La covid desafía la resiliencia del sector alimentario español

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La estabilidad del sector alimentario se ve amenazada por una crisis que impactó de lleno en la hostelería y cuyos efectos ya se perciben en la industria, los supermercados y el campo

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El trasvase del consumo de fuera a dentro del hogar derivó en un crecimiento de la facturación de los supermercados superior al 6% en 2020. / Archivo

Óscar Tomasi. Efeagro.

El arranque de 2021 ha estado marcado por el cierre de locales en el sector de la restauración y por la aprobación de varios Expedientes de Regulación de Empleo (ERE) en algunas de las mayores empresas de la industria alimentaria.

A ello se suman los numerosos ERTE, la incipiente guerra de precios en la distribución y la llegada cada vez más intensa de fondos de inversión al capital de firmas agrícolas.

“Estamos ante un invierno caliente“, asegura en declaraciones a un representante sindical, en alusión a los ajustes de plantilla que ya planean grandes empresas del sector.

La otra cara de la moneda es que “a río revuelto, ganancia de pescadores”: en un contexto de turbulencias, aquellos más fuertes en el plano financiero ya se preparan para “salir de compras”.

“En el segundo semestre del año vendrán fondos e inversores extranjeros porque aquí habrá saldos“, pronostican desde el sector de la hostelería.

El campo, en el punto de mira del capital riesgo

El sector agrícola español despierta un renovado interés desde hace años entre los fondos de inversión y el fenómeno va a más.

De hecho, la gestora MCH entró recientemente en el accionariado de la empresa de frutas castellonense Llusar y la catalana Sustainable Agro Solutions (SAS) está en venta y ya ha recibido ofertas.

“Hay una apetencia por parte del consumidor por comprar producto más saludable y frescos; es una demanda internacional. Eso convierte al sector agrícola en un área muy atractiva para invertir, también por su propia estructura, ya que ahora mismo está muy atomizado y le falta dimensión“, reconoce el socio de KPMG Enrique Porta.

La hostelería, la más afectada

“Hay que ver qué parte de los cambios en los hábitos del consumidor han llegado para quedarse cuando la situación se recupere”, avisa en declaraciones el socio responsable de Consumo y Distribución de KPMG en España, Enrique Porta, quien cita la aparición del teletrabajo como un factor decisivo.

Bares y restaurantes figuran entre los principales damnificados por el coronavirus en el plano económico, y las estimaciones de la patronal apuntan al cierre de cerca de 100.000 locales (un tercio del total) y un descenso de su facturación del 50%.

La caída de turistas y el teletrabajo han sacudido a la hostelería de forma generalizada, también a las grandes cadenas: aunque tienen mayor músculo financiero, su estructura de costes es muy superior y en algunos casos atraviesan turbulencias.

La mexicana Alsea (dueña de Domino’s y Vips) ha desinvertido en tres cadenas en los últimos meses y ha dejado de superar el millar de establecimientos; Comess (Lizarrán) ha negociado la entrada en su capital del fondo GED para comprar la cadena Pomodoro; tanto Telepizza como Amrest (La Tagliatella) han afrontado problemas de liquidez, que de momento aparentemente superados.

“Se van a seguir produciendo movimientos de concentración, es algo que venía de antes de la crisis (…) El peso de la restauración organizada está creciendo y no descarto operaciones con cierta visibilidad“, señala Porta.

Los ERE en “gigantes” de la industria alimentaria

El arranque de 2021 ha sido especialmente “movido” del lado de los fabricantes, especialmente entre los más grandes, con despidos colectivos en el grupo Pascual (137 salidas), Heineken (228 afectados por prejubilaciones) y Coca-Cola (todavía en negociaciones, la cifra inicial se estima en 360 empleados).

“Al principio de la pandemia hubo muchísimos ERTE, sobre todo en pymes, mientras que los más grandes en su mayoría aguantaron el tirón y no hicieron nada. Sin embargo, muchos de ellos dependen de la hostelería y su situación se ha complicado”, reconocen fuentes sindicales.

El súper y la guerra de precios

El trasvase del consumo de fuera a dentro del hogar derivó en un crecimiento de la facturación de los supermercados superior al 6% en 2020, según Nielsen, aunque las empresas del sector advierten de que eso no implica directamente una mejora de sus beneficios, debido al aumento de los costes por motivos sanitarios.

Además, ya existe una todavía incipiente guerra de precios, lo que de seguir así reduciría todavía más sus márgenes.

Tampoco se libran en la distribución: Carrefour debe integrar Supersol (que acaba de hacer un ERE para 329 personas) a partir del mes que viene y esta misma semana Bon Preu revelaba que sus negociaciones con Eroski para comprar Caprabo no han fructificado; a ello se suma el futuro aterrizaje del grupo ruso MERE.