siguen trabajando al aire libre, que son mayoría y actuar —como recientemente ha hecho la Junta andaluza— con contundencia sobre los ilegales. 3.- Habrá que concienciar al agricultor de que solo se puede injertar o plantar material certificado y al ciudadano que no puede portar cualquier tipo de material vegetal y sancionar los incumplimientos. 4.- En Italia, Estados Unidos o Brasil se habla ya de las primeras plantas tolerantes o resistentes y la genómica se encuentra en el origen de las futuras soluciones, ¿qué línea de investigación o colaboración tenemos en esta materia?.

Culmino ahora el titular propuesto a este artículo… porque, viendo lo que ocurre a nuestro alrededor, ya va siendo hora de poner nuestras ‘barbas a remojar’.