Miguel Ángel del Amor: “Razón y ser de la nueva planificación hidrológica”

Bioibérica CT
Fedemco 2021 01

Miguel Ángel del Amor analiza en este artículo las consecuencias que el nuevo Plan Hidrológico tendrá sobre el regadío

Dentro del borrador del nuevo Plan Hidrológico Nacional, el trasvase Tajo-Segura preocupa especialmente al agro español. / ARCHIVO

Miguel Ángel del Amor (*)

Estamos ante la culminación del tercer ciclo de planificación que empezó con la elaboración de los “Documentos Iniciales de cada Demarcación”, en los que se realizó un estudio y diagnóstico de cada demarcación hidrológica analizando las masas de agua y las presiones e impactos a las que están sometidas.

En una segunda fase se elaboró el “Esquema de Temas Importantes” donde se describen los problemas que impiden alcanzar los objetivos de la planificación en cada demarcación e intenta plantear alternativas para solucionarlos.

Ahora nos encontramos con la reciente publicación del borrador de proyecto de Plan Hidrológico de cada cuenca hidrográfica con objetivos muy marcados anunciados por la ministra para la Transición Ecológica y Reto Demográfico. Unos objetivos claramente indicados en este borrador que persiguen alcanzar el buen estado de las masas de agua de los ecosistemas y de la biodiversidad, la eliminación de la contaminación y la atención de las demandas compatibles con el buen estado y los efectos del cambio climático.

“Los objetivos claramente indicados en el borrador persiguen alcanzar el buen estado de las masas de agua de los ecosistemas y de la biodiversidad, la eliminación de la contaminación y la atención de las demandas compatibles con el buen estado y los efectos del cambio climático”

Los planes, por tanto, identifican las zonas protegidas, evalúan el estado de las masas de agua y los objetivos ambientales a cumplir, estableciendo posteriormente los programas de medidas para la consecución de los objetivos planteados, todo bajo la bandera del cambio climático. Y, como bien saben, este es un proceso que se repite cada 6 años.

Tras esta breve introducción de cómo hemos llegado hasta aquí, indicarles también lo que han significado los anteriores planes, los cuales conllevan asociados una relación de actuaciones enumeradas y cuantificadas y que, según indicaba Fenacore en una nota de prensa de diciembre de 2020, señalan que los 25 planes hidrológicos revisados en el segundo ciclo (2015-2021) que incluyen 11.224 medidas y una inversión prevista de 22.332 millones de euros. Sin embargo, según los últimos datos disponibles, hasta diciembre de 2018 únicamente se habían finalizado el 7% de las medidas, con una inversión ejecutada de 3.650 millones de euros, aproximadamente el 16%, cuando el periodo transcurrido superaba el ecuador temporal del plan, añadiendo que poco más se ha realizado hasta el día de hoy
Partiendo de la premisa de que es la primera vez que los planes de cuenca se encuentran con una coyuntura totalmente diferente respecto a los anteriores y son los fondos de recuperación económica y resiliencia europeos, parecidos a un Plan E, y que al parecer el Miteco ya tienen asignados a determinados proyectos con la única salvedad que para poder ser subvencionados deben de estar finalizados en 2026, nos encontramos con una posibilidad de que se realicen las acciones planificadas. Pero desgranando los planes y apreciando las prioridades, probablemente las ejecuciones no vayan dirigidas a los mayores usuarios del agua, el regadío, sino a actuaciones medioambientales y, como siempre y a pesar de prodigarlo mil veces el Miteco, no al origen.

Veo cómo, una vez más y a pesar del arduo trabajo de los funcionarios de las Confederaciones Hidrográficas, los planes vuelven a fallar en la base, la falta de datos estadísticamente representativos o, lo que es peor, la base fundamental de la digitalización que tanto promulgan.

¿Sabían que la cuenca hidrográfica del Segura es la que mayor número de contadores en las tomas de regadíos tiene?, pregunten al resto.

“Desgranando los planes y apreciando las prioridades, probablemente las ejecuciones no vayan dirigidas a los mayores usuarios del agua, el regadío, sino a actuaciones medioambientales y, como siempre y a pesar de prodigarlo mil veces el Miteco, no al origen”

El número de piezómetros o medidores de altura de agua en el acuífero es ridículo en las cuencas o de aforos en ríos para un correcto seguimiento o, lo que aún es más inquietante, el número de análisis completos con una frecuencia regular a las masas de agua, superficiales o subterráneas, en número necesario para que estadísticamente sean representativas.

No se puede pretender realizar un análisis base sin tener los datos suficientes y necesarios para obtener conclusiones concluyentes.
Otro punto es el de separar en dos ministerios las competencias en agua, quedándose aislados los regadíos en el Ministerio de Agricultura y del resto de usos que quedan (abastecimiento población, energéticos, industriales) en el Miteco.

Además, como ustedes podrán apreciar en clara desventaja, a pesar de que el ministro Planas anuncie el viernes pasado un Plan de Modernización de Regadíos a través de la Seiasa y cuya ejecución la hará Tragsa con una media económica claramente más elevada que si se realizase bajo licitaciones públicas.

“Los planes vuelven a fallar en la base, la falta de datos estadísticamente representativos o, lo que es peor, la base fundamental de la digitalización que tanto promulgan. (…) No se puede pretender realizar un análisis base sin tener los datos suficientes y necesarios para obtener conclusiones concluyentes”.

Años atrás el agua no disponía de presupuesto, pero ahora no dispone de sus mayores consumidores.

El regadío, según fuentes del propio Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación tiene actualmente 1,5 millones de hectáreas modernizadas de las 3,8 millones que tienen derecho a regarse, otorgando a España el primer lugar en la Unión Europea en superficie regable, tal vez porque en otros países llueve tanto que no necesitan regar.

Nuestro potencial y aprovechamiento en el uso del agua llama la atención, la superficie regable de España supone el 23% de la cultivable, pero genera el 65% de toda la producción final agrícola.

En España el consumo total del regadío es de cerca de 14.900 hectómetros cúbicos(algo más del doble de lo que almacena hoy por hoy la cuenca del Tajo) y desde 2002 a 2016 el consumo se ha disminuido gracias a la tecnificación o modernización de los regadíos un 14%, cerca de 2.100 hm3, o, lo que es lo mismo, cuatro veces el total de agua embalsada en toda la cuenca del Segura.

Por todo esto es por lo que resulta curioso que el Mapa presentase el viernes pasado un plan de inversión en modernización de regadíos apoyado por el Plan de transformación, recuperación y resiliencia para su ejecución en 3 años que pretende modernizar 100.000 hectáreas, pero que en realidad son en su mayoría actuaciones de eficiencia energética o similares y tan solo 29.000 hectáreas serán las efectivamente modernizadas en cuestión de eficiencia en el uso agua.

Y si nos fijamos en los programas de actuación dentro de los planes, resulta inquietante apreciar cómo se desvían actuaciones de uso de agua agrícola fuera del Miteco.

“La superficie regable de España supone el 23% de la cultivable, pero genera el 65% de toda la producción final agrícola. (…) Desde 2002 a 2016 el consumo se ha disminuido gracias a la tecnificación o modernización de los regadíos un 14%”

Nos encontramos con unos planes que promulgan un nuevo cambio de mentalidades en al agua, pero lo que realmente esconden es una nueva prelación en el uso del recurso colocando en primer lugar (medio ambiente-energía-abastecimiento) y después el resto.

Es aterrador apreciar como el eslogan de aquel antiguo refrán de que cada palo aguante su vela llega a límites insospechados echando de menos un verdadero Plan Hidrológico Nacional del que les aseguro que sobraría agua en España para satisfacer todos los usos, ser más responsables medioambientalmente y, sobre todo, transparentes. Como debería ser el agua.

En próximas entregas se lo iré demostrando.

(*) Ingeniero Agrónomo

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