La investigación en postcosecha pasa por el uso de tecnologías sostenibles

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VALENCIA FRUITS. REDACCIÓN.

Los avances en investigación e innovación en postcosecha se centran en llegar al consumidor con los mayores estándares de calidad y seguridad alimentaria y en el uso de tratamientos sostenibles

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El reto de la tecnología postcosecha es conseguir que el producto llegue al consumidor con calidad similar al del momento de la recolección. / Archivo

Los avances en investigación e innovación en postcosecha hortofrutícola en España se centran en la actualidad en el uso de tecnologías sostenibles y tecnologías rápidas, sin dejar de lado los avances de un aspecto con gran orientación a un consumidor final cada vez más exigente e informado: la IV y V gama.

Los retos que se plantean en la investigación y tecnologías postcosecha están enfocados hacia lograr que el producto llegue al consumidor con los mayores estándares de calidad, y el uso de tratamientos y técnicas sostenibles, que no supongan un incremento del precio final y con criterios de seguridad alimentaria.

España es el primer exportador de frutas y hortalizas frescas de la Unión Europea. Las necesidades del sector se centran en incrementar el consumo, que ha disminuido en los últimos años; alargar la vida útil del producto para llegar a nuevos mercados, como por ejemplo los destinos asiáticos, en los que el tránsito marítimo se prolonga desde Europa durante varias semanas; preservar la calidad, sabor y aromas; y cultivos resistentes a plagas, podredumbres y otras patologías.

El éxito de la exportación se basa “en la segregación del producto para que llegue en buenas condiciones según su destino, de las demandas de los consumidores, las preferencias del mercado occidental no son las mismas que las del mercado oriental; la tecnología de conservación y envasado en el transporte; y la diferenciación del producto”, según el profesor de la Pontificia Universidad Católica de Chile, Juan Pablo Zoffoliç. En este sentido, los intermediarios desempeñan un papel fundamental y deben conocer las características del producto que venden.

Tecnologías sostenibles

Uno de los aspectos que hay que tener en cuenta son las pérdidas en cantidad y calidad que se producen entre la recolección y el consumo de frutas y hortalizas frescas. Se estima entre el 5% y el 25% en países desarrollados y del 20% al 50% en países en desarrollo, dependiendo del producto, la variedad y las condiciones de manipulado.

El reto de la tecnología postcosecha es conseguir que el producto llegue al consumidor con calidad similar al del momento de la recolección y, si es posible, con mejores características organolépticas. Del mismo modo, expertos como Daniel Valero, profesor de la Universidad Miguel Hernández (Orihuela), señalan que es necesario el uso de tratamientos y técnicas sostenibles, desde el punto de vista económico y del medio ambiente, no destructivas, que reduzcan las pérdidas, y que se fundamenten en criterios de seguridad alimentaria.

Otros expertos señalan que necesario avanzar en tecnologías alternativas que cumplan estos requisitos. Como ejemplo, Valero y Francisco Artés (Universidad Politécnica de Cartagena) llaman la atención sobre el estudio de la radiación ultravioleta y su efecto en la desinfección, eliminación de microorganismos y en el incremento del contenido de compuestos bioactivos del producto; así como la eficacia de los recubrimientos comestibles para alargar la vida útil frente al uso de materiales plásticos.

Como ejemplo, en los últimos años también se están realizando trabajos sobre la aplicación de extractos fenólicos naturales de vegetales para mejorar la conservación; recubrimientos comestibles; y la utilización de envases activos con efecto antimicrobiano con semillas de mostaza negra y otros compuestos vegetales.

Tecnologías rápidas

En el uso de las tecnologías rápidas, destaca un proyecto del profesor Ángel Medina (Universidad de Cranfield, Inglaterra), que trata del desarrollo de un sistema, basado en sensores fotónicos no invasivos, para detectar, en condiciones reales de trabajo de las centrales hortofrutícolas, problemas de podredumbre antes de su aparición. Entre otras ventajas, permite separar las partidas de frutas y hortalizas para evitar la expansión de la contaminación, facilita la toma de decisiones para dar salida al producto y su venta; y reduce las pérdidas. El sistema, en desarrollo, se basa en el uso de compuestos volátiles como biomarcadores de infección fúngica.

IV y V gama

Los expertos apuntan que España también está bien posicionada en el procesado de hortalizas y frutas frescas. El trabajo en el de área de IV y V gama se orienta a la demanda de los consumidores, interesados en alimentos naturales, mínimamente procesados, saludables y con un etiquetado limpio con ausencia de aditivos.