Ya no somos los primeros, ¡pero lo seremos!

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Cirilo Arnandis

La actual campaña citrícola está siendo mala. No cabe otro apelativo.

cítricos

En este artículo Cirilo Arnandis detalla la actual situación de la exportación citrícola y deja abierta la puerta a un futuro más prometedor.

Las causas ya se han expuesto reiteradamente, incluso aquí mismo, tratándose de una serie de circunstancias que, actuando de modo conjunto, traen como consecuencia un escenario que depara pocas alegrías. Si a ello le sumamos que ya estamos en precampaña electoral ante la próxima cita a las urnas del mes de mayo, con el consiguiente uso político que se hace de un sector en crisis y, además, hay quien se empeña en buscar un único culpable en latitudes lejanas, el resultado es un caldo de cultivo que fácilmente provoca movilización social y de los medios de comunicación.

No en vano, el sector de los cítricos es crucial para España. Somos el primer productor de la Unión Europea y el sexto a nivel mundial, representando más del 30% de la superficie de fruta en España. Es un sector clave en el desarrollo económico y colectivo de las regiones productoras, y con valores adicionales como el arraigo cultural que goza en sociedades como la de la Comunidad Valenciana. Se trata de una actividad clave en la exportación. Nuestro principal destino es la Unión Europea, lo que no impide que sea capaz de llegar con nuestro producto a más de 60 países extracomunitarios. Este conjunto de países solo representa alrededor del 10% del total comercializado fuera de España, porcentaje y volumen que, superando las dificultades, va aumentando paulatinamente. 

Pese a todo, la deriva en la que está sumido el sector, viene dejando al descubierto una serie de hechos que, de modo especial en esta campaña, han hecho saltar algunas alarmas. Y es que el mundo global cambia y evoluciona a velocidad de vértigo y, si no reaccionas al mismo tiempo, cuando te das cuenta, te llevas la desagradable sorpresa de que puedes estar perdiendo peso en el mercado. Un hecho cierto es que España ha pasado de representar el 70% del suministro de cítricos a la UE en el 2012, al 60% en el 2017. Además, España ya no es el principal exportador de naranjas del mundo, cediendo ese primer puesto, ese lugar de privilegio, a Egipto.

Distintos son los factores que están incidiendo en la evolución y el desarrollo comercial de nuestra citricultura, y no todo es culpa de los de fuera, que también tiene su parte alícuota de responsabilidad. Poner en evidencia de modo público nuestras debilidades no parece lo más oportuno, eso debe de quedar para un serio análisis interno, del mismo modo que hacen nuestros competidores no evidenciando sus puntos débiles. No obstante, sí que estaremos fácilmente de acuerdo en considerar como cuestiones necesarias una mayor integración sectorial, como también hacen nuestros competidores extracomunitarios. La figura, por ejemplo, de la organización interprofesional, nos permitiría aprovechar la política de promoción de la UE, que cada año aumenta su presupuesto para los productos agrarios, y que se llevan otros, además de inversiones en innovación mediante el Programa Horizon 2020, entre otras cuestiones de interés.

La tipología de nuestros agricultores y de sus explotaciones no hace más que redundar en la necesidad de que los agricultores se asocien y apuesten por las figuras de las organizaciones de productores, pieza angular de la PAC, y trasladada también a otros sectores productivos de la agricultura comunitaria. Con ello, les permitirá ganar dimensión en el mercado, aumentar el valor añadido de sus producciones, reducir costes de producción y aprovechar las oportunidades que el mercado global presenta. Las OPFH se muestran como un instrumento esencial para que los agricultores puedan mantener su competitividad y aumentar su peso en la cadena alimentaria. 

Si bien es necesario un análisis de puertas adentro, también es cierto que existen otros factores externos que están incidiendo de modo muy directo en nuestra competitividad. La política comercial de la UE no está teniendo en cuenta de modo suficiente algunos aspectos de los intereses de este sector, clave para España y para Europa, por su aportación positiva al balance comercial europeo. Son continuados los esfuerzos e intentos del sector en su conjunto, y del sector cooperativo en particular, de poner a los cítricos en el centro de la agenda política de Madrid y de las distintas instituciones de la Unión Europea. Sin embargo, a pesar de conseguir que se valoren los intereses del sector, las decisiones finales en algunos dosieres distan de ser positivas. Pongamos algunos ejemplos.

El 5 de febrero del 2018 entró en vigor el acuerdo, firmado el 10 de junio de 2016, entre la UE y Suráfrica llamado, Souther African Development Community, después de varios años de negociaciones, el cual integra tambien a otros países del sur de África como son, Botsuana, Lesoto, Mozambique y Namibia. La UE tiene fuertes intereses económicos generales en estos países y de modo especial en Suráfrica, país que absorbe la mayor parte de las exportaciones europeas en la región. Casualmente, este país es un gran productor de cítricos, y principal proveedor de la UE. La Comisión Europea realizó durante las negociaciones altas concesiones en naranjas, eliminando  progresivamente los aranceles de importación, y sin ningún estudio de impacto que detectara el incremento de tensión comercial al inicio de la campaña citrícola española. Pese a las alertas del sector, no solo español, primaron otros altos intereses económicos.

Pese a que no faltan voces, para las que cualquier excusa les vale para acusarnos de proteccionistas y de obstrucción al comercio, sin ser cierto, lo que no tiene defensa de ningún tipo es modificar constantemente la normativa fitosanitaria para facilitar el acceso a un origen al que, de modo sistemático, se le detectan envíos contaminados con plagas de cuarentena. Con ello no se hace más que poner en riesgo, de modo innecesario e imprudente, la seguridad fitosanitaria de nuestras explotaciones. La “Xylella”, desgraciadamente, ya campa por los campos españoles y europeos, y el insecto vector del “greening”, ya está presente en la Península Ibérica. 

Tan solo otros intereses explican que la Comisión Europea legisle que se pudieran aceptar naranjas infectadas de black spot si son destinadas a industria. Ningún país tercero aceptaría importar de la UE un producto infectado de alguna plaga potencialmente dañina y, de hecho, no lo hacen. Además, hay que denunciar que la Comisión Europea hizo oídos sordos al posicionamiento contrario del Parlamento Europeo, afeando por primera vez, la deriva emprendida por la Comisión, alertando de los riesgos de esas decisiones. Esta resolución final de la cámara con sede en Estrasburgo fue la consecuencia del trabajo conjunto del sector español, italiano y francés, que logró reforzar algunas cuestiones de la legislación comunitaria al respecto. Más que el resultado normativo, hay que resaltar el éxito político, aunque a efectos prácticos de poco valiera.

Otro ejemplo son las negociaciones con Mercosur, en las que la Comisión Europea propuso, cuando se iniciaron las negociaciones en 2016, la liberalización total de las importaciones de zumo de naranja de Brasil. Nuevamente, se adoptan decisiones sin estudios de impacto, pues es fácil adivinar que la saturación del destino industrial en Europa con producto foráneo, tendrá su efecto en el mercado en fresco. Envidia sana sentimos cuando otros países como por ejemplo Francia e Irlanda, son muy activos defendiendo sectores clave como el vacuno en estas negociaciones con Mercosur. Son sus primeros ministros o jefes de Estado los que llaman directamente al presidente de la Comisión, Jean Claude Juncker. Siendo conscientes de que este acuerdo es importante para la UE y para España en términos económicos y políticos, no debe de ser en detrimento de sectores tan importantes como los cítricos.

En contrapartida a la alfombra roja que se les pone a nuestros competidores para acceder a nuestro mercado natural, contrata con el hecho que nuestro acceso a mercados de países terceros está plagado de dificultades. Lo que para ellos es defender la sanidad de sus explotaciones, aquí se acusa de barreras al desarrollo del comercio. 

Nuestro deseo es que el sector de las frutas y hortalizas, en general, y de los cítricos, en particular, sea considerado de manera justa y teniendo en cuenta su importancia para España. Debemos trabajar todos juntos tanto gobierno como regiones, partidos políticos y organizaciones agrarias, en la misma dirección, defendiendo los intereses, tanto defensivos como ofensivos, de este sector clave para nuestra economía.

Pese a todo lo dicho, sería injusto no mencionar que desde la UE se tiene en cuenta a este sector en muchos otros ámbitos. Tiene un régimen de ayudas específicas en la PAC sin límite presupuestario que trabajamos para defender, es elegible en muchos programas europeos como de promoción e innovación. 

Todo ello dirigido para obtener sus rentas del mercado, en un sector acostumbrado a competir. Estoy seguro que a poco que nos lo propongamos, el sector, Madrid y Bruselas, saldremos de esta mala situación actual para volver a ser el primer exportador mundial con la mejor oferta, gama, calidad y servicio.

Cirilo Arnandis es presidente Frutas y Hortalizas Cooperatives Agro-alimentàries