La Unió denuncia acuerdos de libre comercio firmados por la UE que obvian su impacto en el sector hortofrutícola

Gregal abril 2021
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La Unió denuncia que un informe de la Comisión Europea sobre 12 acuerdos de libre comercio firmados por la UE obvia su impacto en el sector de frutas y hortalizas y deja fuera también el de Sudáfrica

Tampoco se tiene en cuenta la repercusión en aceite de oliva, vino o productos agrícolas transformados. / LA UNIÓ

Valencia Fruits. Redacción.

La Unió de Llauradors cuestiona el reciente informe del Centro Común de Investigación de la Comisión Europea (CE) sobre las repercusiones que tienen en los sectores agrarios comunitarios un total de doce acuerdos de libre comercio firmados por la UE con terceros países, ya que no tiene en cuenta entre otros al sector de las frutas y hortalizas y deja fuera uno de los que más perjudica a los productores valencianos como es el de Sudáfrica.

Tampoco se tienen en cuenta, además de las frutas y hortalizas, el impacto del libre comercio en sectores tan importantes para la agricultura mediterránea y la Comunitat Valenciana como el aceite de oliva, el vino y los productos agrícolas transformados en general.

La Unió critica así mismo que este tipo de informes se presente ahora cuando los acuerdos ya están en vigor y aboga porque se hagan antes de suscribir cualquier tipo de firma por parte de la UE para conocer sus efectos, tal y como hace por ejemplo el USDA de EEUU.

El informe de la CE se basa en 12 Acuerdos de Libre Comercio (ALC) con países considerados como socios comerciales, además de los países integrados como Mercosur. Concretamente se trata de Australia, Canadá, Chile, Indonesia, Japón, Malasia, Mercosur (Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay), México, Malasia, Nueva Zelanda, Filipinas, Tailandia y Vietnam.

No se tiene en cuenta, por tanto, a pesar de que entró en vigor en 2016, el Acuerdo de Asociación Económica entre la UE y los Estados del África Meridional -Botsuana, Lesoto, Mozambique, Namibia, Sudáfrica y Suazilandia- que afecta de pleno a la citricultura europea.

Este informe analiza las oportunidades de sectores como el de lácteos, carne de cerdo, trigo y vino y bebidas, así como la vulnerabilidad de los acuerdos para los sectores de la carne de vacuno, la carne de ovino, las aves de corral, el azúcar y el arroz. Este último cultivo no queda bien contemplado en el informe porque, a pesar de que indica que las importaciones, sobre todo de Tailandia, podrían llegar a ser del 18% del total de la UE y que puede provocar distorsiones comerciales con un impacto significativo en el equilibrio del mercado, no tiene en cuenta la segmentación del mercado del arroz entre el largo (Índica) y el redondo (Japónica), que es el que se produce en la Comunitat Valenciana.

El informe de la Comisión de Investigación de la Comisión Europea hace referencia -y mal como se puede comprobar- únicamente a los aspectos comerciales, pero no analiza las repercusiones fitosanitarias del incremento de las transacciones comerciales sin las suficientes garantías sanitarias. Tampoco detalla los sistemas productivos de los países terceros para compararlos con los exigentes estándares productivos de la UE.

Carles Peris, secretario general de La Unió, considera que “este informe debería haberse hecho antes y podría haber servido para analizar el impacto y las consecuencias de los acuerdos comerciales que firma la UE, pero llega tarde, es muy incompleto, sesgado y no sirve para casi nada”. Además -prosigue Peris- “no se tienen en cuenta los aspectos de sanidad vegetal ni la necesaria reciprocidad para las producciones de terceros países con las de la UE. Por ello es pérdida de tiempo y papel mojado”.

El secretario general de La Unió señala que “ya es hora que la CE aborde los acuerdos desde la perspectiva de los productores, de aquellos que cumplimos las normativas europeas para suministrar productos de calidad, dar seguridad alimentaria y que cada vez sufrimos una competencia desleal en el mercado por no exigirse los mismos estándares de producción”.

La Unió también indica que los acuerdos comerciales no deberían verse afectados por guerras políticas ajenas al mercado agroalimentario y que dentro de los mismos con socios preferenciales no se debería permitir casos como el veto de Rusia a nuestros productos o los aranceles de EEUU a los productos agrarios europeos.