Ruido, pero también nueces

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Por Cirilo Arnandis (*)

Las grandes decisiones en agricultura pasan por Bruselas, siendo cuestiones ineludibles para la Comisión, defender la seguridad y el futuro de las producciones comunitarias, garantizar la reciprocidad frente a terceros países y colocar a la agricultura en el centro de su agenda política

cítricos

Imagen del Grupo de Diálogo Civil de Agricultura, foro oficial que analiza con la Comisión Europea todos los aspectos relevantes del sector agrario. / CAE

Ninguna campaña es igual. Eso es lo que dicen los más viejos del lugar cuando, con el paso del tiempo, echan la vista tras para recordar lo acontecido en toda una vida dedicada al sector. Salir de la rutina no deja de ser un aliciente y un valor atractivo para quienes nos dedicamos a esto de los cítricos, pero el hecho diferencial deja de tener aliciente cuando lo que acontece son malas noticias, y peor todavía, cuando las malas noticias vienen demasiado seguidas. Esta campaña es mala para el productor, lo cual no dejaría de ser algo asumible dentro de una alternancia de buenos, y no tan buenos resultados, que permitan generar un balance global positivo.

Otro elemento novedoso en estos momentos es que el campo está ya diciendo basta. La estructura actual de este negocio se sustenta sobre la capacidad de resistencia del productor. El precio final se decide en destino, todos los eslabones perciben su beneficio, y lo que queda, si queda, para el productor. El hartazgo, y este es otro elemento noticiable, se está percibiendo más allá del propio sector. Los medios de comunicación se están haciendo eco de ello, las distintas administraciones también, manifestaciones ya ha habido varias, y los movimientos sociales están adquiriendo cada vez más visibilidad ayudados en gran parte por las redes sociales. Finalmente, el hecho de estar en contexto electoral, hace que al menos hasta el 26 de mayo, día de las elecciones europeas, se suscite el interés de todas las fuerzas políticas. No faltamos a la realidad al decir, de todas sin excepción.

La problemática del sector es percibida, ahora, por todo tipo de clases sociales, lo cual debe de entenderse como un logro del sector que debe ser bien gestionado. En este contexto, empezar a buscar culpables y repartir reproches no es una actitud inteligente. Más bien, todo lo contrario, se trata de buscar soluciones. Más que demonizar a los distintos eslabones de la cadena, y presentar al productor como la víctima de todo lo que ocurre, mejor será ser proactivo y ver cómo se puede remontar el vuelo. Cada actor de la cadena cumple su papel y su función, y lo que hay que conseguir es, que quienes tienen la capacidad de legislar, lo hagan en el sentido que cada participante en este negocio lo haga de manera eficiente, individual y colectivamente. Nada que se base sobre pérdidas tiene un buen futuro.

Con ello no quiero señalar tan solo a los políticos, pues el sector debe de ser consciente que los tiempos cambian, y que van a cambiar cada vez más deprisa, por lo que las respuestas a los cambios deberán de ser más dinámicas, quedando ya poco espacio a la nostalgia. Pero también en la misma medida, como ya se ha indicado, la política debe de asumir su parte de responsabilidad y contribuir a generar un escenario, cuanto menos lógico y sostenible. Las grandes decisiones en agricultura pasan por Bruselas, siendo cuestiones ineludibles para la Comisión, defender la seguridad y el futuro de las producciones comunitarias, garantizar la reciprocidad frente a terceros países y colocar a la agricultura en el centro de su agenda política.

Este es el mensaje que las cooperativas expresamos en los foros donde se deben de decir las cosas. Este es el mensaje que tuve ocasión de manifestar, en mi condición de presidente del consejo sectorial de frutas y hortalizas de Cooperativas Agro-alimentarias de España, en las instituciones comunitarias la semana pasada. El Grupo de Diálogo Civil de Agricultura, foro oficial que analiza con la Comisión Europea todos los aspectos relevantes del sector, y el Grupo de Trabajo del COPA-COGECA, entidad que presenta a los agricultores y las cooperativas de la Unión Europea, fueron, en esta ocasión, las convocatorias más relevantes de participación del sector cooperativo.

Conseguir logros pasa por que el mensaje, a la hora de exponer la gravísima situación de mercado de los citricultores, en la que probablemente esté siendo la peor campaña de la historia, sea unitario. Como unitario y coherente debe ser el mensaje a la hora de reivindicar soluciones, entre las que se encuentran sin duda, un nuevo enfoque a la vista del perjuicio que causan las políticas comerciales puestas en prácticas desde Bruselas en relación con el acceso de frutas y hortalizas procedentes de países terceros. Estas políticas deben basarse en el principio de reciprocidad, para propiciar que el producto importado compita en las mismas condiciones que el europeo. En las exigencias a las que somos sometidos a la hora de acudir nosotros fuera de la frontera comunitaria podemos tener una buena fuente de inspiración.

No considerar los estándares de calidad y normativa en materia medioambiental y social que se exige en Europa, en contraposición, no ya con la normativa, sino con la realidad existente en los países terceros competidores, conlleva de modo directo a un claro desequilibrio en las condiciones de competencia, además de poner en riesgo las producciones europeas, y generar, en última instancia, un engaño a los consumidores. En este sentido, el sector está a la espera de conocer el contenido del estudio de evaluación del Acuerdo de la UE con la Comunidad de Estados de África del Sur, que la Comisión debería presentar este año.

Este estudio, y de modo especial lo que acontece con Sudáfrica, tendría que haberse realizado antes de la firma del acuerdo, tal y como reclamó el sector en numerosas ocasiones, y que debería de haber servido para demostrar el verdadero impacto del acuerdo. Acuerdo negociado a espaldas a los citricultores europeos, que quizás beneficie a otros sectores económicos, pero que es tremendamente perjudicial para el sector agrario. Uno de los argumentos utilizado por Bruselas en su política de puertas abiertas, ha sido los beneficios sociales que se derivan para las capas sociales menos favorecidas de aquellos países. No cabe duda que uno de los puntos más interesantes de este estudio será conocer los efectos positivos adicionales generados sobre la población local. De no haber avances en este punto tan importante, no habrá excusa para no replantearse nuevas condiciones del acuerdo.

Conviene reiterar una vez más, y las veces que sean necesarias, que no estamos pidiendo barreras al comercio que nos den ventaja competitiva alguna. Ni siquiera hablamos de aranceles. Ello, pese que el 83,8 % de las importaciones de naranjas procedentes de Sudáfrica, en el año 2018, han entrado en Europa en el periodo en el que el arancel es cero (junio hasta 15 octubre), mientras que 16,1% lo ha sido en el periodo de arancel reducido fruto del acuerdo (15 octubre hasta 30 noviembre). Que cada uno saque sus propias conclusiones, y que nos digan que no hay solapamiento. Lo que exigimos, en esencia, es reciprocidad, y garantías de que no existe riesgo de contagio de nuevas plagas que podrían acabar con nuestras plantaciones.

Algo puede estar empezando a cambiar en Bruselas, pues estos mismos argumentos, a la vista de lo escrito en medios de comunicación, es lo que han venido reflejando sobre acontecido en la cumbre citrícola del sector sudafricano, a la que ya nos referimos en el artículo anterior. Así, el representante del sector de aquel país en Bruselas habría declarado en ese foro que la Comisión Europea no se opone al comercio con Sudáfrica, pero y que en este momento no existe consenso suficiente entre los todavía 28 socios comunitarios como para proponer cambios en el status actual. Alguna ventaja nos tenía que reportar el Brexit, ya que el Reino Unido es el gran valedor de los sudafricanos. De igual modo, y aludiendo al caso de la Xylella, Bruselas habría puesto sobre la mesa que en estos momentos, Europa no puede verse comprometida con la seguridad alimentaria y la salud de las plantas.

Pese a la capitalización del tema sudafricano, otro tema que estamos siguiendo con gran interés, y que se ha abordado en las reuniones mantenidas en Bruselas, son las deliberaciones de la UE con Mercosur. De firmarse en los actuales términos las consecuencias que podría tener para el sector español afectaría de lleno a las importaciones de zumo de naranja, que entraría libres en Europa. Es por ello que hay que estar atentos a todo un sinfín de cuestiones que Bruselas va trabajando y avanzando, y del que el sector debe estar atento y posicionarse.

Si bien, en ciertos momentos, son inevitables las manifestaciones, e incluso en ocasiones más que justificables, lo es más un adecuado análisis, un correcto diagnóstico y una eficiente estrategia de actuación en los lugares donde se toman las decisiones. Las organizaciones de productores damos cuentas a los socios, que son los propietarios de la empresa, todos los años de la labor comercial, y de los resultados económicos, con total transparencia. En el ámbito de la representación política, también nos medirán por los logros obtenidos.

(*) Cirilo Arnandis es presidente Frutas y Hortalizas Cooperatives Agro-alimentàries