La especialización en banana y la integración con Saint-Charles impulsan la reactivación del segundo puerto frutero del Mediterráneo
Nerea Rodriguez. Perpignan.
Durante años, el puerto de Port de Port-Vendres parecía condenado a un papel secundario en el Mediterráneo francés. Con una actividad irregular y sin un proyecto claramente definido, su peso en el sistema logístico regional se había reducido frente a otros enclaves mejor conectados y con mayor volumen. Sin embargo, 2025 ha confirmado un giro estructural. El puerto cerró el ejercicio con 366.294 toneladas de mercancías, un 23,4% más que en 2024, y consolida así una recuperación iniciada tras la reorganización de su modelo de gestión.
El punto de inflexión llegó con la entrada de la Compagnie Fruitière como accionista mayoritaria de la Compagnie Port-Vendraise, concesionaria del puerto. La estrategia no ha sido dispersa ni improvisada: especialización, regularidad en las escalas y control de la cadena logística. En otras palabras, convertir Port-Vendres en una herramienta al servicio de una operativa frutera integrada.
La banana como eje de la reactivación
Las cifras explican el movimiento. De las 345.518 toneladas de frutas y hortalizas manipuladas en 2025, 271.518 correspondieron a banana. Las escalas semanales desde África Occidental, apoyadas en la puesta en servicio de cuatro nuevos buques frigoríficos entre 2024 y 2025, han permitido concentrar cargamentos y asegurar continuidad en los flujos. A ello se ha sumado la apertura de una línea con Argelia para exportación y el desarrollo del suministro de combustible a buques, que refuerza la actividad marítima y diversifica ingresos.
Port-Vendres se presenta hoy como el segundo puerto frutero del Mediterráneo y desembarca en torno a 5.000 toneladas semanales. No compite en dimensión con los grandes puertos generalistas, pero su fortaleza reside precisamente en la especialización y en la agilidad operativa en la cadena del frío. Dispone de cuatro puestos de atraque, dos de ellos adaptados al tráfico rodado, además de terminal de contenedores y una superficie de almacenes a pie de muelle que alcanza los 18.000 metros cuadrados, de los cuales 17.000 están refrigerados y organizados en 17 células con capacidad para 10.000 palés. La infraestructura se completa con conexiones multimodales próximas —autopistas y terminales combinadas en Perpignan y Le Boulou— y con una producción anual de 130 MWh de energía solar.
El crecimiento ha tensionado la capacidad existente hasta situar el puerto prácticamente al límite. La entrega del quai Dezoums, prevista para el primer semestre de 2026, permitirá operar buques de hasta 170 metros de eslora y 8,5 metros de calado. No se trata sólo de añadir metros de muelle, sino de garantizar continuidad al modelo de crecimiento. Sin esa ampliación, el margen de desarrollo sería reducido.
Un engranaje logístico conectado a Saint-Charles
La clave estratégica, no obstante, se encuentra a apenas 25 kilómetros. La proximidad con Saint-Charles International, primer centro europeo de distribución de frutas y hortalizas importadas, convierte a Port-Vendres en una pieza complementaria dentro de un engranaje mayor. En 2025, la plataforma de Perpignan movió 1,8 millones de toneladas. El 55% de los productos procedía de España y el 35% de Marruecos, mientras que el resto llegaba desde Senegal, Mauritania, Portugal, Italia o América Latina. El 40% de esos volúmenes se reexporta principalmente hacia Alemania, Suiza e Italia.
En ese esquema, el puerto aporta la entrada marítima directa en frío y la plataforma de Saint-Charles la capacidad de almacenamiento, comercialización y redistribución continental. La integración logística refuerza la posición del sur de Francia en la cadena europea de la banana y de otros productos tropicales, en un contexto de creciente concentración empresarial.
El ejercicio 2025 también dejó cifras récord en tráfico de pasajeros, con 34 escalas de cruceros —un 61 % más que el año anterior— y 9.187 visitantes, además de un aumento en la llegada de grandes yates. Aunque esta actividad no es estructural en términos de volumen económico frente al tráfico frutero, contribuye a dinamizar la economía local y a diversificar la imagen del enclave.
La reactivación de Port-Vendres no puede interpretarse como un simple repunte coyuntural. Responde a una apuesta clara por la especialización y por la integración vertical de la cadena logística, desde la producción hasta la distribución. Tras años de pérdida de protagonismo, el puerto vuelve a situarse en el mapa europeo no como alternativa de último recurso, sino como infraestructura especializada en un sistema cada vez más organizado en torno a nodos estratégicos.
El desafío ahora será sostener el crecimiento, consolidar la ampliación prevista para 2026 y mantener la regularidad de los flujos en un mercado internacional sensible a tensiones geopolíticas y comerciales. De momento, las cifras respaldan el viraje. Port-Vendres ha dejado de mirar al pasado y vuelve a proyectarse hacia el Mediterráneo con un papel definido.
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