La supresión de aranceles, la entrada de zumo brasileño y las limitaciones de las cláusulas de salvaguarda generan preocupación en el sector

España transforma en zumo alrededor de 1,3 millones de toneladas de naranja al año. / Archivo
Julia Luz. Redacción.
España, principal productor de cítricos de la Unión Europea y uno de los grandes referentes mundiales del sector, se enfrenta a un nuevo escenario comercial tras el acuerdo de libre comercio entre la UE y Mercosur. Con una producción anual que en las últimas campañas ha oscilado entre los 5,5 y más de 7 millones de toneladas, y con entre el 55% y el 60% de los cítricos destinados a la exportación, el sector citrícola español analiza las implicaciones de una apertura comercial que, según las organizaciones agrarias, vuelve a situar a la agricultura en el centro de las concesiones. “El acuerdo es beneficioso para otros sectores, como el industrial o el manufacturero, pero una vez más la agricultura se utiliza como moneda de cambio”, ha denunciado Cristóbal Aguado, presidente de AVA-Asaja, al referirse al impacto sobre la competitividad de los productores europeos.
La Unió Llauradora también ha calificado de “negativo” este pacto para los agricultores. Tal y como ha declarado Carles Peris, secretario general de esta organización agraria, a la radio autonómica valenciana, “en la práctica supone que vamos a competir en nuestro propio mercado preferencial, el de la Unión Europea, con productos producidos bajo estándares de calidad muy inferiores a los nuestros. Sus métodos de producción no cumplen ni los requisitos ambientales ni los de calidad y seguridad alimentaria que se nos exigen aquí, lo que provoca que nuestros costes sean mucho más elevados. Esta entrada de más producto acabaría presionando a la baja los precios y, en consecuencia, reduciendo la rentabilidad de nuestras producciones”.
Uno de los principales frentes que se abre para los cítricos españoles con la entrada en vigor del acuerdo es el del zumo de naranja. Brasil, primer productor mundial de naranja destinada a industria, se beneficiaría de la supresión de aranceles al zumo, un factor que podría ejercer una presión a la baja sobre los precios y alterar el equilibrio del mercado. Esta situación afecta de forma directa al sector citrícola español, donde una parte relevante de la producción no se comercializa en fresco. Según explicó Cristóbal Aguado, presidente de AVA-Asaja, durante la presentación del balance agrario de 2025 de la organización, “dependiendo de la campaña, entre el 20% y el 25% de la naranja española se destina a la industria del zumo, ya sea por calibre o por no cumplir determinados estándares comerciales”. Esta salida, añadió, representa un ingreso complementario clave para los agricultores. “Si el zumo brasileño entra sin aranceles en un momento en el que la citricultura española vuelve a crecer, nos desplazará de la industria y nos dejará sin esa vía de comercialización”, advirtió, señalando que la pérdida de este mercado comprometería la viabilidad económica de muchos agricultores.
“Entre el 20 % y el 25 % de la naranja española se destina a la industria del zumo; si entra el zumo brasileño, los agricultores perderán ese complemento económico”
En cuanto a los cítricos en fresco, el consultor hortofrutícola Paco Borrás introduce una puntualización más optimista y, pese al aluvión de reacciones contrarias al acuerdo por parte del sector agrario, trata de identificar una posible oportunidad para los cítricos españoles. También en declaraciones a la radio autonómica valenciana, Borrás ha explicado que “en la actualidad enviamos alrededor de 10.000 toneladas de naranjas a Brasil, cuando hace cinco años Valencia exportaba unas 22.000 toneladas y controlaba cerca del 70% de ese mercado. En sólo cinco años hemos pasado de esa cuota al 18%, prácticamente perdiéndolo”. A su juicio, este retroceso se debe en gran parte a que “Egipto cuenta con un acuerdo comercial con Brasil que le permite exportar sin pagar aranceles, mientras que nosotros tenemos que asumir un 10% de aduana para introducir nuestras naranjas”, una desventaja que podría corregirse con el nuevo pacto. “Ese detalle es importante —ha añadido—, porque uno de los productos que podría beneficiarse de este acuerdo son las naranjas, al eliminarse ese arancel del 10%”.
Borrás ha señalado además que la estacionalidad juega a favor de los cítricos europeos, ya que “Mercosur se encuentra en el hemisferio sur y, desde el punto de vista de los productos de temporada, somos complementarios”. No obstante, ha reconocido solapamientos al inicio y al final de las campañas y ha concluido que “en los productos claramente de temporada todos ganan; en otros, no tanto, un efecto habitual de los acuerdos de libre comercio”.
Según Paco Borrás, “en la actualidad enviamos alrededor de 10.000 toneladas de naranjas a Brasil, cuando hace cinco años Valencia exportaba unas 22.000 toneladas y controlaba cerca del 70% de ese mercado. En sólo cinco años hemos pasado de esa cuota al 18%, prácticamente perdiéndolo”
Pero no es este el único frente abierto. El acuerdo UE-Mercosur también plantea riesgos adicionales para los cítricos españoles en el ámbito de la sanidad vegetal, una preocupación especialmente presente en territorios productores como Huelva. El presidente de la Asociación Provincial de Citricultores de Huelva, Lorenzo Reyes, ha alertado del “doble impacto” que este tratado puede tener sobre el sector onubense, al combinar una mayor presión competitiva con el riesgo de entrada de plagas procedentes de terceros países. Reyes trasladó esta advertencia durante un desayuno informativo organizado por Huelva Riega, donde subrayó la vulnerabilidad del campo frente a operadores que “compiten con reglas diferentes”, tanto en costes de producción como en exigencias laborales y medioambientales, lo que podría traducirse en un perjuicio económico para los agricultores locales.
En cuanto al factor sanitario. El representante de los citricultores onubenses advirtió de que la importación de cítricos desde países como Brasil o Sudáfrica registra de forma recurrente interceptaciones de Mancha negra, una de las plagas más dañinas para el arbolado citrícola. “Los controles en frontera no se están aplicando con la intensidad necesaria”, lamentó Reyes, quien incidió en que la entrada de una plaga de este tipo podría tener consecuencias irreversibles para la citricultura local, comprometiendo no solo la producción, sino la propia supervivencia de las explotaciones.
Existe un doble riesgo para los cítricos: competencia que juega con reglas diferentes y la entrada de plagas como la mancha negra
A estas advertencias se añade la falta de reciprocidad en materia fitosanitaria, otro de los elementos que, según el sector, distorsiona la competencia. Reyes recordó que mientras los productores europeos están sujetos a una normativa cada vez más restrictiva en el uso de productos fitosanitarios por razones de salud y sostenibilidad ambiental, la fruta procedente de terceros países puede acceder al mercado comunitario tratada con materias activas prohibidas en la UE. Esta diferencia regulatoria, señaló, permite a esos operadores reducir sus costes de producción, generando una desventaja competitiva para los citricultores españoles que sí cumplen con los estándares europeos.
Una preocupación que comparte Cristóbal Aguado es la escasa eficacia real de las cláusulas de salvaguarda incluidas en el acuerdo UE-Mercosur. Estas medidas solo pueden activarse cuando se cumple alguno de estos dos criterios técnicos establecidos: que las importaciones de un producto sensible aumenten más del 5% respecto al promedio de los tres años anteriores, o que los precios de esas importaciones caigan al menos un 5% por debajo de los equivalentes comunitarios. Aguado explicó que, incluso cuando se cumplen estas condiciones, la burocracia europea tarda semanas o meses en activar la salvaguarda, lo que reduce drásticamente su utilidad para productos estacionales como los cítricos. “En cultivos como los cítricos, cuando la cláusula entra en vigor, la campaña ya ha terminado, por lo que resulta totalmente ineficaz”, advirtió.
Con esta valoración coincide Peris, quien ha señalado que “la experiencia nos demuestra que, históricamente, en otros acuerdos comerciales ha sido extremadamente complicado poner en marcha una cláusula de salvaguarda”. En el caso de los cítricos, al igual que Aguado, también ha advertido que “los precios se fijan semana a semana y, cuando se produce una distorsión del mercado, estas cláusulas sólo se activan en situaciones extremas, que además no están claramente definidas”. En este sentido, ha alertado de que los plazos administrativos hacen ineficaz esta herramienta, porque “si el proceso de investigación se prolonga durante varios meses, cuando se resuelve el problema la campaña ya ha terminado y el daño económico para los productores es irreversible”.
A esta limitación se suma, además, el rechazo de los países de Mercosur a la aplicación de estas salvaguardas. Aguado señaló que desde el bloque sudamericano ya se ha trasladado que este tipo de mecanismos resultan “inaceptables”, lo que, a su juicio, pone en duda tanto su alcance como su viabilidad real como instrumento de protección para la agricultura europea. En este contexto, el sector agrario sigue reclamando mecanismos más rápidos y eficaces que permitan responder a los desequilibrios comerciales sin comprometer las campañas productivas.
Como respuesta al acuerdo, no solo en lo que respecta a los cítricos sino a la agricultura en general, el sector ya ha anunciado movilizaciones para la última semana de enero. Sobre la posición de los productores, Aguado quiso dejar claro que no están en contra del acuerdo de Mercosur en sí, “no estamos en contra del acuerdo. Lo que reclamamos es que se cumplan reglas que garanticen la complementariedad y la reciprocidad en los envíos”, señaló. “No se trata de rechazar el tratado, sino de que se module y se ajuste para evitar desequilibrios que perjudiquen a los agricultores europeos”.











