El plátano de Canarias se rodea de insectos amigos para salir adelante

Bayer estrategia de cítricos
CAECV 2024 ECOAUTÉNTICOS

En la finca del agricultor Aarón González en Tenerife, la producción de plátanos es un trabajo “artesanal” que desde el año pasado incluye la lucha biológica contra las plagas como opción frente al uso de químicos

Presencia de una plaga en una hoja de platanera. Efeagro/Belén Delgado

Belén Delgado. Efeagro.

No hay maquinaria que valga para recoger las piñas que cuelgan de las plataneras, que emergen cada pocos metros sobre un suelo cubierto de rastrojos que crujen bajo los pies.

Allí González está liberando de forma controlada insectos beneficiosos que atacan plagas como la araña roja o la cochinilla, una práctica que le obliga a estar en contacto estrecho con los técnicos, analizar constantemente las condiciones de su plantación y “seguir aprendiendo”.

Cuenta que decidió dar el paso no solo empujado por la normativa europea, que tiende a reducir las sustancias activas autorizadas y restringir su aplicación, sino también porque los métodos biológicos no causan daños a la salud ni al medioambiente.

Así, ya no tiene que poner en cuarentena las parcelas ni los trabajadores necesitan llevar equipos de protección al no entrar en contacto con los químicos, que además se han vuelto menos eficientes al reducirse su toxicidad.

González dedica una de las cinco hectáreas que tiene a un ensayo que lleva unas semanas de tratamiento y forma parte de un proyecto europeo juntos a otras fincas demostrativas de control biológico.

Aunque todavía no tiene unos resultados que permitan asegurar el control total de las plagas, reconoce que este año está siendo mejor que el anterior porque apenas han aparecido daños en la fruta por el momento.

Cambio de mentalidad

La responsable técnica de la Asociación de Organizaciones de Productores de Plátanos de Canarias (Asprocan), Esther Domínguez, explica que el control biológico está cada vez más extendido entre los agricultores de las islas, que lo ven como una “opción de futuro y de presente” si bien requiere un “cambio de mentalidad”.

El uso de insectos depredadores y parasitoides, junto a las feromonas y otros métodos no químicos con los que prevenir y tratar, son prioritarios en la gestión integrada de plagas, que obliga al bajo consumo de productos fitosanitarios en focos puntuales como último recurso.

El control biológico requiere el conocimiento de todos los ciclos naturales, un trabajo continuo de mantenimiento, el desarrollo de una cultura de la prevención y la adaptación de las sueltas de insectos al estado del cultivo, según Domínguez.

“Es importante que los productores tengan acceso a todas las opciones, que las conozcan y que pierdan el miedo a un método que será exclusivo en el tratamiento de las plagas”, por lo que es “vital” el asesoramiento, asegura la experta.

El delegado de la empresa comercializadora de este tipo de soluciones Koppert en Canarias, Rudy Llarena, señala que hace falta un trabajo profesional y el acompañamiento de los productores ante un reto “brutal”, con una superficie de más de 8.000 hectáreas de plataneras en las islas que ninguna empresa comercial va a poder absorber por sí sola.

Plantas más resistentes

Cada día se envían a la península un millón de kilos de plátano de Canarias, gracias al trabajo de más de 7.000 productores.

El proceso empieza mucho antes, con la obtención misma de la planta, como hace mediante técnicas de multiplicación “in vitro” la empresa Cultesa, participada por el cabildo insular y el capital privado.

El responsable de Investigación y Desarrollo de Cultesa, Leonardo Amador, precisa que seleccionan material vegetal de alta calidad para reproducirlo a gran escala, y así venden millones de plantas a los productores, principalmente de Tenerife, Gran Canaria y La Palma, evitando los riesgos que conlleva la importación de material.

Además del laboratorio en el que se seleccionan y se multiplican las mejores plantas, con ausencia de virus, se emplean cámaras de crecimiento, “hoteles de cinco estrellas con condiciones óptimas que albergan las plantas hasta que luego estas pasan a los viveros, hostales donde tienen que aprender a adaptarse al ambiente”, apunta Amador.

La trazabilidad desde el inicio, la clasificación por tamaños para lograr plantas más o menos homogéneas (así cuesta menos trabajar con ellas) y los análisis continuos de datos son aspectos clave del proceso.

Cultesa está colaborando este año con Koppert para desarrollar plantas reforzadas frente a ciertos hongos y ensaya un cultivo en ecológico para que los agricultores dispongan de más oferta.