Asumida como norma la gestión integrada de plagas

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En España, el nuevo plan de acción nacional 2023-2024 sobre el uso sostenible de productos fitosanitarios tiene por objetivos fomentar la gestión integrada de plagas

En los invernaderos de Almería han dado un paso más con la producción ecológica, confiando en insectos y feromonas para controlar las plagas. / Archivo.

Belén Delgado. Efeagro

Los agricultores españoles han asumido en general la gestión integrada de plagas (GIP) en sus cultivos, como recoge la normativa para reducir el uso de plaguicidas, aunque piden más apoyo e investigación para extender la aplicación del control biológico.

En los invernaderos de Almería han dado un paso más con la producción ecológica, que es la nota dominante e implica prescindir de los químicos, confiando en insectos y feromonas para controlar las plagas.

Esos principios los tiene interiorizados el productor de pepinos y sandía Sergio López, responsable de Agricultura ecológica de la organización agraria COAG en Andalucía que, además de soltar parasitoides en su explotación, crea espacios de biodiversidad para dar “zonas de máxima calidad de vida a esa fauna auxiliar”.

López asegura a Efeagro que en Almería, donde hacen falta grandes inversiones, la rentabilidad viene marcada por el mercado, lo que les obliga a abandonar los métodos que degradan el ambiente y modernizarse, aunque no siempre es fácil acceder a la formación y las últimas investigaciones.

Cambios normativos

La Unión Europea (UE) está en proceso de revisar la regulación sobre el uso sostenible de plaguicidas de 2009 reforzando el empleo de la gestión integrada de plagas, a partir de la propuesta de la Comisión Europea para obligar a reducir a la mitad el uso de pesticidas químicos para 2030.

La GIP supone priorizar las medidas preventivas e indirectas, acudir a los métodos directos si lo anterior falla y usar los métodos químicos sólo en último lugar.

Entre las prácticas que se promueven están la rotación de cultivos, la utilización de variedades resistentes, una fertilización más natural, la limpieza de equipos, el control biológico y la restricción del uso de productos fitosanitarios, especialmente de los no considerados de bajo impacto.

En España, el nuevo plan de acción nacional 2023-2024 sobre el uso sostenible de productos fitosanitarios tiene por objetivos fomentar la gestión integrada de plagas y reducir los riesgos y efectos derivados de la utilización de fitosanitarios en la salud humana y el medio ambiente.

Esto pasa, por ejemplo, por publicar los datos de indicadores de riesgo, mejorar la información, reforzar la vigilancia del mercado de fitosanitarios, limitar su empleo en zonas protegidas o favorecer la innovación con ayudas para grupos operativos dentro del plan estratégico nacional de la Política Agraria Común (PAC).

La secretaria general de la organización UPA en Almería, Francisca Iglesias, precisa que en la UE se da por hecho que la agricultura convencional debe cumplir la normativa sobre plaguicidas, por lo que “no hay un apoyo directo” de la PAC, salvo si se contratan asesores para la lucha integrada de plagas.

Añade que los productores que emplean pesticidas están sometidos a inspecciones, al tiempo que deben tener un carné de manejo de fitosanitarios, emplear productos autorizados, contar con asesoramiento técnico y apuntar las prácticas en su cuaderno de explotación.

“La GIP está bastante bien asumida. En Almería llevamos haciendo lucha integrada desde 2003 y la lucha biológica ha sido una buena herramienta para gestionar las plagas y enfermedades”

“La GIP está bastante bien asumida. En Almería llevamos haciendo lucha integrada desde 2003 y la lucha biológica ha sido una buena herramienta para gestionar las plagas y enfermedades. Cada vez que han surgido nuevos virus se han obtenido plantas más tolerantes y la investigación ha permitido dar una respuesta rápida a un sector muy dinámico”, afirma Iglesias.

Dificultades añadidas

El experto de la Asociación de Organizaciones de Productores de Frutas y Hortalizas de Almería (Coexphal) Jan van der Blom reconoce que en grandes superficies al aire libre, donde no hay un contacto diario con las plantas porque se trabaja con tractor, soltar fauna auxiliar puede tener un coste “demasiado alto” en cultivos menos rentables.

No obstante, considera que se pueden promover biopesticidas e incrementar la biodiversidad, lo que requiere “un cambio de organización” y romper, por ejemplo, con el monocultivo.

En cuanto a los productos naturales, Van der Blom apunta que las empresas no pueden patentarlos ni explotarlos como hacen con los químicos, de ahí su desarrollo tan lento.

“Se exige mucho a los agricultores y hay muy poco compromiso por parte de las administraciones”

Con la reforma europea prevista, “se exige mucho a los agricultores y hay muy poco compromiso por parte de las administraciones”, según el biólogo, que reclama más apoyo porque, “una vez que los agricultores ven posible que pueden producir sin esos productos fitosanitarios, lo hacen con mucho gusto”.

La integrante de la Junta Directiva de la Sociedad Española de Agricultura Ecológica (SEAE) Josefina Contreras sostiene que, además del caso del pimiento en invernaderos de Murcia y Almería, han prosperado los métodos de control biológico en otros cultivos como el tomate, el calabacín y la berenjena, la mayoría en invernadero.

Contreras, también profesora de la Universidad Politécnica de Cartagena (Murcia), afirma que la administración ha realizado una importante labor de formación y divulgación mediante la elaboración de guías, campañas de información y algunos proyectos de investigación, aunque “las medidas son escasas y aún queda mucho por hacer”.

“Resulta imprescindible más inversión en investigación y desarrollo de nuevos productos, como insectos auxiliares, microorganismos y productos naturales”, así como más formación para su uso adecuado en el campo, resalta la especialista.