Cirilo Arnandis: “No más ‘patadas a seguir’”

DIEGO MARTÍNEZ
FERTIBERIA ABRIL 24 NSAFE
AGROPONIENTE FEBRERO
BAYER ESTRATEGIA DE CÍTRICOS
HERNANDORENA fiabilidad varietal

El Presidente Cooperatives Agro-alimentàries de la Comunitat Valenciana, Cirilo Arnandis, opina sobre las movilizaciones de las últimas semanas, tanto a nivel nacional como europeo

La “patada a seguir” en el mundo del rugby es una táctica que resumiendo suele acabar con la pérdida del balón, pero te ayuda a salir del apuro. Básicamente lo que ha hecho Bruselas ante las protestas de los agricultores europeos. / FERUGBY

Cirilo Arnandis (*)

El rugby es un deporte de contacto consistente básicamente en posar una pelota ovalada detrás de una línea de meta. Como es lógico, el desarrollo del juego tiene una serie de normas y reglas que, siendo sincero, les he de decir que me costó comprender, más allá de la espectacularidad del juego. Una de ellas es que el balón marca la línea de fuera de juego, por lo que los jugadores delante del balón quedan inhabilitados, de forma que los pases a otro jugador siempre deben de ser hacia atrás. Uno de los escenarios típicos es cuando un jugador es el último del equipo y se encuentra comprometido y sin línea de pase. En esa ocasión se lanza una patada hacia adelante y el pateador sale corriendo para habilitar en el juego a sus compañeros. Esto es lo que se llama en el argot una “patada a seguir” que, si bien suele acabar con la pérdida del balón, por lo menos te ayuda a salir del apuro.

No es que vaya a hacer una crónica deportiva, pero este ejemplo es bastante ilustrativo de lo que está pasando en la agricultura europea, y de cómo están reaccionando sus instituciones y sus políticos. Y es que los agricultores europeos se están movilizando en las últimas semanas, no habiendo Estado socio de la Unión Europea en el que no se haya convocado algún acto de protesta. En el caso español, ya son tres semanas consecutivas donde una ciudad tras otra, son testigos de un acto de reivindicativo. Durante el fin de semana último, llegan noticias de actuaciones de queja en el seno del Salón de la Agricultura que se está celebrando en París, y en presencia del vigesimoquinto presidente de la República Francesa, Emmanuel Macron. 

“¿Por qué los agricultores siguen con sus movilizaciones, si los políticos, comunitarios y nacionales, ya están elaborando medidas que, según ellos, deben de solucionar sus problemas?”

“La respuesta es sencilla: porque las medidas propuestas no sirven para dar solución al problema real que están sufriendo, que no es otro que el de sus rentas, ya que no les salen las cuentas” 

“Las medidas planteadas tienen como línea argumental mejoras en cuestiones relativas a la burocracia, la gestión administrativa y la necesidad de simplificación, mezclando las propuestas de flexibilidad de la condicionalidad medioambiental con las de reducción de cargas burocráticas, y calificándolas todas en el concepto global de simplificación”

Mientras “el campo pide una política agraria de verdad, sólida y eficiente, con medidas de mercado que garanticen sus rentas, ya que han sido sustituidas en el contexto de una PAC de subvenciones con exigencias incontroladas en el marco del Pacto Verde Europeo”

La pregunta entonces es por qué los agricultores siguen con sus movilizaciones, si los políticos, comunitarios y nacionales, ya están elaborando medidas que, según ellos, deben de solucionar sus problemas. La respuesta es sencilla: porque las medidas propuestas no sirven para dar solución al problema real que están sufriendo, que no es otro que el de sus rentas, ya que no les salen las cuentas. Las medidas planteadas tienen como línea argumental mejoras en cuestiones relativas a la burocracia, la gestión administrativa y la necesidad de simplificación, mezclando las propuestas de flexibilidad de la condicionalidad medioambiental con las de reducción de cargas burocráticas, y calificándolas todas en el concepto global de simplificación. Más allá de la complejidad de las herramientas y el mecanismo de solicitud y control, el campo pide una política agraria de verdad, sólida y eficiente, con medidas de mercado que garanticen sus rentas, ya que han sido sustituidas en el contexto de una PAC de subvenciones con exigencias incontroladas en el marco del Pacto Verde Europeo.

La flexibilización de los requisitos medioambientales que dan acceso a los beneficios de la PAC bien puede entenderse como una “patada a seguir”, en la medida en que evidencia que su modificación es la consecuencia de errores en los planteamientos políticos, y en tanto se intenta salir de un apuro sin entrar en la esencia real del problema. 

Es aquí donde hay que entrar de verdad, en aquellos conceptos que lastran la competitividad de los productores europeos, aquellos que ven como el mercado ni siquiera cubre los costes de producción, aquellos que permiten que plagas de cuarentena sean detectadas en nuestro territorio, una tras otra, y que en más de una ocasión y de dos, nos hemos encontrado sin nada con qué tratar. Ni siquiera con fauna útil del lugar de origen de la plaga, pues además de comérsela allí y aquí, previamente, hay que constatar que su nueva presencia en nuestro entorno no genera desequilibrios en la fauna autóctona, y eso lleva tiempo.

Y en lo concreto, ¿qué piden los agricultores para poder vivir dignamente de su trabajo? Es una evidencia que el coste de la mano de obra es distinto en el viejo continente que en los países terceros competidores. Es lo que se viene llamado el dumping social. Pero ahí dicen que no se puede hacer nada. Por otra parte, tampoco se pueden fijar contingentes de acceso al mercado comunitario ni tasas o aranceles que compensen el diferencial de costes, pues está prohibido en el seno de la Organización Mundial del Comercio. Lo que sí se puede es actuar en el contexto de la seguridad alimentaria y en el de la sanidad de nuestras explotaciones. 

El reciente levantamiento del veto al comercio de carne de vacuno europeo en China —cerrado desde hace 23 años por aquello de las vacas locas—, motivado por exigencias propias del propias del país asiático, es un claro ejemplo de lo que han estado haciendo otros. 

Y es que, en esta materia, Bruselas da una “patada a seguir” tras otra, costando una enormidad la adopción de alguna actuación en este ámbito.

La política elaborada por Bruselas en materia agraria conlleva un exceso de normativas y una burocracia perjudicial e inadecuada, con el pretexto del respeto al entorno, que supone una serie de costes y que no es exigida a los países terceros que acceden al mercado europeo. Por eso se exige la implantación de lo que se vienen llamando las “cláusulas espejo”, lo que tradicionalmente hemos venido a llamar reciprocidad. Vemos como cada vez son más los envíos detectados con productos fitosanitarios prohibidos en Europa, superando los límites máximos de residuos (LMR) establecidos, con lo que ello supone para el consumidor. Cierto es, igualmente, que cada vez son más los envíos detectados con plagas de cuarentena, alguna de ellas sin tratamiento efectivo en la actualidad. Otro hecho cierto es que cada vez son menos las herramientas de las que dispone el agricultor, ya sean productos de síntesis, biológicos o fauna útil para combatir las plagas, mientras que nuestros competidores sí las tienen y más baratas.

Entonces, ¿qué es lo que se le está ofreciendo desde las Administraciones a los agricultores para ser más competitivos? Pues algo de simplificación o tan solo pequeños ajustes dentro de las medidas exigidas en del Pacto Verde Europeo. Vamos, que “sostenella y no enmendalla”. Bruselas entiende como una concesión, por ejemplo, medidas como que en la campaña 2024 se flexibilice la norma que obliga a los agricultores a mantener parte de sus explotaciones en barbecho, lo que significa que en vez de tener que dejar yermo el 4% del terreno cultivable, se podrán plantar cultivos fijadores de nitrógeno, o en un 7% cultivos intermedios (los que crecen entre dos principales y que pueden servir como forraje o abono verde). ¿De verdad son estas las medidas que van a hacer que las rentas de los productores pasen del rojo al verde?

Paralelamente, el acuerdo comercial de la Unión Europea con Nueva Zelanda exige que la carne de bovino deberá de proceder de pastos prohibiéndose el uso de insecticidas neonicotenoides por su riesgo para las abejas. Medidas de este tipo están más en la línea de lograr el objetivo perseguido por los productores, pero para ello, el socio con el que se firma el acuerdo lo debe aceptar, y la medida no debe contravenir las reglas de la OMC. En esta línea de actuación, mucho me temo que países como Marruecos, Egipto, Turquía, Brasil, Argentina, y sobre todo la beligerante Sudáfrica, nunca estarán de acuerdo en nada que no sea el actual “status quo”, en el peor de los casos, de manga ancha y de privilegios que le supone la actual política comunitaria.

El ministerio de Agricultura español, en el contexto de las manifestaciones repartidas por todo el país, también ha lanzado una batería de propuestas. Dejando aparte las BCAM (Buenas Condiciones Agrarias y Medioambientales), que sólo exige Bruselas dentro del marco del Pacto Verde Europeo, pues no son parte de la solución del problema, el ministerio aborda actuaciones en relación con la Ley de la Cadena, reforzando los controles, cuestiones de índole comercial pero que su aprobación lo deben ser en foros internacionales, o cuestiones que sí dependen de él, caso del presupuesto destinado a seguros agrarios, mantenimiento de las compensaciones a la gasóleo agrícola o créditos para la incorporación de jóvenes. No hay que olvidar que el margen de maniobra de cada Estado es el que es, pues la agraria es la única política común europea, y las decisiones de calado se deben aprobar en Bruselas.

Dicen que el rugby es un deporte de truhanes, por la propia inercia del juego, jugado por caballeros. De hecho, finalizado el encuentro, no es extraño que ambos equipos departan amigablemente comentando las jugadas del partido, incluso con algunas cervezas de por medio. Volviendo a nuestro sector, la presidenta de la Comisión Europea ya ha manifestado que hay que escuchar a los productores para que quienes salgan elegidos en la próximas elecciones europeas del mes de junio puedan generar la política agraria del futuro. Ojalá que se de esa posibilidad de ser escuchados, pero no en la calle. Ojalá que los caballeros de Bruselas no den más “patadas defensivas”.

(*) Presidente Cooperatives Agro-alimentàries de la Comunitat Valenciana.