Menos arroz y más frutos secos: así cambiarán los cultivos en España por la sequía

PAMPOLS
CAECV 2024 ECOAUTÉNTICOS
BAYER ESTRATEGIA DE CÍTRICOS
HISPATEC

La sequía está obligando a los agricultores españoles a cambiar los cultivos allí donde sea posible

almendra

Los productores de secano no pueden hacer mucho más allá de intentar mitigar las pérdidas gastando menos en la recolección o la fertilización. / Óscar Orzanco

Efeagro/ Belén Delgado

La sequía actual está obligando a los agricultores españoles a adoptar medidas que, a largo plazo, pasan por cambiar los cultivos allí donde sea posible, reduciendo los que necesitan mucha agua como el arroz y optando por otros como los frutos secos.

Este año se están superponiendo tanto la sequía meteorológica, producida por la escasez continua de precipitaciones, como la de tipo agrícola, marcada por el déficit de humedad en el suelo

Este año se están superponiendo tanto la sequía meteorológica, producida por la escasez continua de precipitaciones, como la de tipo agrícola, marcada por el déficit de humedad en el suelo. Esto afecta a los cultivos de secano porque no llueve y a los de regadío (más del 60 % de la producción) porque se deben recortar sus dotaciones de agua ante el constante descenso del nivel de los embalses por debajo de lo normal, algo propio también de la sequía hidrológica.

Muchos productores han visto una merma en sus producciones y un incremento en sus costes; y se debaten entre sembrar en una menor superficie o incluso dejar de hacerlo si no les sale rentable.

Mejorar la adaptación

El agrónomo del Colegio Oficial de Ingenieros Agrónomos de Centro y Canarias Julián Martínez recuerda que la agricultura española es “una de las más desarrolladas del mundo” y está “muy bien adaptada” a las condiciones climáticas y los recursos disponibles, pero debe adecuarse todavía más a los episodios cíclicos de sequía, cada vez más recurrentes e intensos.

Considera que los productores de secano no pueden hacer mucho más allá de intentar mitigar las pérdidas gastando menos en la recolección o la fertilización.

Mientras, en el norte del país, la parte más húmeda, disminuyen los pastos y aumenta el precio de los forrajes para los ganaderos.

En cuanto a la agricultura de regadío, esta depende del agua de los embalses y los acuíferos, pero también de la desalación y la depuración, opciones que se están promoviendo en tiempos de sequía.

Además de mejorar la eficiencia del riego, Martínez apunta que en ese terreno sí puede haber modificaciones en los cultivos, ya que algunos como el arroz no van a poder regarse, con las pérdidas económicas que esto supone.

En el Bajo Guadalquivir, por ejemplo, los regantes van a dejar de regar el algodón y el tomate, los dos grandes cultivos de verano, y si el próximo año persiste la sequía tendrán que concentrar el agua disponible más en cultivos de invierno y primavera como el trigo y la remolacha, que solo necesitan unos riegos de apoyo, explica el experto.

Señala que, a largo plazo, tienen más potencial los árboles que requieren menos agua como el pistacho o el almendro, cultivos de alta rentabilidad que han tenido grandes inversiones en los últimos años.

Ha ocurrido en Andalucía, donde también en los últimos años se ha sustituido el cultivo de maíz por el de hortalizas, frutales y olivar.

Martínez añade que el olivo está haciendo “esfuerzos tremendos” regando con muy poca agua por goteo, al igual que la fruticultura, donde se aplica el riego deficitario en los momentos más críticos para salvar las plantaciones.

Planificación a largo plazo

El profesor de Producción Vegetal de la Universidad Politécnica de Madrid (UPM) Carlos Hernández coincide en que, si hay menos agua, el agricultor puede optar por cultivos que consuman menos ese recurso, pero en casos como el olivar o el viñedo es más complicado, al ser cultivos leñosos o permanentes que requieren unas dotaciones mínimas.

Carlos Hernández afirma que “muchas medidas de emergencia”, pero echa de menos otras “más estructurales para garantizar el suministro”

Sobre los esfuerzos actuales para combatir la sequía en el campo, Hernández ve “muchas medidas de emergencia”, pero echa de menos otras “más estructurales para garantizar el suministro”, entre las que destaca un pacto de Estado sobre el agua y no solo a nivel de las cuencas hidrográficas.

Cree necesario hacer una planificación hidrológica con un horizonte temporal “muy amplio”, no solo inversiones cada tres o cuatro años, y llama a aplicar esa visión estructural a la modernización del regadío y a la revisión del reparto del agua entre los distintos usos.

Hernández recomienda avanzar en las previsiones meteorológicas para que los agricultores de secano puedan tomar mejores decisiones y, en el caso del regadío, optar si se puede por productos de más valor añadido como las hortalizas, frutas y verduras, que pueden suponer una “ventaja en condiciones de menor disponibilidad de agua”.

Los expertos insisten también en la necesidad de emplear el riego de precisión, reutilizar el agua en el campo, reducir las pérdidas por evaporación, ajustar los calendarios agrícolas a las nuevas condiciones y seleccionar variedades con menos necesidades hídricas y más tolerancia al calor y la salinidad.