“Mercosur, cuestión de dignidad”, por Cirilo Arnandis

El Presidente de Frutas y Hortalizas de Cooperatives Agro-alimentàries, Cirilo Arnandis, opina sobre el acuerdo con Mercosur 

La delegación de la Unión Europea en la firma del acuerdo con Mercosur estuvo encabezada por la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen. / UNIÓN EUROPEA

Cirilo Arnadis (*)

Nadie podía imaginar, cuando apenas han pasado unos días desde que nos estábamos comiendo las uvas de fin de año, que este mundo iba a cambiar tanto en tan poco tiempo. Si bien la llegada de Donald Trump a la presidencia de los Estados Unidos ya fue un elemento de disrupción que ha generado gran incertidumbre —tan solo hay que recordar su cruzada con los aranceles—, el inicio de 2026 está deparando toda una cascada de acontecimientos en el contexto geoestratégico internacional. La Unión Europea, en una especie de quiero y no puedo, hace todos los intentos de posicionarse en este contexto, siendo el Acuerdo de Mercosur uno de los temas que le ocupa en este momento. Quizás no sea el más grave, con permiso de Groenlandia, pero sí que es una de las cuestiones que desde Bruselas se han propuesto cerrar en breve.

“Se puede afirmar que los agricultores europeos son, una vez más, los grandes perdedores de un acuerdo internacional que firma la UE. Y no hay duda que Mercosur supone una oportunidad de negocio para la economía comunitaria, pues agilizar un mercado de 723 millones de consumidores, que supone el 20% del PIB mundial, no es una cuestión baladí. Pero también es cierto que algunos sectores productivos agrarios comunitarios van a quedar más que tocados en su competitividad”

“A modo de resumen, parece evidente a la vista del actual panorama en el contexto global, que ni la agricultura ni su PAC son los temas que más ocupan y preocupan ni a Bruselas ni a los distintos Estados miembros. A menos que se den cuenta que, en cualquier conflicto, es esencial asegurarse el suministro de alimentos. Y para ello, no se le puede dar una nueva patada en el culo a la agricultura europea con beneficio de otros sectores económicos y de las producciones extra-comunitarias. Un poco de dignidad, y que no nos vendan ninguna milonga”

No voy a repetir lo que ya se ha escrito en infinidad de medios en relación con lo acordado y con el recorrido que debe de realizar por las distintas instancias administrativas comunitarias. Ni siquiera el posicionamiento político de cada uno de los Estados socios comunitarios, y que viene condicionando su voto, ya sea favorable o contrario al acuerdo. No obstante, sí que conviene dejar claro algunas cuestiones, por más que sean bastante evidentes. A modo de resumen, se puede afirmar que los agricultores europeos son, una vez más, los grandes perdedores de un acuerdo internacional que firma la Unión Europea. Y no hay duda que Mercosur supone una oportunidad de negocio para la economía comunitaria, pues agilizar un mercado de 723 millones de consumidores, que supone el 20% del PIB mundial, no es una cuestión baladí. Máxime cuando se trata del mayor acuerdo que la Unión Europea ha firmado, superando los rubricados con Japón o Canada. Pero también es cierto que algunos sectores productivos agrarios comunitarios van a quedar más que tocados en su competitividad.

“Una vez más, los sectores industriales y de servicios de la Unión Europea ganan con este acuerdo. Al mismo tiempo, una vez más, los agricultores de la Unión Europea ven como Bruselas les hace cada vez más difícil producir y comercializar en su mercado natural, el espacio comunitario”

Una vez más, los sectores industriales y de servicios de la Unión Europea ganan con este acuerdo. Al mismo tiempo, una vez más, los agricultores de la Unión Europea ven como Bruselas les hace cada vez más difícil producir y comercializar en su mercado natural, el espacio comunitario. Aquí es donde hay que centrar el foco, denunciando que las compensaciones que se afirma que se le han concedido al sector productor agrario europeo, como compensación a la firma de este acuerdo son, en el mejor de los casos ineficientes. Se repite la historia de lo ya acontecido con Marruecos en el caso del tomate, donde los contingentes y precios de entrada son papel mojado. De igual manera, hay que incidir en lo que sucede en los cítricos con Egipto. Y eso por no hablar de Sudáfrica, que pese a tener producciones de contraestación, y gracias el desarme arancelario progresivo, incide cada vez más en el desarrollo de las campañas citrícolas en Europa. 

Es evidente que la presidenta de la Comisión Europea se ha tomado el tema de Mercosur como estratégico, so pena de evidenciar un fracaso político y una situación de debilidad al frente de la Comisión Europea. En los tiempos que corren, no podría hacerlo de modo tan claro. Así, la Sra. Von der Leyen puso en marcha una doble estrategia. A saber, dividir el problema y otorgar nuevas concesiones al sector agrario, ya sea en el contexto del acuerdo o por lo que respecta en relación con la PAC. El objetivo no era otro que ablandar el posicionamiento de dos de los grandes, caso de Italia y Francia, que mostraban su rechazo por el agravio que sufrirían con el mismo sus agricultores. Esta estrategia no le sirvió en el caso de Francia, pero sí en el de Italia, cuyo cambio en el sentido de su voto permitió alcanzar la mayoría cualificada necesaria para superar la situación de bloqueo existente. Y es que para que en el seno del Consejo se pudiera dar el visto bueno, se necesitaba el voto favorable del 55% de Estados miembros, y que además supusieran el 65% de la población comunitaria.

En toda esta vorágine, el Consejo ha elaborado una estrategia consistente en autorizar la firma de un Acuerdo de Asociación UE-Mercosur (EMPA, por sus siglas en inglés), que combina los pilares de diálogo político, cooperación y comercio. Y, por otra parte, un Acuerdo Comercial Interino (ITA, por sus siglas en inglés), que contiene los compromisos en materia de comercio e inversión. Este último está diseñado para aplicarse antes de la entrada en vigor del EMPA. Así, mientras los distintos Gobiernos y Parlamentos europeos dirimen si ratifican, o no, el Acuerdo global, el Acuerdo Comercial Interino, que es como una especie de acuerdo independiente que se sustenta en las competencias propias de la Comisión —sin necesidad de ratificación por parte de los Estados miembros—, permitirá el inicio de las nuevas relaciones comerciales entre las dos partes del Atlántico. Es decir, la cuestión mollar, que no es otra que la relación comercial, en la que nuestro sector productor tienen todas las de perder, está servida a la espera de que se pueda llegar a pactos en temas como seguridad sanitaria y fitosanitaria, medioambiente, cuestiones laborales, valores europeos, involucración de la sociedad civil o transparencia, en donde sí que se podría equilibrar la balanza de algún modo.

Para intentar ganarse a los países agrarios y a sus organizaciones, la Comisión presentó en octubre una propuesta de Reglamento que establece cláusulas de salvaguardia para los productos más sensibles del acuerdo. Tras semanas de procedimiento, el 17 de diciembre de 2025, el Consejo y el Parlamento Europeo alcanzaron un acuerdo sobre el mismo. La cláusula (derogar los beneficios arancelarios) se aplicaría a una serie de productos bajo unas condiciones. La buena noticia es que, a petición del Parlamento Europeo, los cítricos pasan a ser considerados como productos sensibles. Con ello se benefician de esta nueva propuesta, por la que Bruselas podría adoptar medidas caso de incrementarse las importaciones procedentes de Mercosur, o los precios, en un 5%, y con unos plazos mucho más reducidos. Estas medidas, que sobre el papel parecen adecuadas, quedan carentes de eficacia en la medida que para su adopción es necesaria la iniciativa política, y que supone un desarrollo de aprobación, que cuando de verdad se pueden aplicar, el daño ya está hecho. Recordemos lo que hace Sudáfrica, que cuando se ponen en evidencia, dicen que, como señal de buena voluntad, cesan sus importaciones, cuando el grueso ya ha salido de origen. Por si fuera poco, el canciller paraguayo, Rubén Ramírez Lazcano, aseguró en una rueda de prensa que estas medidas de salvaguarda no forman parte del Acuerdo.

En esta misma línea de atraer al sector, y seguro que teniendo en consideración las movilizaciones de los agricultores, en especial la del día 18 de diciembre en Bruselas, el Consejo de ministros celebrado el día 7 de enero aprobó un compendio de propuestas que la Comisión ha lanzado y que están encima la mesa para el sector agrario, y otras que planteará a corto plazo. Destacar la referencia a la PAC, que no hace más que cambiar de escenario una propuesta ya conocida, y que tan solo incluye la posibilidad de flexibilizar fondos, y de disponer de liquidez con dinero que estaba previsto que viniera más tarde. En su manera cotidiana de hablar con verdades a medias, la Comisión insiste en presentar esta propuesta como positiva, con instrumentos de salvaguardia reforzados, con un refuerzo del principio de reciprocidad y con una simplificación normativa, pero ya hemos visto que son ineficientes, cuando de alguna de ellas no pasa más que del titular. Lo que está claro es que para proponer este compendio de medidas no era necesario un clima de tensión. A decir verdad, hay que alabar la propuesta de excepción del pago de la tasa de carbono en frontera sobre los fertilizantes.

A modo de resumen, parece evidente a la vista del actual panorama en el contexto global, que ni la agricultura ni su PAC son los temas que más ocupan y preocupan ni a Bruselas ni a los distintos Estados miembros. A menos que se den cuenta que, en cualquier conflicto, es esencial asegurarse el suministro de alimentos. Y para ello, no se le puede dar una nueva patada en el culo a la agricultura europea con beneficio de otros sectores económicos y de las producciones extracomunitarias. Un poco de dignidad, y que no nos vendan ninguna milonga.

(*) Presidente de Frutas y Hortalizas de Cooperatives Agro-alimentàries