Cómo revertir el “desierto” del olivar en España

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La iniciativa Soil O-Live estudia el efecto del manejo agrícola en la salud de los suelos de los olivares mediterráneos y su efecto en la calidad del aceite de oliva

Actualmente el sector del aceite de oliva está preocupado por la sequía, agravada por el cambio climático y responsable de la caída de la producción en la actual cosecha. / VF

Belén Delgado. Efeagro.

El olivar en el sur de España se ha convertido en un “desierto” sin cubierta vegetal ni actividad microbiana en el suelo, una situación que busca revertir un proyecto de investigación financiado con fondos europeos.

La iniciativa Soil O-Live ha recibido 7 millones de euros de la Unión Europea para estudiar el efecto del manejo agrícola en la salud de los suelos de los olivares mediterráneos y su efecto en la calidad del aceite de oliva.

El coordinador del proyecto, Antonio José Manzaneda, detalla a Efeagro que en una primera etapa harán un diagnóstico del estado de los suelos, que sospecha que está “muy mal por el uso de productos fitosanitarios y por cuestiones meramente geográficas”, ya que el olivar está localizado en zonas altamente erosionables.

El también profesor de Ecología de la Universidad de Jaén afirma que solo hay que pasear por los olivares de Jaén y Córdoba para darse cuenta de que son “un desierto absoluto, sin cubierta vegetal y con poca actividad microbiana”, la cual depende mucho de la materia orgánica del suelo.

Asegura que hay zonas en las que se da la paradoja de que ya ni siquiera es rentable usar los fitosanitarios porque la producción no compensa la inversión.

El uso intenso de pesticidas se repite en otras partes de la región mediterránea como el sur de Italia o las áreas donde se practica la agricultura intensiva en Grecia o Marruecos.

Consorcio internacional

Para investigar a fondo el asunto se ha creado un consorcio de quince instituciones académicas y las empresas del sector Nutesca y Deoleo, que cuentan con el apoyo del Consejo Oleícola Internacional y del Centro Europeo de Datos del Suelo, del Centro Común de Investigación de la Comisión Europea.

En España participan las universidades de Jaén y Castilla-La Mancha, junto al Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), mientras que hay instituciones de Italia, Portugal, Grecia, Marruecos, Alemania, Polonia y Suiza.

Manzaneda destaca el respaldo de centros de referencia de otros países en el estudio de aspectos concretos como la presencia de microplásticos en el suelo, el potencial de captura de carbono o el efecto sobre el genoma de las plantas que puede haber tenido la aplicación de pesticidas y herbicidas.

Tras el diagnóstico inicial, que tomará en cuenta las diferencias territoriales, llegará el momento de proponer un modelo para cada tipo de cultivo que minimice los impactos negativos.

“Iremos seleccionando prácticas de restauración de los suelos,tanto de remoción de los residuos de pesticidas que puedan quedar como de mejora de la actividad microbiana, esencial para la funcionalidad del suelo”, añade el experto.

Los microorganismos ayudan al ciclo de carbono y a fijar el nitrógeno, según Manzaneda, que destaca igualmente el beneficio de muchos hongos que mantienen el control de posibles patógenos y hacen simbiosis con las raíces del olivo.

Hace falta sanar así a unas plantas que, como las personas enfermas, cuando están debilitadas tienen dificultades en responder al estrés ambiental pero que, en un entorno saludable, son más resistentes.

Resistencia a la sequía

Actualmente el sector del aceite de oliva está preocupado por la sequía, agravada por el cambio climático y responsable de la caída de la producción en la actual cosecha.

Para el coordinador del proyecto, la primera actuación de emergencia debe ser el mantenimiento de las cubiertas vegetales lo máximo posible, ya que aportan materia orgánica, controlan la erosión y favorecen la instalación de microorganismos.

Manzaneda considera que otra forma de mitigar estos impactos climáticos pasa por el uso de variedades tradicionales, mejor adaptadas.

“En teoría el olivar es una especie tradicionalmente adaptada a los periodos de sequía típicos, pero se están poniendo plantaciones nuevas en formatos superintensivos, con frecuencia de variedades no adaptadas localmente y de las que no sabemos muy bien su respuesta al cambio climático”, subraya.

A su juicio, en producciones intensivas del Bajo Guadalquivir y otras zonas del sur de Portugal y Marruecos, el cultivo se podrá mantener con el riego cuando haya agua, pero en años de sequía sufrirá las consecuencias.

A la falta de agua se suma la subida de las temperaturas, que impacta directamente en la floración del árbol reduciendo su productividad.

“El olivar tradicional está ahora mismo muy comprometido por diferentes factores. Es un olivar casi de subsistencia, familiar y con una limitación de producción importante”, apunta el profesor del Instituto Universitario de Investigación en Olivar y Aceites de Oliva de la Universidad de Jaén.

Ante los problemas de productividad de este olivar, insta a darle valor añadido apostando por la calidad y por la biodiversidad y la función ecológica que esos suelos y cultivos pueden promover a escala regional.