Es la segunda cifra más alta en importe en los 45 años de experiencia de Agroseguro, pero también es el año con una contratación histórica

Las producciones de cultivos herbáceos son, con diferencia, las más afectadas por estos fenómenos tormentosos. / AGROSEGURO
Valencia Fruits. Redacción.
La siniestralidad del seguro agrario en España se elevó en 2025 hasta los 804 millones de euros, un 15% más que en 2024. Se trata de la segunda cifra más alta registrada en los 45 años de historia del sistema español de seguros agrarios, solo superada por la sequía excepcional de 2023 con 1.235 millones, aunque en un contexto de récord histórico de contratación del seguro, han informado desde Agroseguro.
La elevada siniestralidad ha estado marcada por la sucesión de constantes fenómenos tormentosos responsables de daños, principalmente, y de forma muy destacada, por pedrisco, pero también por lluvia persistente o torrencial, inundación y viento en cultivos e instalaciones agrícolas, que concentraron 530 millones de euros en daños y afectaron a más de un millón de hectáreas, un registro inédito que supera el máximo histórico anterior de 2018.
Solo los fenómenos tormentosos (daños por pedrisco, lluvia persistente o torrencial, inundación y viento) alcanzaron los 530 millones de euros de siniestralidad
En el conjunto del año, Agroseguro gestionó 113.000 siniestros agrícolas correspondientes a una superficie de 1,46 millones de hectáreas siniestradas, así como 103.000 siniestros pecuarios y 1,45 millones de servicios de retirada y destrucción de animales muertos en explotaciones.
Por producciones, destacan las indemnizaciones abonadas a los productores de frutales, que alcanzaron los 164 millones de euros, un 80% más que en 2024, debido a los daños provocados por la actividad tormentosa durante la primavera y el verano. Después, se situan las indemnizaciones a cultivos herbáceos, con 128 millones de euros; cítricos, con 86 millones; hortalizas, con 73 millones; y viñedo, con 72 millones.
Mes a mes
Enero estuvo marcado por episodios de helada y fuertes rachas de viento asociados a las primeras borrascas invernales, con daños en cítricos y hortalizas de invierno en el litoral mediterráneo, Andalucía y la Región de Murcia. Febrero transcurrió sin fenómenos de gran impacto generalizado, aunque continuaron declarándose siniestros residuales derivados de los episodios de viento y helada registrados a comienzos de año.
En marzo sí se registró un aumento de la siniestralidad por lluvias persistentes y viento, con episodios de pedrisco localizado que provocaron encharcamientos y asfixia radicular en hortalizas del suroeste de Andalucía y el sureste peninsular. En ese mismo mes se produjeron las primeras borrascas intensas del año —Jana, Konrad, Laurence y Martinho—, con precipitaciones superiores en más de tres veces al valor normal.
Abril fue uno de los meses más adversos del ejercicio, con la entrada de las borrascas Nuria y Olivier, seguidas de un tren de frentes atlánticos que generaron una intensa inestabilidad con lluvias generalizadas, viento, descensos térmicos y pedrisco, afectando especialmente a cultivos herbáceos, frutales y hortalizas. Mayo estuvo también estuvo dominado por una elevada inestabilidad atmosférica, con tormentas diarias de granizo de carácter excepcional en amplias zonas de las dos Castillas, el valle del Ebro, Levante y el sureste peninsular, siendo uno de los meses con mayor superficie siniestrada del año.
En junio, el pedrisco y la lluvia persistente, con especial incidencia en hortalizas, viñedo y cultivos herbáceos, prolongaron los efectos acumulados de la primavera. Durante este mes se registraron más de medio millón de hectáreas siniestradas. En julio se produjo una DANA que provocó tormentas muy intensas con granizo de gran tamaño, causando grandes daños en viñedo, frutales y cítricos, especialmente en la Comunidad Valenciana, Aragón y el norte peninsular. Entre el 6 de febrero y el 6 de agosto se registraron daños por tormenta todos los días en algún punto del territorio.
Entre el 6 de febrero y el 6 de agosto se registraron daños por tormenta todos los días en algún punto del territorio
Agosto estuvo marcado por temperaturas excepcionalmente altas y tormentas localizadas, con siniestros por golpes de calor y pedrisco en cultivos de verano, con afecciones relevantes en hortalizas, viñedo y frutales tardíos. Además, la anomalía cálida en el noroeste peninsular y la intensa y prolongada ola de calor contribuyeron a la propagación de incendios forestales que afectaron a algunos cultivos.
En septiembre se produjeron nuevos episodios de pedrisco que afectaron a producciones de recolección tardía, como frutales de pepita y uva, con daños localizados pero de elevada intensidad. Octubre estuvo condicionado por episodios de lluvia intensa y tormentas, con afecciones tanto a cultivos leñosos como a hortalizas y a determinadas instalaciones agrarias en zonas concretas.
En noviembre, el paso de la borrasca Claudia provocó siniestros por lluvias, pedrisco e inundaciones, especialmente en hortalizas de hoja, agravando los problemas de calidad comercial y los retrasos en la recolección. El último mes del año estuvo marcado por la borrasca Emilia y por el paso de nuevas borrascas como Alice y Claudia, además de un temporal atípico en la última semana del año, con lluvias torrenciales e inundaciones, mangas marinas, viento e incluso daños por pedrisco, un riesgo poco habitual en invierno.





