La visita de Valencia Fruits a las instalaciones de Montosa estuvo guiada por Thierry Athimon, director comercial y Alejandro Aranda, responsable de la plataforma, quienes presentaron la operativa y el funcionamiento del centro

Alejandro Aranda, responsable de Montosa, y Javier Barba, operario de Montosa France. / Nerea Rodriguez
Nerea Rodriguez. Perpignan.
A las ocho de la mañana, los primeros camiones empiezan a llegar al almacén de Montosa en Perpignan. La mercancía entra, se revisa y se prepara para su expedición. Entre las doce del mediodía y las cinco de la tarde, los pedidos ya están en ruta hacia los clientes. Aquí no hay vocación de stock: el objetivo es que el producto pase el menor tiempo posible en las instalaciones.
La lógica es clara. Cuanto menos se detiene la fruta, más fresca llega al punto de venta. Por eso, más que un almacén en el sentido tradicional, la plataforma de Montosa en Perpignan funciona como un nodo de tránsito continuo, donde la rotación prima sobre el stock y donde cada decisión está orientada a reducir tiempos y a afinar el servicio.
En estas instalaciones, la mercancía llega ya preparada desde origen conforme a las especificaciones de cada cliente. El trabajo en Perpignan consiste en realizar un último control de calidad, preparar los pickings por plataforma y disponer los palets en los muelles de expedición para que la salida sea inmediata. El objetivo es que la secuencia —llegada, preparación y envío— se desarrolle con la máxima agilidad, evitando esperas y sin romper en ningún momento la cadena de frío.
La visita de Valencia Fruits a las instalaciones estuvo guiada por Thierry Athimon, director comercial y Alejandro Aranda, responsable de la plataforma, quienes presentaron la operativa y el funcionamiento del centro.
Perpignan, una base imprescindible
La elección de Perpignan no es casual. La compañía llevaba décadas trabajando en este mercado, aunque durante años lo hacía apoyándose en operadores externos. El crecimiento sostenido en Francia y la necesidad de ganar agilidad en la gestión diaria han llevado a Montosa a dar un paso más y apostar por instalaciones propias en uno de los principales hubs logísticos europeos para el sector hortofrutícola.
“Desde Málaga no llegas directamente a los clientes”, explica Athimon. “En este sector, la mercancía tiene que estar ya aquí cuando el cliente lanza el pedido. No te avisan con varios días de antelación, sino que necesitas tener la base preparada para reaccionar rápido y servir en las mejores condiciones”.
Esa exigencia marca la diferencia. La plataforma de Perpignan permite a Montosa acortar los tiempos de respuesta y adaptarse a una operativa en la que la inmediatez es clave. Desde este punto no sólo se abastece el mercado francés, sino que también se articulan envíos hacia otros destinos europeos, aprovechando su posición como nodo logístico de referencia.
“Podríamos trabajar únicamente con operadores logísticos y no tener almacén propio”, reconoce Athimon. “Pero si queremos defender la calidad y asegurar el nivel de servicio que exigen nuestros clientes, necesitamos controlar la cadena”.
Control y capacidad de reacción
Ese control no se limita a la rapidez operativa. En Perpignan, la plataforma funciona también como un punto clave de validación y ajuste del producto antes de su entrega final. Aunque la fruta llega desde Málaga tras haber superado todos los controles de calidad y adaptada a las especificaciones de cada cliente y a las cantidades pedidas diariamente por cada punto de entrega, en estas instalaciones se realiza una última revisión para asegurar que todo responde a los criterios definidos.
Disponer de esta base en Perpignan permite también una gestión ágil de posibles incidencias, facilitando la toma de decisiones en tiempo real sobre el destino del producto. Este enfoque se enmarca en el programa de mejora continua de la compañía, orientado a garantizar la disponibilidad de los calibres demandados en cada momento y a mantener un alto nivel de servicio.
La combinación de una confección adaptada a las especificaciones de cada cliente y una estructura logística consolidada en Perpignan ha permitido a Montosa reforzar su tasa de servicio y consolidarse como un partner de confianza para sus clientes.
En función del grado de maduración, el equipo puede reprogramar su entrega el día siguiente o incluso reenviarla a Málaga para su reaprovechamiento. En otros casos, ese producto encuentra salida en la elaboración de guacamole, una línea que permite valorizar partidas que no encajan en el canal de fresco.
Esta capacidad de decisión en tiempo real es uno de los argumentos que explican la apuesta por un almacén propio. “Controlamos toda la cadena”, subraya Thierry Athimon. “Y eso nos permite reaccionar y dar el mejor servicio posible en cada situación”.
El objetivo es claro: aprovechar al máximo cada pieza de fruta. Es importante cumplir los requisitos de cada uno de nuestros clientes, pero también de maximizar la salida de fruta de cada uno de nuestros agricultores partner. La fruta que ha sido rozada por el viento no tiene su hueco en los lineales de los supermercados pero sigue buenísima de sabor cuando retiramos la piel y en el guacamole la disfrutamos como se merece. Eso también es ser sostenible, reduciendo los desperdicios y maximizando el trabajo en el campo. Una exigencia que empieza en origen, con la selección y preparación del producto en Málaga, y que se prolonga en Perpignan con una operativa diseñada para intervenir sólo cuando es necesario, sin romper el ritmo ni la frescura de la cadena.
El trabajo en origen: homogeneizar lo variable
Ese nivel de exigencia no empieza en Perpignan, sino mucho antes. El trabajo en origen es determinante para que la operativa funcione. En el caso del aguacate, la complejidad es evidente: no hay dos frutos iguales, ni siquiera en el mismo árbol. Aunque se sometan a los mismos procesos, la evolución de la maduración no es homogénea.
Por eso, en las instalaciones de Málaga se realiza una selección exhaustiva orientada a homogeneizar el producto dentro de cada lote. El objetivo es que cada caja responda a un mismo comportamiento en términos de maduración, textura y punto de consumo, ajustándose a las exigencias de cada cliente.
Esa labor previa permite que, una vez la mercancía llega a Perpignan, la intervención sea mínima y esté centrada únicamente en validar, ajustar y expedir el producto con la máxima agilidad. El equilibrio es delicado: intervenir lo justo para garantizar la calidad, pero sin frenar la rotación ni comprometer la frescura.
Servicio al cliente como eje
Esa precisión operativa responde, en última instancia, a una misma lógica: adaptarse a lo que pide cada cliente en cada momento. Más allá del producto, la propuesta de Montosa se articula en torno al servicio, entendido como la capacidad de ajustar calibres, formatos y tiempos de entrega a las necesidades específicas de cada canal.
“Somos capaces de entregar el calibre que quiere cada cliente durante todo el año”, explica Thierry Athimon. Una afirmación que no es menor en un producto como el aguacate, donde la variabilidad es la norma y donde garantizar homogeneidad exige una planificación constante del abastecimiento y una gestión muy precisa de los orígenes.
Esa flexibilidad se traduce también en una doble estrategia comercial. Por un lado, una oferta dirigida a la gran distribución, con formatos adaptados a un consumo más amplio y con una presión clara sobre el precio. Por otro, una línea más especializada, dirigida a mayoristas y fruterías tradicionales, donde el calibre, la presentación y la regularidad del producto adquieren un peso diferencial.
Lejos de priorizar un canal sobre otro, la compañía trabaja de forma simultánea con ambos, entendiendo que cada uno cumple una función específica en el desarrollo del mercado. “Los mercados mayoristas son muy importante para nosotros, ahí comercializamos nuestra marca Sublime Gold, un elevado nivel de calidad reconocido en el sector, de los buenos el mejor como dice nuestro eslogan”, subraya Athimon, que destaca el papel de estos operadores como prescriptores capaces de explicar y defender el producto ante el consumidor final.
Este enfoque obliga a dar salida a toda la producción, adaptando cada partida al canal más adecuado sin perder de vista el objetivo principal: mantener una alta rotación y asegurar que el producto llegue en las mejores condiciones. En este equilibrio entre volumen, especialización y servicio es donde la estructura logística de Perpignan cobra todo su sentido.
Guacamole: dar valor y crear consumo
En este sector, no toda la fruta tiene salida comercial en el segmento de fresco. En un producto como el aguacate, donde el calibre, el aspecto y el punto de maduración condicionan su destino, siempre hay partidas que, aun manteniendo su calidad, no encajan en las exigencias del lineal. Es ahí donde entra en juego una de las líneas estratégicas de Montosa: el guacamole.
Más que una diversificación, se trata de una herramienta para dar valor al producto y evitar pérdidas. Aquella fruta que no tiene salida en fresco puede redirigirse hacia la elaboración de guacamole, permitiendo aprovechar al máximo cada lote sin comprometer los estándares de calidad.
La diferencia, insisten desde la compañía, está en el proceso. Frente a otras propuestas del mercado, la compañía trabaja con aguacate fresco, cortado y procesado a diario. “Todos los días estamos produciendo con fruta fresca, sin recurrir a soluciones más baratas como la pulpa congelada”, explica Thierry Athimon. El resultado es un producto que pone el foco en el sabor y en una experiencia más cercana al consumo natural.
Con una capacidad de producción que alcanza las 180.000 tarrinas diarias y un volumen anual que ronda las 12.000 toneladas, el guacamole se ha consolidado como una línea con peso propio dentro del grupo. Sin embargo, su desarrollo en mercados como el francés sigue siendo limitado.
En Francia, el guacamole continúa asociado a un consumo ocasional, vinculado a la cocina mexicana y ubicado en secciones específicas del lineal. Un posicionamiento que, para Montosa, representa más una oportunidad que una barrera. El objetivo ahora es ampliar esos momentos de consumo y trasladar al consumidor nuevas formas de integrar el producto en su día a día.
Para ello, la compañía trabaja junto a la distribución en acciones de promoción, desarrollo de recetas y campañas de comunicación orientadas a educar al consumidor. “No se trata sólo de vender más, sino de crear hábito”, apunta Athimon. Una estrategia que ya ha demostrado su eficacia en otros mercados y que ahora se plantea como uno de los ejes de crecimiento en Francia.
Crecer con control en un mercado clave
La puesta en marcha de estas instalaciones en Perpignan responde a una estrategia de consolidación en el mercado francés. El traslado a un nuevo almacén, que sustituye a un espacio anterior más limitado, permite a Montosa reforzar su operativa y adaptarla al volumen actual de actividad.
Francia se mantiene como uno de los mercados clave para la compañía, tanto por su peso en el consumo de aguacate como por su potencial de desarrollo. En este contexto, contar con una base propia en Perpignan se convierte en un elemento estratégico para garantizar el servicio, mejorar la capacidad de respuesta y acompañar el crecimiento de la demanda.
El margen de desarrollo sigue siendo amplio. Aunque la penetración del aguacate en los hogares europeos es elevada, la frecuencia de consumo aún tiene recorrido, lo que abre oportunidades tanto en el canal de fresco como en propuestas de valor añadido como el guacamole.
“Tenemos capacidad para crecer y estamos preparados para hacerlo”, afirma Thierry Athimon.
Más allá de la dimensión física, la plataforma de Perpignan refuerza un modelo basado en la proximidad al cliente, el control de la cadena y la capacidad de adaptación. Un enfoque que sitúa la logística no sólo como soporte, sino como una herramienta clave en la estrategia comercial de la compañía.








