Veto ruso

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Artículo de Opinión de Cirilo Arnandis, presidente de la Sectorial de Frutas y Hortalizas de Cooperatives Agro-alimentàries.

El efecto de la decisión de Putin supondrá unas pérdidas económicas, no solo en esta campaña, también en los próximos ejercicios.

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PimientosLa noticia del año saltaba durante el apacible periodo vacacional de occidente. Cogiendo a todos por sorpresa, el presidente Vladimir Putin, anunciaba el cierre de la frontera soviética a las importaciones de una serie de productos agroalimentarios provenientes de la UE, Estados Unidos, Canadá, Australia y Noruega, en principio por un periodo de un año, revisable en función de los acontecimientos políticos. Los productos afectados son: frutas y hortalizas, carne y productos cárnicos de bovino, porcino, pollo, pescado, leche y productos lácteos además de los frutos secos.

Esta decisión se ha adoptado como represalia de las sanciones que occidente ha impuesto a Rusia, motivadas por la actitud mostrada por Moscú en el conflicto en Ucrania. En virtud de éstas, los bancos estatales de Rusia han quedado aislados de los mercados de capitales europeos, las empresas de energía y defensa rusas ya no serán capaces de importar equipos de alta tecnología, además de la puesta en tierra de la filial de la compañía Aeroflot. En este contexto, Rusia estaría pensado incluso el denegar el permiso para que aerolíneas occidentales pudieran sobrevolar Siberia, lo que afectaría a los vuelos con partida o destino Asia. En este conflicto, los alimentos quedan atrapados en las tensiones políticas de las grandes potencias, como una consecuencia más del contexto globalizado de la economía.

La Comisión Europea ha cifrado en 5.252 millones de euros el valor de las exportaciones europeas al mercado ruso, en 2013, correspondiente a los productos agrícolas y alimentarios vetados. Algo menos de la mitad de la cifra total de productos agrícolas que la UE exportaba a ese destino. En estas cifras se incluyen los productos ya vetados con anterioridad, caso de la carne de porcino hace tres meses, y más recientemente, las frutas y verduras de Polonia, desde el 1 de agosto.

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La decisión de Putin, tan solo en el sector hortofrutícola español, afecta a más de medio millón de personas entre productores y empleos directos

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En ese mismo periodo, España exportó a Rusia alimentos por valor de 588,4 millones de euros, lo que le sitúa como el tercer país extracomunitario que consumió más productos agroalimentarios de España, detrás de Estados Unidos y China. Esta cifra representa el 6,5% del total de las salidas de alimentos españoles a países terceros, que en 2013 alcanzaron los 9.036 millones de euros. Si nos referimos exclusivamente a los productos vetados, la ministra Isabel García Tejerina ha fijado el valor del intercambio comercial con Moscú en 338 millones de euros, equivalente al 3,7% de las exportaciones españolas a países fuera de la Unión Europea, y el 1,8 % sobre el volumen económico total afectado por los 28 socios comunitarios.

Las cifras como siempre, hay que interpretarlas. Vistos los números del caso que nos aqueja, puede que una primera impresión es que el tema no es tan grave como parece. Ni en valor absoluto, ni tampoco en porcentajes, se alcanzan las cifras espectaculares que pueden poner encima de la mesa otros sectores que también actúan en el mercado soviético. Nada más lejos de la realidad. La decisión de Putin, tan solo en el sector hortofrutícola español, afecta a más de medio millón de personas entre productores y empleos directos. A eso hay que añadirle los afectados del resto de sectores vetados. Por tanto, quien tenga la tentación de entender que España no sale perjudicada de este envite, está sentando las bases para no resolver un problema de extraordinaria magnitud.

El sector agroalimentario es el que mejor se está comportando en este periodo de crisis económica. Es el que más ha tirado del sector exterior y, por tanto, está siendo uno de los abanderados de la recuperación. Su esfuerzo por conquistar nuevos mercados es constante, siendo una de las líneas estratégicas de su actuación. Tan solo el sector citrícola, en esta última campaña ha llegado a 65 países fuera de la Unión Europea. Por tanto, proponer desde instancias administrativas comunitarias buscar nuevos mercados como solución al cierre del mercado ruso se antoja una solución pueril. La conquista de nuevos mercados no se improvisa, ni es cuestión de un día para otro.

Por el contrario, los países mediterráneos competidores directos del sector español de las frutas y hortalizas tienen una oportunidad de oro para posicionarse en un mercado con un potencial extraordinario de presente y de futuro.

El efecto de la decisión de Vladimir Putin supondrá unas pérdidas económicas, no ya en esta campaña, si no en los próximos ejercicios.

Un mercado cuesta muchos años ganarlo, mientras que se puede perder en un momento. Por el contrario, el tonelaje que en principio debería digerir el mercado ruso, ahora supondrá un excedente de difícil asunción en otros destinos, especialmente en el contexto comunitario. En un sector de márgenes tan ajustado, consecuencia de la sobreoferta existente en condiciones normales, cualquier presión adicional genera un desequilibrio exponencial.

Entre las soluciones propuestas llama la atención la formulada por el embajador polaco en Estados Unidos, Ryszard Schnepf, que ha pedido a Washington que abra su mercado a las manzanas polacas para disminuir el efecto de las sanciones rusas. Propuestas como éstas, en el contexto actual, más parecen un brindis al sol. Como también lo sería el hecho de reconsiderar la política aperturista, en especial en nuestro sector, llevada a cabo por la Comisión Europea. Paradojas de la vida, Moscú nos veta, y deja su mercado en bandeja a nuestros competidores directos, mientras, Bruselas también les pone la alfombra roja en un momento muy difícil para los productores comunitarios. Así, ante la gravedad de lo que se avecina, las soluciones deben de ser de calado y continuadas en el tiempo. En este caso, es difícil esgrimir desde Bruselas la legitimidad internacional acordada en la Organización Mundial del Comercio. El veto ruso no se sostiene en este foro. El Fondo de Gestión de Crisis, contemplado en la última reforma de la PAC es asumible como instrumento en el plano teórico, pues goza de un presupuesto ínfimo. De agotarse totalmente el presupuesto de este fondo en el sector de las frutas y hortalizas, y que se detraería del “pago único” del total de sectores, cada agricultor podría percibir 0,17 euros/kg como valor medio. Recodar que en aplicación del convenio vigente, recolectar un kilo de cítricos cuesta del orden de 0,2 euros/kg.

El veto es, en principio por un año; las instituciones comunitarias al más alto nivel, todavía no se han desperezado de las vacaciones, estando además inmersas en un proceso de cambio institucional; las propuestas formuladas en este mes de agosto no van más allá de parchear la crisis de precios de la fruta de verano existente antes del veto; las medidas propuestas a fecha de hoy son tibias e insuficientes. Todavía está en nuestro recuerdo la actitud de Bruselas con los productores de frutas y hortalizas en la crisis alimentaria alemana de 2011. En aquella ocasión se nos dejó en la estacada de la peor manera. Si volviera a pasar lo mismo, además de una dejación de funciones, se habría perdido una ocasión inmejorable de presentar el proyecto social, económico y político de la Unión Europea al nivel de las grandes potencias del continente.

Información publicada en la edición impresa de Valencia Fruits del 26 de agosto.
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