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Por Cirilo Arnandis

Cuando parecía que en el plano internacional ya nada más le podría pasar al sector de los cítricos, un nuevo sobresalto nos vuelve a sacudir con los aranceles anunciados por EEUU

cítricos

Hay tiempo hasta el 18 de octubre para intentar buscar soluciones. / Archivo

Cuando parecía que en el plano internacional ya nada más le podría pasar al sector de los cítricos, pues creíamos que tras lo acontecido con el acuerdo entre la Unión Europea y Mercosur, todas las ventajas a nuestros competidores estaban ya dadas, un nuevo sobresalto nos vuelve a sacudir para ponernos nuevamente en alerta. En esta ocasión se trata de la lista de productos anunciados desde Washington, y que de no mediar solución, serán gravados con un arancel adicional del 25%. Un peldaño más en las dificultades existentes en el agresivo mercado norteamericano, y cuyo principal exponente es el exigente protocolo en cumplimiento del acuerdo bilateral.

Para entender lo sucedido hay que remontarse hasta el año 2004. Entonces, Estados Unidos denunció a la Unión Europea ante la Organización Mundial del Comercio, la OMC, al considerar que Europa había concedido ayudas al consorcio Airbus contrarias a la normas de este organismo. De igual modo, Bruselas también denunció ante la OMC los subsidios concedidos por Washington al equivalente norteamericano, en este caso la Boeing. Mientras, las dos Administraciones publicaban listas de productos susceptibles de podérseles aplicar aranceles, a la espera de la decisión final que pudiera adoptar la OMC en este tema.

El pasado día 2 de octubre, un árbitro de la OMC emitió su decisión en relación con el nivel de contramedidas que los Estados Unidos pueden solicitar a la Unión Europea. El fallo final, viene a decir que los Estados Unidos pueden tomar contramedidas contra Europa en un nivel que no exceda la cantidad de 7.496,6 millones de dólares. En este mismo escenario está previsto un fallo similar, dentro de unos pocos meses, por la denuncia interpuesta en el caso de Boeing, por lo que Europa también podrá hacer efectiva otra lista de productos gravados con aranceles adicionales.

La lista de productos nominados presentada por el señor Trump contempla una variedad singular de productos, discriminados por países, centrando su atención en aquellos socios comunitarios que conforman el consorcio Airbus, caso de Reino Unido, Alemania, Francia y España. Solo así se entiende, por ejemplo que sí esté gravado el aceite de oliva procedente de España, y no el procedente de Italia. Pero el hecho cierto es que, el grueso de productos susceptibles de ser gravados con un arancel adicional del 25%, son artículos en su gran mayoría del sector agroalimentario. A fin de cuentas, Europa es el principal suministrador en el comercio mundial. Productos agrarios como la carne congelada de porcino, el aceite de oliva, vinos, queso, y como no, los cítricos, donde se salva el pomelo, forman parte de la fatídica lista.

La primera valoración de todo este embrollo es qué pintamos los agricultores y los operadores de un sector, como el agroalimentario, en un conflicto suscitado en el entorno del sector aeronáutico. Si es cierto que Estados Unidos y la Unión Europea han subvencionado de modo inadecuado a sus respectivas empresa, Boeing y Airbus, lo lógico es que la solución se arbitre en el seno de este sector, sin implicar a otros colectivos que nada tenemos que ver con el litigio. Y es que todavía está reciente la decisión de Vladimir Putin de cerrar el mercado ruso a las importaciones de frutas y hortalizas de la Unión Europea consecuencia de la guerra de Crimea.

El impacto de la medida, de llevarse a cabo finalmente, se ha estimado en una primera aproximación en 1.000 millones de euros en el caso del sector agroalimentario español. Es cierto que los cítricos no es el producto más perjudicado en relación con otros, pero sí que sirve para firmar su acta de defunción en aquel mercado que ha costado mucho en abrir, y cuyos réditos los recibirán ahora nuestros competidores. Coste no solo a la hora de abrir y consolidar un nuevo mercado, si no también burocrático a la hora de tener que asumir el contenido del protocolo de exportación que exige el gobierno norteamericano. Como ya se ha denunciado en reiteradas ocasiones, el protocolo exigido por Estados Unidos dista mucho de la posición que está ofreciendo Bruselas a la importación de cítricos procedentes de Sudáfrica, o recientemente con la firma del tratado de Mercosur.

En el caso concreto de los cítricos, sus cifras de exportación a Estados Unidos de la última campaña alcanzan las 9.000 Tm para mandarinas y las 7.000 Tm para limones. El valor conjunto de estas exportaciones alcanza la cifra de 15 millones de euros. Atrás quedan las campañas en las que se exportaron hasta 80.000 Tm de mandarinas. El injusto cierre cautelar de las exportaciones españolas, un exigente protocolo con el tratamiento en frío como bandera, así como la posibilidad de presentar ofertas hasta un 20% más baratos como es el caso de Marruecos, en base a su contexto socioeconómico y político, han hecho que la presencia española en el mercado norteamericano tenga una tendencia decreciente. Caso distinto al que ocurre en el caso del limón, donde las cifras han crecido en los últimos años consecuencia de su protocolo diferenciado y del impacto que el “greening” ha tenido en las explotaciones de Florida.

Cuando al sector citrícola español se le exige que diversifique sus destinos a la vista de la creciente llegada de mercancía procedente de países terceros a Europa, lo cierto es que mercados tan significativos como el ruso está cerrado, y un gran escaparate como el mercado norteamericano puede quedar cerrado. El incremento de aranceles a los cítricos españoles supondría un coste adicional que abriría más la brecha entre la diferencia de costes con competidores tan directos como es el caso de Marruecos. La consecuencia inmediata es la imposibilidad de poder competir en un mercado esencial para demostrar el potencial y las posibilidades de cualquier sector. Al final de todo, y por distintas razones todas ajenas al sector, no deja de ser curioso que el principal exportador mundial de cítricos no pueda acudir el mercado ruso ni al norteamericano.

¿Y qué va a pasar ahora? Lo cierto es que el escenario está plagado de circunstancias que dificultan cualquier solución favorable. Desde la parte norteamericana, Donald Trump tiene abierta una guerra comercial en toda regla, por lo que los aranceles a Europa le vienen al pelo. Además, una posición de firmeza no deja de ser un bálsamo en su proceso de “impeachment”, y sobre todo cara a su posible reelección en las elecciones presidenciales norteamericanas en 2020. En el caso europeo, estamos en pleno cambio de los Comisarios, y el Parlamento Europea está recién constituido. Por demás, el señor Boris Johnson y el “Brexit”, nos tiene bastante ocupados. En España, estamos con un gobierno en funciones a la espera del resultado de las urnas de las próximas elecciones del día 10 de noviembre. Lo bueno es que más allá de las personas que circunstancialmente ocupan los cargos, las instituciones permanecen.

Y entre tanto, ¿cuáles son los siguientes pasos? Estados Unidos debe solicitar una autorización formal a la OMC para aplicar la lista de productos y los aranceles anunciados, para ser ratificada. Esta confirmación tendrá lugar el próximo día 18 de octubre, fecha en la que entrarían en vigor la lista. Entre tanto Bruselas está elaborando su estrategia, ya sea la de contraatacar con más aranceles, o la de negociar y pactar un escenario más sensato. Hasta el día 18 de octubre cabe todo, incluso aunque parezca paradójico, aplicar el sentido común, pues una guerra comercial, puede que genere algunas rentas políticas en el corto plazo pero en nada sirven para potenciar el comercio y generar riqueza.

Si una cosa está clara, es que la Administración norteamericana tan solo dará su brazo a torcer en el caso que los socios de la Unión Europea se presenten unidos y sin fisuras. Esta es una prueba de fuego para Bruselas, acostumbrada al buenismo con los países terceros que quieren acudir al mercado europeo. Esta, además, es una buena ocasión para hacer pensar a Boris Johnson dónde se está mejor, si dentro o fuera de Europa. Entre tanto, todas las manifestaciones políticas pasan por tensar la cuerda, cuando no se trata de bravuconadas, seguro que en un intento de consolidar una buena posición al inicio de un periodo negociador.

Al menos eso es lo que deseo, y no es otra cosa que prime el sentido común antes del día 18 de octubre.

(*) Cirilo Arnandis es presidente Frutas y Hortalizas Cooperatives Agro-alimentàries

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