Cirilo Arnandis: “Otro aviso para navegantes”

AgroFresh FRESCOS

Cirilo Arnandis repasa en este artículo la situación que atraviesa el sector hortofrutícola

Capital foráneo ha llegado el sector hortofrutícola de la mano de los ya populares fondos de inversión. / ARCHIVO

Por Cirilo Arnandis (*)

Por las instalaciones de mi cooperativa pasan al cabo del día infinidad de personas. No en vano, es uno de los principales centros de actividad económica de la localidad, además de un punto de referencia de la vida social del pueblo. Ya sean trabajadores, socios, proveedores o simplemente vecinos pasan por esta casa, llenando de vida un entorno que para ellos, por unas causas u otras, es uno de sus principales referentes. De normal, la climatología y la evolución de la producción de los distintos cultivos, así como el desarrollo de las distintas campañas comerciales, suelen ser los principales temas de conversación, además de cuestiones de actualidad que marcan la vida cotidiana de una zona que obtiene buena parte de sus ingresos en el desarrollo rural.

A las fechas que nos encontramos, la mayoría de las campañas comerciales de nuestros cultivos más significativos ya han dejado ver cuál será su resultado final. Así, la merma de la producción en caqui o en cítricos por cuestiones climáticas, y que la consecuencia de ello está siendo precios unitarios mejores que en campañas anteriores, aunque aplicados a menos kilos, deberían de ser los comentarios normales. Además de los consabidos como las importaciones ventajosas de las producciones de países terceros, la ausencia de reciprocidad, las cada vez mayores exigencias medioambientales, la ausencia cada vez más de productos fitosanitarios eficaces o la creciente dificultad en la gestión de las ayudas. Pero en esta semana el tema recurrente de conversación ha sido qué iba a pasar en el acto de protesta que la afición del Valencia Club de Fútbol organizó el pasado sábado antes del partido frente al Athletic Club de Bilbao. No olvidemos que alguno de los más significados jugadores en la historia de este equipo ha nacido en la localidad y es socio de la cooperativa.

No es que me haya equivocado de tribuna y vaya a hacer una crónica deportiva, pero el hecho viene a ilustrar un claro ejemplo de lo que puede ocurrir cuando capital lejano de la idiosincrasia propia del entorno toma las riendas de un proyecto, cuando el centro de las decisiones y la identidad del entorno tienen poco que ver. Tampoco voy a hacer un recopilatorio de la situación de ningún equipo de futbol, pero lo que sí es cierto es que, en el caso del equipo de fútbol del Valencia, en la actualidad, los intereses de su accionista mayoritario, que vive en Singapur, no tienen nada que ver con los deseos de sus accionistas minoritarios y aficionados en general. El caso de la llegada de capital lejano en el fútbol está plagado de controversias como la indicada. La polémica también surge, por ejemplo, cuando el principal sponsor publicitario es originario de países donde los derechos humanos son, cuando menos, percibidos de modo distinto a nuestra sociedad occidental.

De un tiempo a esta parte, capital foráneo ha llegado a nuestro sector hortofrutícola de la mano de los ya populares fondos de inversión. La llegada de capital extranjero, ya sea por la procedencia geográfica o por el origen financiero, en si mismo, es un hecho positivo, pues suele ser sinónimo que el sector receptor tiene un buen potencial económico y un futuro prometedor, ya que, a priori y fondos buitre aparte, es poco atractivo invertir capital en negocios con un alto grado de riesgo. De otro lado, la llegada de capital suele revitalizar la actividad económica, generar empleo y riqueza, además de una industria auxiliar que debe de proveer de materia prima al nuevo escenario inversor. En principio todo son ventajas, y es por ello que cualquier político se jacta cuando cualquier propuesta de nuevos inversores y la creación de nuevas empresas llega a la puerta de su despacho. Y por supuesto, cualquier proyecto e iniciativa de este tipo es legal y legítima.

Sin embargo, y pese a todo lo dicho, lo que acontece con estos anuncios en el sector de la producción y de la industria agroalimentaria, suele ser motivo de preocupación. Paralelamente a la oportunidad de negocio que supone el tener que producir comida para ser suministrados a una población mundial creciente, nos preocupa el hecho que países como China, o magnates como Bill Gates, estén haciendo acopio ingente de tierras de cultivo alrededor del mundo. Garantizar el recurso de la tierra para producir alimentos suficientes para los ciudadanos de su país, dirán los chinos, o simplemente negocio, dirá el magnate informático, está condicionando los hábitos de consumo a través de medidas campañas de difusión en medios influyentes. Podemos quedarnos sin fútbol, nuestro equipo puede descender de categoría, incluso podemos cerrar los ojos a la vista de la procedencia de la publicidad que criticamos en otros ámbitos, pero que también nos manejen en lo que comemos, cuánto y a qué precio, y si es que hay para todos, es una cuestión que hay que tener presente.

En nuestro sector, y en nuestro entorno más próximo, quizás con letras no tan mayúsculas como las descritas, también estamos inmersos en un contexto cuyo análisis es conveniente. El hecho, más allá de los matices concretos de cada caso, es que fondos de inversión han aterrizado en varias de las principales firmas del sector. Señeras firmas de toda la vida han optado por vender parte de su accionariado, a veces concentrado y a veces disperso en varias generaciones de una misma familia, a inversores cuyo afán prioritario es la rentabilidad de su inversión. Y repito, que es algo legal y lícito, pero que en nuestro sector conlleva una serie de connotaciones que es seguro que pasarán bastante desapercibidas para quien viene de fuera. Y es que la agricultura, en nuestro territorio, es algo más que un negocio. Más que un modo de vida, es un modo de entender la vida y la sociedad. También es un negocio, pero cuyos rendimientos dejamos aquí, y no viajan lejos como reinversión de la venta o como beneficio empresarial.

“El hecho, más allá de los matices concretos de cada caso, es que fondos de inversión han aterrizado en varias de las principales firmas del sector. Señeras firmas de toda la vida han optado por vender parte de su accionariado, a veces concentrado y a veces disperso en varias generaciones de una misma familia, a inversores cuyo afán prioritario es la rentabilidad de su inversión. Y repito, que es algo legal y lícito, pero que en nuestro sector conlleva una serie de connotaciones que es seguro que pasarán bastante desapercibidas para quien viene de fuera. Y es que la agricultura, en nuestro territorio, es algo más que un negocio. Más que un modo de vida, es un modo de entender la vida y la sociedad. También es un negocio, pero cuyos rendimientos dejamos aquí, y no viajan lejos como reinversión de la venta o como beneficio empresarial”

Los fondos de inversión se pueden definir como una gestión colectiva de inversores de todo tipo que, de otro modo, no reunirían capital suficiente para realizar cierto tipo de inversiones. Son de origen diverso, y de procedencia que abarca amplias áreas de la economía, o simplemente fondos soberanos de países de distinta organización política y social. En nuestro sector, los nuevos inversores han optado por generar un escenario mixto, en el que prima su producción propia y compran al agricultor de toda la vida lo que necesitan, si es que lo necesitan. Así, en el campo se está generando un triple escenario, bien sea la producción propia de las empresas, bien sea la de los socios de cooperativas y organizaciones de productores, o bien sea la de aquellos productores que de modo individual afrontan las dificultades de un escenario cada vez más complicado y hostil.

“En nuestro sector, los nuevos inversores han optado por generar un escenario mixto, en el que prima su producción propia y compran al agricultor de toda la vida lo que necesitan, si es que lo necesitan. Así, en el campo se está generando un triple escenario, bien sea la producción propia de las empresas, bien sea la de los socios de cooperativas y organizaciones de productores, o bien sea la de aquellos productores que de modo individual afrontan las dificultades de un escenario cada vez más complicado y hostil”

En un contexto en el que el dinero estaba muy barato, y en el que los bancos cobraban por los depósitos en lugar de pagarte intereses, nuestro agro, y en especial la comercialización, ha sido una propuesta atractiva. El escenario global es convulso y creo que pocos, por no decir nadie, sabe qué va a pasar en un futuro próximo. Consecuencia de ello será el nuevo contexto económico y el de las oportunidades de negocio que de él se deriven. Así, es oportuno pensar qué pasará cuando las inversiones estén amortizadas, y qué pasará si en el escenario financiero aparecen oportunidades más atractivas. No ya por lo que le pueda pasar a cada empresa, pues son sus decisiones con sus riesgos, sino qué pasara con los productores, los que todavía no hayan abandonado, y con el tejido productivo de pequeñas y medianas empresas de nuestro entorno. Mientras algunos ámbitos económicos están de vuelta de la deslocalización de sus producciones, quien sabe si dentro de poco, los mismos fondos invertirán en producciones en lugares con costes de producción más atractivos.

En un mercado tan amplio, pero a la vez tan concurrido, como es el de nuestro sector, es seguro que hay sitio para todos y oferta para todo tipo de consumidores. Pero quizás sea el momento de poner en valor a la empresa de toda la vida antes de que algunas desaparezcan por el influjo de grandes transatlánticos. La que trabaja aquí y para los de aquí. La que pueda garantizar que el origen del capital inversor no tiene un origen socialmente cuestionado. La que valoriza el esfuerzo de un estrato social muy definido como son los agricultores. La que reinvierte aquí, y no se va a nutrir cuentas bancarias lejanas por muy legal y legítimo que sea. Y es que, por todo ello, para quien opte por esta opción, no le va a costar ni un céntimo de euro más el consumir un producto de calidad.

“Es hora de reivindicar la acción del sector cooperativo, que lejos de ser un proyecto empresarial de menor consideración, es capaz de ser líder mundial en ciertos ámbitos, y de ser proveedor de los principales destinos comerciales pero, además, con un compromiso social, territorial y medioambiental evidente. No cabe duda de que el mercado es abierto y que cada uno tiene sus potencialidades, pero pocas opciones empresariales pueden adquirir un grado tal de implicación como lo hace el sector cooperativo, en el triple compromiso de la sostenibilidad, ya sea en el plano económico, social y medioambiental. A fin de cuentas, la razón de ser de una cooperativa, además de sus clientes, son sus socios y su entorno. Quizás por ello cada vez tenemos más cooperativas centenarias”

Es hora de reivindicar la acción del sector cooperativo, que lejos de ser un proyecto empresarial de menor consideración, es capaz de ser líder mundial en ciertos ámbitos, y de ser proveedor de los principales destinos comerciales pero, además, con un compromiso social, territorial y medioambiental evidente. No cabe duda de que el mercado es abierto y que cada uno tiene sus potencialidades, pero pocas opciones empresariales pueden adquirir un grado tal de implicación como lo hace el sector cooperativo, en el triple compromiso de la sostenibilidad, ya sea en el plano económico, social y medioambiental. A fin de cuentas, la razón de ser de una cooperativa, además de sus clientes, son sus socios y su entorno. Quizás por ello cada vez tenemos más cooperativas centenarias.

(*) Presidente de Frutas y Hortalizas de Cooperatives Agro-alimentàries

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