Los documentos analizan de forma detallada los daños más habituales asociados a las lluvias extremas y las inundaciones en cítricos, vid, olivar, frutales, frutos rojos, aguacate, cereales y otros cultivos herbáceos

Una plantación de aguacates tras el paso de las diferentes borrascas. / IFAPA
Valencia Fruits. Redacción.
El arranque de 2026 ha dejado una huella profunda en el campo andaluz. La sucesión de borrascas registrada entre enero y febrero ha provocado episodios de lluvias persistentes e inundaciones que han afectado de lleno a la actividad agraria, con especial incidencia en los cultivos leñosos del sur peninsular, entre ellos los cítricos. Ante este escenario, el Instituto Andaluz de Investigación y Formación Agraria, Pesquera, Alimentaria y de la Producción Ecológica (IFAPA) ha reaccionado con la publicación de siete guías técnicas que recogen recomendaciones de manejo para hacer frente a los efectos agronómicos del exceso de agua en los principales sistemas productivos de Andalucía.
Los documentos, elaborados por equipos científicos y técnicos del organismo público, analizan de forma detallada los daños más habituales asociados a las lluvias extremas y las inundaciones en cítricos, vid, olivar, frutales, frutos rojos, aguacate, cereales y otros cultivos herbáceos. Con un enfoque eminentemente práctico, las guías ofrecen pautas tanto preventivas como correctoras, orientadas a minimizar pérdidas de producción y a preservar la viabilidad de las explotaciones tras un invierno excepcionalmente húmedo.
En el caso concreto de los cítricos, uno de los principales riesgos identificados por los expertos del IFAPA es la asfixia radicular, consecuencia directa de la saturación prolongada del suelo y de la falta de oxígeno en el sistema radicular. Esta situación, frecuente en parcelas con problemas de drenaje, debilita al árbol y lo hace más vulnerable a patógenos del suelo, además de comprometer la absorción de nutrientes esenciales. A ello se suma la erosión del suelo, el lavado de elementos fertilizantes —especialmente nitratos, azufre y potasio en suelos ligeros— y la dificultad para realizar labores básicas en el momento adecuado.
En el caso concreto de los cítricos, uno de los principales riesgos identificados por los expertos del IFAPA es la asfixia radicular, consecuencia directa de la saturación prolongada del suelo y de la falta de oxígeno en el sistema radicular
Las guías advierten también de un aumento significativo del riesgo sanitario. Las condiciones de elevada humedad, combinadas en algunos momentos con temperaturas suaves, crean un entorno favorable para el desarrollo de enfermedades fúngicas, tanto en la parte aérea como en el sistema radicular. Tras periodos prolongados de lluvias, resulta previsible una mayor incidencia de podredumbres, problemas de cuello y alteraciones fisiológicas que pueden traducirse en pérdidas de rendimiento y calidad comercial.
Frente a este escenario, el IFAPA recomienda extremar la prudencia en la gestión de las parcelas afectadas. Una de las advertencias más reiteradas es la necesidad de evitar el tránsito de maquinaria pesada mientras el suelo permanezca excesivamente húmedo. La compactación del terreno en estas condiciones elimina los poros de aire, agrava la asfixia radicular y prolonga los efectos negativos del encharcamiento. Solo cuando el suelo lo permita deben retomarse las labores, priorizando aquellas que faciliten la aireación y el restablecimiento de la estructura edáfica.
En el ámbito nutricional, los técnicos subrayan que las lluvias intensas pueden provocar carencias importantes por lixiviación de nutrientes. Por ello, se aconseja evaluar el estado del cultivo antes de cualquier intervención y, en función de cada caso, recurrir a estrategias de fertilización correctora y al uso de bioestimulantes que ayuden a la recuperación del sistema radicular y del equilibrio fisiológico del árbol.
Estas siete guías, disponibles para su descarga en la web del IFAPA, se han elaborado en el marco de proyectos financiados con fondos europeos FEDER y responden a un claro objetivo de transferencia del conocimiento. El formato visual y didáctico de los documentos pretende facilitar su aplicación directa en campo, en un contexto en el que muchos agricultores han tenido que tomar decisiones rápidas ante situaciones de emergencia.
Además de las recomendaciones agronómicas, el IFAPA ha acompañado estas publicaciones con un análisis preliminar de las lluvias por provincia, con el fin de dimensionar la magnitud real de los episodios registrados y ofrecer una base técnica para la estimación de daños y la definición de posibles medidas de actuación. Para ello, los investigadores han trabajado con datos de 92 estaciones de la Red de Información Agroclimática de Andalucía (RIA), una herramienta específicamente orientada al seguimiento de las zonas agrícolas de la comunidad.
Además de las recomendaciones agronómicas, el IFAPA ha acompañado estas publicaciones con un análisis preliminar de las lluvias por provincia, con el fin de dimensionar la magnitud real de los episodios registrados y ofrecer una base técnica para la estimación de daños y la definición de posibles medidas de actuación
En provincias como Huelva, Sevilla, Córdoba, Jaén y Granada, las precipitaciones acumuladas durante la campaña 2025–2026 han sido entre un 70% y un 80% superiores a la media climatológica. En Jerez de la Frontera el incremento ronda el 50%, mientras que en Almería se sitúa en torno al 30%. Málaga, por su parte, ha registrado un aumento más moderado, cercano al 10%. Entre septiembre de 2025 y mediados de febrero de 2026, la precipitación media acumulada en las zonas agrícolas monitorizadas alcanzó los 486 mm, con valores extremos que oscilaron entre los 155 mm y los 968 mm según la localización.
Más allá del volumen total de lluvia, el informe destaca un factor clave para el sector citrícola: el elevado número de días consecutivos con precipitación, un indicador determinante para evaluar la accesibilidad a las parcelas y la viabilidad de realizar labores como la recolección, el abonado o los tratamientos fitosanitarios. Este aspecto, integrado con los registros de la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET), permite comprender por qué los efectos del exceso hídrico se han visto amplificados en muchas comarcas agrícolas.







