Volver al origen para liderar el futuro

La Secretaria del CAECV y presidenta de INTERECO, Regina Monsalve, nos muestra conversaciones que ha mantenido con el sector de la agricultura ecológica

El CAECV ha impulsado una estrategia de mejora interna para reforzar la coherencia entre función certificadora y modelo organizativo. / Fotos: CAECV

Por Regina Monsalve Mayans (*)

Hay conversaciones que no se olvidan. No porque sean especialmente formales ni porque estén preparadas. Sino porque, en un momento dado, alguien dice algo que te obliga a parar.

Eso es lo que me ha ocurrido en los últimos meses, recorriendo la Comunitat Valenciana, escuchando a quienes hoy están sosteniendo —y liderando— la agricultura ecológica desde sus territorios y desde sus empresas.

No he encontrado un discurso único.

He encontrado realidades distintas.

Pero todas con un mismo hilo: la responsabilidad.

“¿Qué pasa si todo lo de fuera falla?”. Recuerdo perfectamente el momento.

Estábamos hablando de mercados, de exportación, de crecimiento… cuando Manuel García Portillo lo planteó casi en voz alta:

—Si se cierran las fronteras… ¿qué pasa? Si falla la logística… ¿qué hacemos?

No era una pregunta retórica. Era una reflexión desde la experiencia.

Manuel no viene del ecológico. Viene de liderar, de construir empresa, de competir en mercados globales. Y precisamente por eso su decisión de apostar por el proyecto Origen, recuperando fincas familiares y orientándolas hacia la producción ecológica, tiene un valor especial.

Porque no responde a una tendencia. Responde a una convicción.

—Volver al origen no es retroceder, me dijo después. Es entender que muchas cosas ya funcionaban… y quizá mejor de lo que creemos.

En esa frase hay una clave que explica mucho de lo que está ocurriendo hoy en el sector.

Castellón: cuando producir es no abandonar

Días después, en el norte de Castellón, la conversación era muy distinta.

Con David Taus, en sus explotaciones del Baix Maestrat y al frente de Pobill Ecològics, no hablábamos de estrategia global. Hablábamos de tierra.

De parcelas que se recuperan.

De olivos que vuelven a producir.

De algarrobos que recuperan valor.

—Esto no es crecer, me decía. Es no dejar que el territorio desaparezca.

Y entendí que en Castellón la agricultura ecológica tiene otro significado.

Aquí no es una opción de mercado.

Es una forma de permanencia.

Pobill Ecològics no es sólo una empresa. Es un proyecto que conecta producción, transformación y comercialización con algo más profundo: el vínculo con el territorio. Y ahí es donde el modelo ecológico encuentra toda su coherencia.

Valencia: medir para poder defender

En Valencia, mi conversación con Manuel continuó. Pero desde otro plano.

Porque si algo he defendido siempre es que la agricultura ecológica no puede basarse sólo en el discurso. Tiene que basarse en datos.

Durante años hemos tenido que demostrar que este modelo funciona.

Hoy podemos medirlo. Medimos la huella de carbono. Medimos la eficiencia.

Medimos el impacto real. Y eso cambia completamente el escenario.

—Medir es defender, le dije en un momento de la conversación.

Defender al agricultor. Defender el territorio. Y defender un modelo que hoy no sólo es sostenible, sino competitivo. El diálogo entre ambos no es una confrontación. Es una evolución natural del sector. De la intuición… a la evidencia.

Alicante: competir desde la excelencia

Y, después, Alicante. Monóvar. La Bodega Cooperativa Santa Catalina del Mañán. Y Alfredo Sogorb. Allí la conversación volvió a cambiar. Más directa. Más empresarial. Más enfocada al mercado.

—El producto ecológico tiene que llegar al consumidor en todos sus formatos, me dijo.

Y no es una frase menor.

Alfredo representa a una cooperativa que ha sabido hacer algo muy importante: transformar y posicionar. No basta con producir bien. Hay que saber llegar.

Aceites, vinos, transformación, exportación… El modelo del Mañán es un ejemplo claro de cómo el ecológico puede competir en los mercados más exigentes.

—Las plantaciones siguen creciendo. Esto no se ha parado, añadió con una seguridad que sólo da la experiencia.

En Alicante, la agricultura ecológica ha dejado de ser una alternativa para convertirse en una estrategia empresarial sólida.

Tres territorios. Tres realidades. Un mismo compromiso

Después de estas conversaciones, uno entiende mejor lo que significan realmente las cifras.

Porque sí, la Comunitat Valenciana lidera. Pero no lidera por casualidad. Lidera porque ha sabido hacer algo muy difícil: convertir sus debilidades en fortalezas.

El minifundio. La diversidad de cultivos. La variabilidad del territorio. Todo aquello que durante años se consideró un problema, hoy es la base de su diferenciación.

Castellón resiste. Valencia mide. Alicante posiciona. Y entre las tres construyen un modelo único.

Los que estuvieron… y los que llegan

Hay algo más que me ha llamado la atención en estos últimos años. Se están incorporando nuevos empresarios. Personas que han tenido éxito en otros sectores. Que no venían del campo. Y que han decidido volver.

Y cuando hablas con ellos, el discurso se parece mucho al de quienes empezaron hace treinta años. No hablan sólo de negocio. Hablan de control. De independencia. De no depender completamente de lo que viene de fuera. Hablan, sin decirlo, de soberanía alimentaria. 

La calidad como punto de encuentro.

Si algo une a todas estas voces es esto: nadie habla ya de producir más, todos hablan de producir mejor. Y ahí es donde la agricultura ecológica ha dado el salto. Porque el ecologismo no es una limitación. Es la vía hacia la excelencia. Y, al final, una decisión personal.

Si tuviera que resumir todo en una idea, no hablaría de mercado. Ni de normativa. Ni siquiera de sostenibilidad. Hablaría de decisiones.

La de Manuel, volviendo al origen desde la empresa. 

La de David, manteniendo vivo el territorio desde Pobill Ecològics. 

La de Alfredo, posicionando el producto desde la Cooperativa del Mañán.

Y la de tantos otros que no salen en esta crónica, pero que cada día hacen lo mismo. Decidir quedarse. Decidir apostar. Decidir cuidar. Porque, al final, la agricultura ecológica no es una etiqueta. Es una forma de estar en el territorio.

Y, sobre todo, es una forma de asumir la responsabilidad de lo que dejamos.

* Secretaria del CAECV y presidenta de INTERECO

Acceso al artículo en las páginas 4-5 del dossier de Agricultura Ecológica en el ejemplar de Valencia Fruits.