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Por Gonzalo Gayo

Es difícil hacer justicia a una vida dedicada a la agricultura y con la pasión que Vicente Hernández mostraba en la defensa de los agricultores valencianos

Vicente Hernández

Vicente Hernández Martínez

Es difícil hacer justicia a una vida dedicada a la agricultura valenciana y con la pasión que Vicente Hernández mostraba en la defensa de los agricultores valencianos. No hay palabras que resuman tantos esfuerzos como hizo Vicente para que se hiciera justicia a nuestras gentes del campo.

Vicente sufría cada injusticia en carne propia. Sabía que la agricultura valenciana había sido moneda de cambio en nuestra adhesión en la UE y desde entonces nuestra agricultura ha sido especialmente castigada por las decisiones arbitrarias de la UE. Decía que Europa no era capaz de ver la riqueza de la agricultura mediterránea mientras subvencionaba a otras por intereses políticos.

No soportaba las injusticias y menos aún que los valencianos sufrieran la falta de agua por la insolidaridad e incompetencia de unos y otros. Era consciente de que si el agua se convertía en batalla política los valencianos pagaríamos el pato y así fue. Me impacto una frase en medio de manifestaciones a ambos lados del río Ebro: “Esto lo solucionábamos en menos de una semana hablando entre agricultores aragoneses y valencianos. El problema es que se ha convertido en bandera política cuando es un problema de los agricultores. Nosotros sabemos de la solidaridad y de la palabra dada para solucionarlo”.

Eran mis comienzos periodísticos y como tantos periodistas aprendimos a querer y a valorar todo el esfuerzo de nuestros agricultores en las palabras de Vicente Hernández. Palabras que brotan del recuerdo de una gran persona y un maestro que creo escuela y que se nos fue la semana pasada. El histórico dirigente del campo valenciano, presidente honorífico de la Asociación Valenciana de Agricultores (AVA-Asaja), falleció a los 88 años de edad en Alcàsser (Valencia). Vicente Hernández fue presidente de esta organización, a cuyo crecimiento contribuyó de manera decisiva, entre los años 1984 y 1996, y presidió también Fu­vama de 1997 a 2005.

El ejemplo de Vicente tiene continuidad en la labor que desarrollan desde AVA con su presidente Cristóbal Aguado a la cabeza en la defensa de los intereses de los agricultores valencianos, con esa característica de la sencillez, honestidad y cercanía en el trato.

Los agricultores valencianos siguen esperando que en la España del siglo XXI se resuelva el problema del agua haciendo posible el trasvase de caudales excedentarios hacia las zonas donde se sufren sequías. Es un derecho sobre un bien público y un deber de los gobernantes el solucionarlo tras siglos de incompetencia.

Los agricultores reclaman precios justos para sus cosechas y que su esfuerzo les permita tener una renta digna. Seguimos a expensas de los precios que marcan las grandes superficies y de la miseria que siembran en el campo año tras año, provocando un preocupante abandono de tierras de cultivo y la pérdida de poder adquisitivo. Desde nuestro ingreso en la Unión Europea los agricultores son prácticamente el único colectivo que ha perdido poder adquisitivo mientras otros se llenan los bolsillos multiplicando por seis lo que pagan a nuestros agricultores para venderlos en las lineales de las grandes superficies.

Otro de los aspectos que sufren nuestros agricultores son los acuerdos de la UE con países terceros a los que no se les exigen los mismos controles y normativa creándose un agravio comparativo en el que sorprendentemente los perjudicados son nuestra gente. Impensable en cualquier otro sector de la actividad productiva cuando se llevan a término acuerdos en estos tiempos de globalización y tratados multilaterales.

Durante años los gobiernos de turno han utilizado a la agricultura para una lucha sin cuartel contra la inflación. De ahí los precios de miseria que se pagan en el campo mientras se abren los puertos a las importaciones de buques piratas que aguardan en aguas del Mediterráneo la orden de desembarco de mercancías como patatas, cebollas, melones… Es curioso que cuando llega las cosechas en nuestras tierras aparecen importaciones masivas para hundir precios, sin que las autoridades hagan nada por evitarlo. Más bien al contrario, parece que les satisface arañar unas décimas del IPC a costa de la ruina de nuestros agricultores y en connivencia con las grandes cadenas de alimentación. Pero algún día se hará justicia en los tribunales internacionales.

Nuestra agricultura tiene un enorme futuro a pesar de todo y de tanto incompetente. Hoy como siempre es necesaria la unidad de los agricultores para exigir que se haga justicia, que se repare el daño causado por tantas arbitrariedades y que se ponga en valor, como decía Vicente, el único oficio al que acuden los ciudadanos todos los días al menos dos veces.

La demanda de alimentación se va a incrementar hasta un 70% en los próximos 15 años y de ello hablaran largo y tendido en Valencia, en las próximas semanas, los responsables de más de un centenar de las ciudades más pobladas del mundo.

Valencia es la capital mundial de la alimentación y la agricultura. Su tradición y la calidad de sus productos la acreditan por el buen hacer de sus agricultores durante cientos de años. Es hora de reconocer tanto esfuerzo transmitido de generación en generación y de apoyar el futuro y la modernización de la agricultura. Y eso solo se hace reconociendo a nuestros agricultores y a la gente que dedicó su vida por defender que se haga justicia. Gracias Vicente y un enorme abrazo a la familia por tan enorme pérdida.