El ajuste del mercado acerca a la agricultura ecológica europea a un punto de inflexión

Tras años de crecimiento, el sector ecológico afronta una fase de reajuste marcada por el cambio del consumidor, la presión económica y la necesidad de redefinir su propuesta de valor

‘Visión para la Agricultura y la Alimentación 2040’ identifica a la agricultura ecológica como un modelo capaz de aportar servicios ecosistémicos, contribuir a los objetivos climáticos y ambientales de la UE y atraer a jóvenes agricultores / Archivo

Nerea Rodriguez. Redacción.

Tras más de una década de crecimiento sostenido, el mercado europeo de la alimentación ecológica y sostenible, a partir de 2022, entró en una fase de estancamiento que hoy se interpreta no tanto como una crisis estructural sino como un proceso de ajuste. El fuerte impulso vivido durante la pandemia —cuando el consumo ecológico se vio favorecido por una mayor atención a la salud, el origen de los alimentos y la sostenibilidad— tuvo un carácter igual de intenso como circunstancial. La posterior inflación y la pérdida de poder adquisitivo obligaron al consumidor a priorizar el precio, relegando lo ecológico, en muchos casos, a compras puntuales o a determinadas categorías concretas.

Este nuevo contexto económico ha venido acompañado de una transformación en los hábitos de compra. El consumidor medio ya no se identifica necesariamente como “exclusivamente ecológico”, sino que adopta un comportamiento más híbrido y selectivo. A ello se suma la competencia creciente de otros conceptos que conectan con valores similares, como lo local, la proximidad, el residuo cero o la agricultura regenerativa, percibidos a menudo como más cercanos o accesibles que el sello ecológico tradicional. Lejos de confirmar un declive del modelo, este escenario apunta a un cambio de ciclo que obliga al sector a reconsiderar su posicionamiento.

Un nuevo escenario

En este nuevo marco, el consumidor da por hecho que un producto ecológico debe ser sostenible, pero toma su decisión de compra principalmente en función de otros factores como el sabor, la salud o el estilo de vida. La sostenibilidad, por sí sola, ya no actúa como elemento diferenciador. Ante esta realidad, las empresas ecológicas se ven obligadas a reforzar su estrategia de marketing y comunicación, construyendo nuevos relatos capaces de conectar emocionalmente con el consumidor sin renunciar al fondo. Aspectos históricos del movimiento ecológico —como la fertilidad del suelo, el bienestar animal, la transparencia o la contribución climática— siguen siendo relevantes, pero necesitan integrarse en una propuesta más amplia, atractiva y comprensible.

En un entorno de fuerte crecimiento de las marcas blancas ecológicas y de marcas convencionales con discursos “verdes”, los productos ecológicos ya no pueden permitirse competir en desventaja frente a los convencionales. La experiencia de marca, la calidad organoléptica y la comunicación se convierten en elementos clave para sostener su valor añadido. En este sentido, el marketing se perfila como uno de los principales motores para el desarrollo futuro del sector, especialmente en un mercado donde la diferenciación ya no se construye únicamente a partir del sello.

Distribución y comercialización

La distribución emerge como el eslabón con mayor capacidad de influencia sobre el sistema alimentario. Independientemente del formato —tiendas especializadas, supermercados o discount—, el retail condiciona de forma directa las decisiones de compra del consumidor. Lejos de plantear una competencia entre canales, el sector se enfrenta a la necesidad de redefinir roles y aprovechar las fortalezas específicas de cada uno. La alimentación ecológica debe ser accesible y asequible para llegar al consumidor generalista, sin perder al mismo tiempo el espacio de innovación y diferenciación que demandan los consumidores más comprometidos.

La evolución del canal refleja estas tensiones. Las tiendas especializadas, históricamente el motor del desarrollo del sector, han perdido peso frente a los grandes supermercados y sus marcas blancas. Aunque esta evolución ha permitido una mayor presencia de productos ecológicos en el lineal, también ha diluido la relación directa entre productor y consumidor y, con ella, parte del relato y del valor intangible que durante años diferenció a estos productos. Mientras no existan marcos regulatorios claros —como la contabilidad de costes reales o estándares sociales homogéneos—, la distribución seguirá operando bajo las reglas del actual sistema económico. Aun así, el potencial de crecimiento del mercado ecológico continúa siendo elevado, incluso en un contexto complejo.

La evolución del mercado no ha sido homogénea en el conjunto de Europa. Alemania ha registrado caídas claras desde 2022, especialmente acusadas en el canal especializado, mientras que Francia arrastra un descenso sostenido desde 2021, con un impacto significativo en el consumo de frutas y hortalizas ecológicas. Austria y Suiza mantienen una cierta estabilidad, aunque sin crecimiento relevante. España, por su parte, continúa mostrando una paradoja estructural: liderazgo en producción ecológica, pero un consumo interno que sigue situándose por debajo de su potencial.

España es el principal productor ecológico de la Unión Europea por superficie

España, principal productor

España es el principal productor ecológico de la Unión Europea por superficie, con 2,94 millones de hectáreas dedicadas a agricultura ecológica a cierre de 2024, lo que representa el 12,31% de la superficie agraria útil. Andalucía concentra la mayor extensión, seguida de Castilla-La Mancha y Cataluña. La producción vegetal supone el 86% de la actividad ecológica, con claro predominio de frutos secos, olivar y viñedo. En comercio exterior, el sector mantiene un marcado perfil exportador, con ventas al exterior por valor de 3.047 millones de euros y un saldo comercial positivo de 1.567 millones.

La producción ecológica alcanzó en 2023 los 4,94 millones de toneladas, con un valor estimado de 5.962 millones de euros. Por categorías, destacan la fruta fresca, las hortalizas, la carne ecológica y el pan ecológico. El precio medio de los productos ecológicos se situó en 4,34€/kg, según datos oficiales de consumo alimentario. Pese a este peso productivo, el mercado interior continúa siendo limitado. En 2024, el gasto en productos ecológicos ascendió a 3.143 millones de euros, con un consumo per cápita de 66 euros anuales. Los productos ecológicos representan solo el 3,2% de la cesta de la compra, con mayor presencia en comunidades como Cataluña, Andalucía, Madrid y la Comunitat Valenciana. Los supermercados e hipermercados concentran casi dos tercios de las ventas, mientras que el comercio tradicional y especializado mantiene un papel relevante.

Un sector estratégico

En este contexto de tensiones de mercado y redefinición del modelo, el marco político europeo adquiere un papel clave. El papel estratégico del sector ecológico ha sido reconocido en la Visión para la Agricultura y la Alimentación 2040 de la Comisión Europea. El documento identifica a la agricultura ecológica como un modelo capaz de aportar servicios ecosistémicos, contribuir a los objetivos climáticos y ambientales de la UE y atraer a jóvenes agricultores. Desde esta perspectiva, la producción ecológica puede desempeñar un papel relevante en el relevo generacional y en la revitalización de las zonas rurales.

En el ámbito de la demanda, la Visión subraya la importancia de la contratación pública sostenible y de las políticas de promoción como herramientas para impulsar el consumo de productos ecológicos, tanto en comedores escolares como en los hogares. El reconocimiento institucional del sector se presenta así como una respuesta a los desafíos actuales del mercado y como una apuesta a medio y largo plazo por su integración en la transición hacia sistemas alimentarios más sostenibles.

Lejos de confirmar un declive, 2025 puede leerse como un año de inflexión. Tras el ajuste vivido en los últimos años, el sector ecológico se enfrenta al reto de actualizar su propuesta de valor, combinando lo ecológico con lo local y lo socialmente justo, integrando nuevas prácticas sostenibles como la agroecología o la agricultura regenerativa, reforzando la comunicación de los beneficios ambientales y sociales reales y avanzando en transparencia y trazabilidad para recuperar la confianza del consumidor. 

Así las cosas, de cara a los próximos años, la capacidad de adaptación, la coherencia del discurso y la autenticidad se perfilan como claves para que la agricultura ecológica mantenga un papel protagonista en la transformación del sistema alimentario europeo.

Acceso a la noticia en la página 8 del dossier de Agricultura Ecológica en el ejemplar de Valencia Fruits. 

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