María Ángeles Herrero: “El problema de la falta de rentabilidad es una constante en los últimos años”

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Entrevista a la responsable de cítricos de Asaja Córdoba, María Ángeles Herrero

Maria Ángeles Herrero destaca que solo aproximadamente un 30% de los citricultores cordobeses está adherido a algún tipo de organización. / MAH

Nerea Rodríguez. Redacción.

Desde Asaja Córdoba, su responsable de cítricos, María Ángeles Herrero realiza un análisis de la realidad del sector de la provincia cordobesa. Una realidad que no dista mucho del resto de zonas productoras nacionales y que está condicionada por una falta de rentabilidad, falta de organización, escaso relevo generacional, una sequía que agrava la productividad y unas políticas, que como la del agua, no ponen en valor una actividad que demuestra año tras año, a pesar de todas las dificultades, ser clave para la economía del país, para la salud de la población, para los diferentes ecosistemas y como fijadora de población.

Valencia Fruits. ¿Cuál es el peso de la provincia de Córdoba dentro de la citricultura andaluza?

María Ángeles Herrero. Córdoba es la tercera provincia productora de cítricos de Andalucía por detrás de Huelva y Sevilla. Somos fundamentalmente productores de naranja, aunque también se produce pomelo, limón y mandarina, pero en volúmenes menores. Otra de las particularidades de la citricultura cordobesa y andaluza en general es la extensión de las parcelas. En comparación, por ejemplo, con la Comunidad Valenciana son más extensas, y aunque la media es de 9 hectáreas, es relativamente frecuente encontrar fincas de 30 a 50 hectáreas. 

VF. En el aspecto organizativo, ¿cómo se estructura el sector citrícola cordobés? 

MAH. Hay un gran problema organizativo o falta de unión en este aspecto. Solo aproximadamente un 30% de los citricultores cordobeses está adherido a algún tipo de organización debido a que estas, en muchos casos, no cumplen con sus expectativas, y la creencia general es que “piden más de lo que al final ofrecen”. 

Como miembro de una de estas organizaciones agrarias entiendo su postura. Lo ideal sería tener estructuras organizativas capaces de responder a las necesidades reales de los agricultores, defender sus precios, sus intereses… Sin embargo, en algunos casos estas asociaciones buscan su propia permanencia y no están adaptadas a estas necesidades. Esto no es fallo en sí de las propias organizaciones, sino que es un problema de planteamiento administrativo o de las exigencias que establece la Administración a la hora de crearlas. 

VF. ¿Esta falta de organización condiciona de algún modo la capacidad comercial de los citricultores andaluces? 

MAH. Es una realidad, aún hoy, que la comercialización es nuestra gran asignatura pendiente. Somos unos grandes productores de naranjas, pero no tenemos la capacidad de comercialización de los valencianos. De hecho, la Comunidad Valenciana comercializa una gran parte de la naranja que se cultiva en Córdoba. Es una sinergia histórica. Andalucía produce y Valencia produce y comercializa. 

VF. Otra de las particularidades en la citricultura andaluza es el peso de la industria. ¿Se trata de una salida rentable?

MAH. Es la segunda salida comercial para las naranjas cordobesas, aunque podría tener más peso si ofreciera precios más atractivos y continuados.

Es una salida que personalmente defiendo, pero que debería de regularse en cierta medida. Tradicionalmente, en años de buena cosecha los precios pagados por la industria no llegan a cubrir los costes de producción de los citricultores. Si pudiera garantizar un precio que permitiera al productor seguir cultivando sin perder rentabilidad en sus cosechas, Córdoba tiene la capacidad de abastecer a la industria con buenas naranjas para zumos y habría más citricultores dispuestos a especializarse en este tipo de cultivo. Sin embargo, hoy por hoy, no hay una continuidad en esa especialización precisamente por los precios percibidos. 

Por ejemplo, este año, con una menor cosecha general en todas las zonas citrícolas, el precio de la naranja para industria, en febrero, se ha situado en 0,27Ä el kilo. Una cifra más que ‘saludable’ para el productor, pero se trata de una cotización circunstancial. Para hacer la comparativa, el año pasado la industria pagó el kilo de naranja a 0,07Ä/kilo. Con ese precio, hubo agricultores que decidieron no recolectar porque perdían dinero. 

Con estas oscilaciones, los agricultores no pueden jugarse su cosecha a una sola carta.

VF. ¿Qué podemos decir de la evolución de la citricultura cordobesa?

MAH. De manera paulatina, la provincia ha pasado de cultivos extensivos como el algodón y el maíz a otras producciones como los cítricos con una nueva apuesta por la naranja y el consiguiente aumento de superficie. 

A día de hoy nos encontramos en un periodo de estabilidad. Con una superficie afianzada, el sector está inmerso en la transformación varietal. Se está alejando de las variedades más tempranas como las Navelinas y Salustianas, y se decanta por las naranjas tardías como las Lane, Powel, Valencias o Barberinas.

 También se observa una especialización en el cultivo buscando frutos de mayor calidad. 

“El relevo generacional es un problema en todas las zonas agrícolas sencillamente porque a día de hoy es una actividad que no tiene asegurada su rentabilidad”

VF. ¿Preocupa en Asaja Córdoba la falta de relevo generacional? ¿Se trata de una realidad que acecha a los citricultores de la provincia andaluza?

MAH. Es un problema generalizado en todas las zonas agrícolas sencillamente porque a día de hoy es una actividad que no tiene asegurada su rentabilidad, y los jóvenes buscan alternativas laborales fuera del campo. 

Si entre todos fuéramos capaces de sentar las bases para garantizar una rentabilidad mínima y continuada, habría más jóvenes dispuestos a gestionar las plantaciones familiares o simplemente optar por el campo como medio de vida. 

En nuestra provincia, al igual que en el resto, la agricultura es una actividad relegada a un segundo plano, que las nuevas generaciones en su mayoría mantienen por mero ‘romanticismo’. A pesar de ello, ponen todo su empeño en sacar adelante sus cosechas aplicando la experiencia de sus mayores, sus propios conocimientos y las nuevas tecnologías que el campo dispone. 

El problema es que la falta de rentabilidad es una constante en los últimos años, llegando a diezmar las economías familiares. Ante tal tesitura, la opción más realista, aunque triste, es dejar de producir y vender el terrero familiar. 

VF. ¿El agua es un problema también en Córdoba?

MAH. El mayor problema es la distribución del agua. Nuestra cuenca hídrica principal la componen los ríos Genil y Guadalquivir y en este punto, echamos en falta decisiones que tomen en consideración las necesidades de los agricultores y se valore más su contribución al ecosistema, al medio ambiente, etc… en vez de relegarlos al papel ‘del malo de la película’ como desgraciadamente está ocurriendo en los últimos años. 

Desde las administraciones, ya sea central o autonómicas, necesitamos políticas que aboguen por un plan hidrológico razonado, basado en la realidad que crudamente está trayendo consigo el cambio climático y que contemple planes alternativos como la construcción de desaladoras, ampliación de embalses, etc. 

“El tema del agua es una ‘patata caliente’ para los políticos y ningún gobierno se atreve a tomarla realmente en consideración”

La cuestión es que el tema del agua es una ‘patata caliente’ para los políticos y ningún gobierno se atreve a tomarla realmente en consideración. Simplemente se ponen parches con medidas que en su mayoría hacen más mal que bien. 

Estamos en un periodo de sequía y la triste realidad es que España no está preparada para afrontarla. Ya estamos viendo los primeros efectos con reducciones en las cosechas por falta de agua. Si no se adoptan medidas efectivas y valientes, el campo se resentirá aún más. 

Los agricultores no queremos que se limite la dotación de agua a la población. Lo que pedimos son herramientas para no se nos sequen nuestros cultivos y ver cómo mueren esos árboles que por años los hemos visto crecer y dar sus frutos. 

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