Entrevista al Presidente de Asaja Alicante, José Vicente Andreu

José Vicente Andreu destaca que el limón de industria ha marcado valores históricos, alcanzando los 45-46 céntimos/kg. / ASAJA ALICANTE
Raquel Fuertes. Redacción.
La campaña de limón se iniciaba con una previsión de aforos a la baja después de un año donde la baja producción lastró la rentabilidad del sector. Los pronósticos se han cumplido, pero con una diferencia notable: la calidad del producto y su escasez ha provocado un incremento del precio medio que, como relata José Vicente Andreu, va a generar rentabilidades muy interesantes. “Este año es un año de respiro, de curar heridas”, afirma mientras pone el foco en un futuro que pasa por la premisa incuestionable de la calidad.
Valencia Fruits. Estamos a escasas semanas de finalizar la campaña de Fino. ¿Cuál es el balance? ¿Se han cumplido las previsiones de aforos publicadas el verano pasado?
José Vicente Andreu. Estamos prácticamente en el cierre que será en torno a los primeros diez días de marzo. La reducción de producción ha sido la prevista en los aforos, alrededor del 15-17%. En ese sentido, las previsiones fueron acertadas. Sin embargo, la exportación apenas ha bajado un 2%. Esto se explica porque el aprovechamiento de la fruta está siendo notable. La calidad este año ha sido excepcionalmente buena. No ha habido pedrisco, ni heladas, ni incidencias climáticas graves hasta la llegada de las borrascas que han afectado al limón por viento. Por otra parte, hemos superado los problemas de plagas que tanto daño hicieron la campaña anterior.
La exportación se va a cerrar prácticamente en niveles similares a los del año pasado, pese a la menor producción.
VF. ¿Dónde se ha notado entonces la merma?
JVA. En el limón destinado a industria. Ahí la caída ha sido muy importante, en torno al 40% respecto a la campaña anterior. Lo relevante es que, ante la escasa oferta, la industria ha tenido que subir precios. Se han alcanzado valores históricos de 45-46 céntimos/kg para limón de industria. Algo nunca visto. Hace dos años estaban pagando apenas 1 céntimo y terminaron por dejar el producto en campo.
Lo habitual es que la industria pague 10,12,14 céntimos/kg, es decir, apenas el coste de recolección. Este año ha coincidido, además, con una merma productiva en Argentina, gran productor de limón para zumo. El mercado del zumo está fuerte en demanda y la ley de la oferta y la demanda ha marcado el comportamiento y esa alza de los precios.
VF. ¿Y en fresco se han comportado igual los precios?
JVA. En fresco la subida ha sido mucho más moderada, quizá algún céntimo respecto a la campaña anterior. La diferencia es que si en un año normal el 25-28% del limón termina en industria, este año ese porcentaje ha bajado al 12-15%. Al haber mayor aprovechamiento comercial, el precio medio mejora ligeramente, pero sin que eso implique incrementos espectaculares en el fresco. La rentabilidad este año la está dando el precio en campo. El subproducto se está pagando a precios que no se conocían.
VF. ¿Entonces está resultando una campaña rentable para el agricultor?
JVA. Sí. La merma del 15-16% de producción se ha compensado ampliamente con el precio. El agricultor está cobrando de media entre 55 y 60 céntimos/kg, a todo limón, incluyendo tanto el limón comercializado en fresco como el destinado a industria.
El año pasado estábamos entre 40 y 45 céntimos/kg. Estamos hablando de un incremento de precio cercano al 40-50%. Si pierdes un 15% de producción pero subes ese porcentaje en precio, los ingresos por hectárea mejoran respecto al año anterior.
VF. ¿Qué perspectivas hay para el Verna?
JVA. El Verna es ahora mismo una incógnita muy preocupante. En campo ya se están pagando precios en torno a 1 euro/kg, pero cuando multiplicas por una producción muy baja es difícil que haya rentabilidad para el agricultor. No se ha dado una estimación de merma desde la interprofesional. Las áreas productoras de Verna están muy afectadas.
Hay que entender que la variedad es complicada para el cuajado. Había buena floración, pero se fue al suelo prácticamente toda. El mes de mayo, por ejemplo, es crítico para el Verna: el exceso de lluvia provoca caída de fruto. Además, la incidencia del Prays hace mucho daño.
En algunas fincas prácticamente no hay cosecha. Puedo hablar de mi caso personal. Estoy en la zona de campo, en la zona del trasvase Tajo-Segura, donde una producción normal sería de 550.000-600.000 kg, no voy a llegar a 100.000 kg. En el regadío tradicional de la Vega la situación es algo mejor, hay mejores condiciones para este cultivo, pero también hay una merma importante.
Se van a ver precios muy altos. Se prevé que la campaña comience pronto, en abril, y dicen que hacia el 15 de mayo estará prácticamente terminada. Hay refloraciones y segundas floraciones que tendrán cierta salida comercial. También hay Rodrejo que este año saldrá al mercado en verano.
VF. ¿Hacia dónde va el limón español tras estas dos últimas campañas tan cortas después de la superproducción de la que veníamos?
JVA. Vivimos en un contexto muy globalizado. Venimos de dos campañas muy diferentes. En 2023-2024 se produjo una producción anormalmente alta en España, Turquía y Sudáfrica. Fue una debacle. España tiene capacidad comercial para 1,2-1,25 millones de toneladas entre fresco e industria. Ese año se superaron probablemente los 1,5-1,6 millones de toneladas y se quedó mucha fruta en el campo. ¿Puede repetirse? A corto plazo no parece probable.
Actualmente, se están arrancando plantaciones de limoneros. La hortaliza —brócoli, apio, lechugas y otras— está ganando terreno al limón en las zonas productoras por cuestiones de rentabilidad. Además, existe un problema serio de relevo generacional. Muchos agricultores mayores alquilan sus fincas de ciertas dimensiones y con garantía de agua a empresas de hortalizas. Hortalizas y limón compiten por las mismas zonas productoras.
Además, la inseguridad hídrica también afecta, especialmente en el área del trasvase Tajo-Segura, donde el limonero es uno de los cultivos más damnificados. Las lluvias que hemos tenido hacen que la previsión hasta incluso a dos años vista sea buena, pero luego queda la incertidumbre.
Estamos en torno a 50.000 hectáreas en España y el limón es un cultivo muy variable en producción. El futuro es incierto, no podría determinar lo que puede ocurrir dentro de dos o tres años, lo que sí tengo claro es que hay que apostar por la investigación de nuevas variedades y patrones.
VF. ¿Y qué ocurre con el limón de otros países? ¿Cómo influyen Turquía, o Argentina en los flujos comerciales?
JVA. Turquía, competidor directo en Europa en nuestra campaña de invierno, sufrió una fuerte helada el año pasado que dejó prácticamente sin exportación y ha vuelto a sufrir otra. Esto puede generar una buena oportunidad comercial para España a corto plazo.
En cuanto a Argentina, es importante que mantenga su actividad exportadora (en torno a 150.000 toneladas hacia Europa el año pasado), ya que permite a los operadores españoles cumplir sus programas y mantener suministro continuo a supermercados.
VF. ¿Cómo ayuda el tener una interprofesional en años como estos?
JVA. Milagros no se pueden hacer. Pero la interprofesional está haciendo bien el trabajo en coordinar lo que respecta a la relación con las importaciones de terceros países, de tal manera que no haya un cuello de botella en nuestro inicio o fin de campaña para hacerlo de forma ordenada. Sin embargo, en campañas complicadas hemos echado en falta un mayor compromiso de la interprofesional con los productores.
VF. Las importaciones también conllevan riesgos fitosanitarios y de sanidad vegetal, con grandes diferencias según el puerto de entrada…
JVA. En el puerto de Cartagena se realizan controles exhaustivos, especialmente por mancha negra, en las importaciones de los operadores nacionales para mantener el servicio a sus clientes y complementar sus producciones. Sin embargo, cuando la mercancía entra vía Rotterdam el control es mucho menor o inexistente.
Sudáfrica prefiere operar vía Rotterdam, donde no tiene problemas en los desembarcos, aunque no cumpla siquiera con el tratamiento en frío de la naranja. Argentina se recuperó el año pasado y creo que eso es bueno para nuestro limón para que, como comentaba, los operadores puedan completar sus programas con los supermercados. Del mismo modo, los controles fitosanitarios se hacen en Cartagena, en Valencia, por lo que solicitamos la unificación de criterios en toda la Unión Europea y mayor control en todos los puertos.
Pero con Sudáfrica no lo conseguimos. Ellos disponen de líneas y almacenes de confección, lo preparan y lo mandan; así nos quedamos fuera de la cadena de control.
VF. ¿Cómo se está comportando la demanda del limón ecológico?
JVA. La oferta de limón ecológico lleva varios años contrayéndose por falta de rentabilidad en origen. Por desgracia, la demanda sigue estancada y por bajo de los niveles de oferta. Todo ello conduce a que se siga abandonando la certificación ecológica por muchos citricultores.
VF. ¿Qué mensaje lanzaría al productor de limón en un año como este?
JVA. La agricultura actual exige fuertes inversiones. Una nueva plantación puede costar hoy en torno a 30.000 euros por hectárea en algunas zonas. En explotaciones del trasvase hay un diferencial de costes de 2.000-2.200 euros por hectárea respecto al regadío tradicional de la zona de huerta, por el coste del agua y la fertilización. Los años malos pesan más donde los costes son mayores.
Este año es un año de respiro, de curar heridas (económicas) tras campañas muy duras. El limón es un cultivo de oscilaciones. Hace dos años parecía que había que arrancar el 30%, pero no es así. Hay que seguir apostando por el sector, cuidar las plantaciones y apostar por la calidad. Esa es la estrategia fundamental.
Hay un dicho que lo resume bien: el limonero un año te quita la camisa y al siguiente te da para un traje.
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