La cara positiva de las lluvias

A pesar de los daños causados por el temporal en numerosos cultivos y comarcas agrícolas, las precipitaciones han supuesto un alivio para otras zonas y han mejorado la situación de los recursos hídricos

La fruta de hueso, también en reposo vegetativo, que se está beneficiando de la recarga de humedad del suelo. / ARCHIVO

Julia Luz. Redacción.

Las diferentes borrascas que han pasado por la geografía española dejando intensas lluvias, fuertes vientos e inundaciones han vuelto a poner de manifiesto el impacto desigual del clima en el campo español. Mientras en muchas comarcas agrícolas se han contabilizado daños importantes en cultivos e infraestructuras agrarias, en otras zonas productoras el agua caída ha sido recibida como un auténtico alivio. En un contexto de sequía y déficit hídrico, las precipitaciones han contribuido a mejorar la humedad del suelo, favorecer el desarrollo de cultivos en parada vegetativa y recargar acuíferos estratégicos para la agricultura, evidenciando así la cara positiva de la lluvia cuando llega en el momento y la forma adecuados.

En Castilla-La Mancha, las abundantes lluvias de las últimas semanas están teniendo un efecto beneficioso sobre cultivos leñosos como el almendro y el pistacho, que se encuentran actualmente en parada vegetativa. El agua acumulada en el suelo permitirá afrontar la próxima brotación con mayores garantías hídricas. En una situación similar se encuentra la fruta de hueso, también en reposo vegetativo, que se está beneficiando de la recarga de humedad del suelo sin que, por el momento, se hayan registrado incidencias de consideración.

En el caso de los cultivos de melón y sandía, aunque todavía queda margen para la siembra y la plantación, las lluvias están facilitando una adecuada preparación del terreno de cara a las próximas campañas agrícolas. Por su parte, los cultivos herbáceos presentan una evolución favorable, ya que las siembras estaban prácticamente finalizadas cuando comenzaron las lluvias de enero y febrero, con la excepción de algunas zonas más elevadas del norte de la región. El cultivo del ajo también muestra una evolución positiva, si bien las precipitaciones están dificultando el acceso a las parcelas y retrasando la aplicación de determinados tratamientos fitosanitarios.

Más al sur, las lluvias están asegurando la recarga del acuífero de Almuñécar (Granada), una infraestructura hídrica que abastece a buena parte de las producciones de cultivos subtropicales de la Costa Tropical granadina. Según los datos de la estación agroclimática de la depuradora de Río Verde, entre el 1 de enero y el 8 de febrero de 2026 se han superado los 350 litros por metro cuadrado, “más de lo que llovió en seis de los últimos diez años”, según ha explicado el concejal de Agricultura del Ayuntamiento de Almuñécar e ingeniero agrónomo, Carlos Ferrón.

Ferrón ha subrayado que la recarga del acuífero ha sido una de las principales luchas de agricultores, comunidades de regantes y representantes municipales durante la última década para evitar su salinización. En este sentido, ha recordado que el efecto de las lluvias no es inmediato, ya que “el agua que ha caído estas semanas no llegará al acuífero de forma directa, sino a lo largo del próximo mes, dado que la recarga es un proceso lento”.

Daños en el olivar

En el caso del olivar, las lluvias registradas en Castilla-La Mancha están provocando retrasos en la recolección de la aceituna, con impactos directos en la campaña de aceite. Según ha informado Cooperativas Agroalimentarias, este sector es uno de los más perjudicados por las precipitaciones, que han llegado en un momento crítico de la cosecha.

La continuidad de las lluvias está obligando a cuadrillas y cooperativas a interrumpir repetidamente las labores de recolección desde el pasado mes de diciembre, dificultando el acceso a muchas parcelas y ralentizando el ritmo de trabajo. Como consecuencia, la aceituna se está recolectando en condiciones menos óptimas de lo habitual, lo que podría afectar tanto al volumen final de producción como a la rentabilidad de la campaña.

Las primeras estimaciones del sector apuntan a que la cosecha regional y nacional podría situarse por debajo de las previsiones iniciales, con un impacto económico negativo para agricultores y cooperativas

Las primeras estimaciones del sector apuntan a que la cosecha regional y nacional podría situarse por debajo de las previsiones iniciales, con un impacto económico negativo para agricultores y cooperativas. A esta situación se suma el incremento de costes y los parones forzosos, que obligan a ajustar estrategias de gestión y planificación para minimizar las pérdidas y garantizar la calidad del aceite de oliva producido.