David B. López (PSPV-PSOE): “La citricultura de futuro en un país desarrollado como actividad económica viable y sostenible implica hablar de estrategia”

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El Portavoz de Agricultura en Corts Valencianes (PSPV-PSOE), David B. López Lluch, opina sobre la estrategia naranja 2030 y el plan integral citrícola de la Comunitat Valenciana 

David B. López Lluch explica que, dado el carácter exportador de nuestra citricultura, “se debe analizar y tener presente el contexto global de esta actividad”. / PSPV-PSOE

David B. López Lluch (*)

Los cítricos son el principal cultivo frutal en el mundo. España es el sexto productor mundial de cítricos en fresco y el primero en exportación (el 60 % de su producción). Por su importancia económica, agronómica y su transcendencia social y territorial, la citricultura tiene un especial tratamiento dentro de la fruticultura española.

El naranjo dulce supone casi la mitad (48 % del total) de la superficie cultivada de cítricos en España. Le sigue el mandarino con poco más del 38 %. En tercer lugar, se sitúa el limonero (12,6 %) y el pomelo (0,6%). La Comunidad Valenciana es la zona con más superficie citrícola (56,2 %) aunque Andalucía está creciendo en importancia (27,1 %). Valencia ocupa el primer lugar nacional tanto en naranjo como en mandarino, y Murcia en limonero y pomelo.

El cultivo de cítricos tiene una larga historia en la Comunidad Valenciana. Fue a finales del siglo XVIII cuando comienza lo que se ha llamado tradicionalmente citricultura comercial. Se entiende por esto la plantación de cítricos a un marco determinado, en una superficie delimitada, con el fin exclusivo de obtener beneficios económicos a través de la venta de sus frutos. Hoy, supone una superficie cultivada de 145.000 hectáreas que exporta 3,5 toneladas de cítricos cada año y que representa 2.500 millones de euros.

Esta actividad económica ha sido clave para el desarrollo de nuestro país. En particular la naranja, a la que se ha llegado a bautizar como “Plan Marshall” español, supuso el 15 % (llegando al 24 %) del valor medio de las exportaciones de nuestro país desde los años 20 hasta bien entrados los años 60 del pasado siglo.  Fue el regadío valenciano, y más en concreto su citricultura, con sus divisas procedentes de la exportación el que apuntaló, equilibrando la balanza de pagos española, y posibilitó el desarrollo industrial de otras regiones de nuestro país antes de la llegada de las remesas de los emigrantes y del turismo. Sirva citar una anécdota para entender esta importancia: fueron exportadores valencianos de cítricos afincados en Londres los que pagaron la gala de celebración en el mítico hotel Savoy (y demás fiestas que siguieron) por la victoria de Massiel en el Festival de Eurovisión de 1968.

Es obvio que el contexto productivo ha cambiado radicalmente.  En los países desarrollados, España lo es, la actividad agraria debe entenderse dentro del marco de la cadena de valor agroalimentaria. En ese sentido, la cooperación entre productores, transformadores, comercializadores, restauradores y demás eslabones de esta cadena de valor, es el gran desafío del sector, tanto a nivel empresarial agrupando oferta y generando industria de derivados y subproductos y dando valor gastronómico al producto como a nivel territorial a través de la calidad diferenciada que supone la IGP Cítricos Valencianos.

Un modelo de negocio sí puede estar basado en la diferenciación por precio, pero un modelo de desarrollo territorial no, ya que siempre hay una presión en los costes y los eslabones más débiles de la cadena tenderán a verse expulsados del proceso ante la entrada de otros agentes con estructuras de costes más beneficiosas para los eslabones con mayor poder de negociación. Estos eslabones más poderosos pueden llegar a plantear la externalización de la producción en regiones con costes laborales y ambientales más bajos. Además, dado el carácter exportador de nuestra citricultura, se debe analizar y tener presente el contexto global de esta actividad teniendo en cuenta todos los factores y variables que condicionan su modelo de negocio. 

“La sociedad, y el mercado, giran a criterios medioambientales, de calidad y de satisfacción de necesidades que van más allá de las estrictamente alimentarias”

Del mismo modo, el contexto mundial ha cambiado y cambia continuamente y es necesario adaptarse a estas circunstancias. La sociedad, y el mercado, giran a criterios medioambientales, de calidad y de satisfacción de necesidades que van más allá de las estrictamente alimentarias.

En ese sentido y dada la importancia que tiene el sector en la Comunidad Valenciana, el gobierno de Ximo Puig apostó decididamente por apoyarlo y defenderlo.

En primer lugar, el Consell de Ximo Puig aumentó en un 1.600% la partida destinada al fomento del cooperativismo que dejó el anterior Gobierno del PP en 2015 con tan sólo 115.000 euros para el apoyo de estas entidades, mientras que el Presupuesto de la Generalitat para 2023 ascendió a 1,9 millones, lo que supone 17 veces más respaldo a las cooperativas, con 9 líneas de actuación en aspectos como la formación o la innovación, en el marco del Plan Director del Cooperativismo Valenciano.

Además, se puso en marcha el Plan Integral Citrícola de la Comunitat Valenciana, que contempla actuaciones por importe de 40 millones de euros para impulsar la rentabilidad y la competitividad del sector. Una parte del presupuesto iba destinada a la promoción de la naranja valenciana.  Este plan 2023-2030, formaba parte de la Estrategia ‘Naranja 2030’, con seis líneas estratégicas, la primera de las cuales perseguía mejorar las estructuras agrarias con el desarrollo de la ley aprobada para este fin con el objetivo de reducir el minifundismo y ganar rentabilidad. Otras líneas promovían intensificar la promoción de la marca con nuevas acciones estratégicas para fortalecer el posicionamiento en el mercado a escala nacional e internacional y fomentar la profesionalización para conseguir trabajos más seguros y atractivos.  La cuarta y quinta línea estratégica consistían, respectivamente, en impulsar la innovación agraria para avanzar en competitividad y en fortalecer la cadena citrícola para conseguir precios justos. Finalmente, la sexta actuación pasaba por reforzar el ‘lobby’ citrícola para ganar influencia en Bruselas y Madrid y para acabar con la competencia desleal. Al hilo de esto último, se consiguió que la Unión Europea aprobase el tratamiento en frío para las naranjas provenientes de Sudáfrica.

Todo esto ha quedado en nada con el nuevo gobierno de la Generalitat Valenciana.

La citricultura de futuro en un país desarrollado como actividad económica viable y sostenible implica hablar de estrategia (qué queremos ser dentro de 10 años), de generación de valor más allá de la venta en fresco, de calidad diferenciada como herramienta de gobernanza del territorio agrario, de aprovechamiento de subproductos, de I+D+i agrícola, etc.

La citricultura de futuro en un país desarrollado como actividad económica viable y sostenible se defiende con hechos como éstos, no con soflamas y palabras vacías.

(*) Portavoz de Agricultura en Corts Valencianes (PSPV-PSOE)