La prevención y el control biológico, claves para combatir las plagas en los invernaderos durante el otoño

La RAIF recomienda reforzar la vigilancia de Thrips parvispinus en pimiento y ajustar el manejo climático para reducir el riesgo de enfermedades fúngicas durante los meses más fríos

En tomate, la vigilancia debe centrarse en mosca blanca, Tuta absoluta, vasates y araña roja. / ARCHIVO

Valencia Fruits. Redacción.

La gestión integrada de plagas en los invernaderos durante el otoño requiere combinar la vigilancia de los cultivos, las medidas preventivas, el control biológico y el manejo de las condiciones ambientales. Así lo recoge la Red de Alerta e Información Fitosanitaria de Andalucía (RAIF), que destaca la importancia de adaptar las estrategias de control a la evolución de las temperaturas y a la situación de cada explotación para evitar que las plagas alcancen niveles perjudiciales.

Durante octubre, las temperaturas todavía favorecen el desarrollo de numerosas plagas. En los cultivos de pimiento, uno de los principales focos de atención es Thrips parvispinus, que alcanza un periodo de elevada presencia poblacional. En tomate, la vigilancia debe centrarse en mosca blanca, Tuta absoluta, vasates y araña roja, mientras que en cucurbitáceas conviene controlar trips, mosca blanca y pulgones.

La detección temprana mediante inspecciones sistemáticas y trampas cromáticas permite conocer la evolución de las poblaciones y decidir cuándo intervenir. Este seguimiento resulta especialmente importante al inicio del cultivo, cuando deben establecerse los enemigos naturales introducidos para el control biológico.

El descenso de las temperaturas modifica los riesgos

En noviembre, la bajada progresiva de las temperaturas ralentiza el desarrollo de algunas plagas, como Tuta absoluta, cuyas poblaciones disminuyen durante los meses invernales. Sin embargo, el aumento de la humedad relativa, asociado en parte a una menor ventilación para conservar el calor, puede favorecer enfermedades fúngicas como oídio, mildiu y podredumbre gris, especialmente en tomate.

Por ello, la RAIF señala la importancia de coordinar el manejo climático con la estrategia fitosanitaria. Ventilar cuando las condiciones lo permitan, evitar condensaciones prolongadas y ajustar el riego contribuye a mantener un ambiente adecuado para el cultivo y los organismos auxiliares.

Aunque el frío reduce la actividad de numerosas plagas en diciembre, no las elimina por completo. Además, las condiciones pueden variar considerablemente dentro de un mismo invernadero según la orientación, la proximidad a las puertas o el desarrollo de la vegetación. Por este motivo, la observación por sectores permite detectar focos que podrían pasar inadvertidos si se analiza únicamente la situación general de la explotación.

La prevención, primera barrera frente a las plagas

La hermeticidad del invernadero constituye una de las principales medidas preventivas. La RAIF recoge la importancia de instalar mallas en las aperturas laterales, las cumbreras y las puertas, revisar periódicamente su estado y reparar posibles roturas en el plástico. También recomienda disponer de sistemas de doble puerta o combinaciones de puerta y malla para reducir la entrada de insectos.

A estas medidas se suman la eliminación de malas hierbas y restos vegetales que puedan actuar como reservorios, la limpieza de herramientas y utensilios y la utilización de plantas procedentes de viveros autorizados, conservando su pasaporte fitosanitario. En los cultivos afectados por Thrips parvispinus, la retirada y gestión adecuada de los restos vegetales al finalizar el ciclo resulta especialmente importante para evitar su dispersión.

La nutrición también influye en la susceptibilidad del cultivo. Un exceso de nitrógeno puede favorecer un crecimiento excesivamente tierno y atractivo para plagas como pulgones y mosca blanca, mientras que el estrés hídrico o nutricional debilita la capacidad de respuesta de las plantas. La rotación de cultivos contribuye, asimismo, a interrumpir los ciclos de determinadas plagas.

Los enemigos naturales, eje del control integrado

El control biológico constituye una herramienta central de la gestión integrada, siempre que las sueltas se realicen en el momento adecuado y bajo condiciones compatibles con el establecimiento de los organismos auxiliares. También es necesario utilizar productos fitosanitarios selectivos que no comprometan su actividad.

Junto a las sueltas, el control biológico por conservación busca favorecer la presencia de depredadores y parasitoides mediante setos y plantas refugio. En este ámbito, el Instituto Andaluz de Investigación y Formación Agraria, Pesquera, Alimentaria y de la Producción Ecológica (IFAPA) ha evaluado 29 especies vegetales pertenecientes a 18 familias botánicas para identificar aquellas que pueden proporcionar refugio, néctar y polen a la fauna auxiliar durante el año.

Entre las especies consideradas figuran romero, lavanda, tomillo, mirto, bufalaga marina y palmito autóctono. Su combinación permite diseñar estructuras vegetales de distintas alturas y periodos de floración para mantener recursos disponibles para los organismos beneficiosos.

Cuando el seguimiento del cultivo justifique un tratamiento químico, este debe utilizarse como último recurso, con productos autorizados para el cultivo y la plaga, respetando las dosis, los plazos de seguridad y las restricciones aplicables. La alternancia de modos de acción también resulta fundamental para reducir el riesgo de aparición de resistencias.

La RAIF y los protocolos de Producción Integrada proporcionan referencias para realizar el seguimiento y registrar la evolución de las poblaciones. La decisión de intervenir debe tener en cuenta no solo la presencia de la plaga, sino también su densidad, distribución, el estado del cultivo, el riesgo de daños, la actividad de los enemigos naturales y las condiciones ambientales.

El objetivo de la gestión integrada no es eliminar todos los insectos del invernadero, sino mantener los organismos perjudiciales por debajo de niveles que comprometan la producción, preservando el equilibrio biológico y la rentabilidad de la explotación.