Entrevista al Presidente del Consejo Regulador de la DOP Melocotón de Calanda, Ramón González

Ramón González afirma que en la zona de Calanda, “afortunadamente los jóvenes se enganchan a la agricultura gracias al melocotón”. / JAVIER ORTEGA
Javier Ortega. Aragón.
Ramón González es el nuevo presidente del Consejo Regulador de la DOP Melocotón de Calanda, cargo al que accedió el pasado mes de abril en sustitución de Samuel Sancho. Vinculado al sector agrícola desde los 14 años y perteneciente a la cuarta generación de agricultores de su familia, González, de 68 años, se define como un “jubilado activo”. Además de formar parte de los órganos rectores de Riegos del Guadalopillo, el Sindicato de Riegos del Canal Calanda y, por extensión, el Sindicato Central de la Cuenca del Guadalope, preside desde hace 22 años la cooperativa La Calandina, cuya junta rectora integra desde hace 32 años.
Valencia Fruits. ¿Con qué ánimo llega al nuevo cargo? ¿Qué ideas y proyectos tiene de cara al futuro?
Ramón González. Acepté el cargo con mucho gusto y vengo con gran ilusión y responsabilidad. Vengo a reforzar lo ya hecho y a introducir algunas novedades. Con el respaldo del consejo, pretendo darle al melocotón de Calanda más publicidad, más nombre, más auge, más relevancia.
VF. ¿Cómo pretende hacerlo?
RG. Reforzando la publicidad y el marketing para acercar más al consumidor un producto de calidad. Queremos hacer hincapié en el proceso para que el consumidor conozca bien el trabajo, el esfuerzo y lo que cuesta producir un kilo de melocotón y así sepa valorarlo mejor.
VF. ¿Cuál es el proceso productivo?
RG. Todas las tareas son manuales. El aclareo permite eliminar una parte importante de los frutos de cada árbol y el embolsado se realiza uno a uno. Este último proceso cuesta 22 céntimos por kilo en mano de obra y papel. Hacer un seguro supone otros 10 céntimos por kilo, a lo que hay que añadir los salarios. Se estima un gasto de entre 70 y 80 céntimos por kilo.
VF. La campaña pasada terminó con una certificación de 4,5 millones de kilos. ¿Qué previsiones puede hacer para 2026?
RG. Las tormentas de granizo de agosto han ocasionado cuantiosas pérdidas en varias localidades de la DOP (Calanda, Valmuel y Puigmoreno, dos pedanías de Alcañiz), lo que hará mermar la producción final. No obstante, creo que vamos a superar los cuatro millones de kilos e incluso llegar a los 4,5. Este año hay mucha fruta.
VF. ¿Qué supone la entrada en producción de nuevas variedades?
RG. Las nuevas variedades nos permiten, de forma escalonada, alargar la presencia en los mercados durante tres meses, desde mediados de agosto a principios de noviembre. De esta manera, somos más competitivos y podemos atender mejor la demanda de los consumidores.
Este año han comenzado a producir las variedades 834 y Calprebor. A ellas se suman la 570 y la 504, además de las tradicionales Jesca, Calante y Evaisa. En total, tenemos siete variedades que nos aportan un melocotón entero, sano y de color amarillo, con un calibre mínimo de 73 milímetros de diámetro y 12 grados Brix de dulzor.
VF. ¿Sigue habiendo fraude? ¿Cómo lo van a combatir?
RG. Hay que remarcar que solo se vende melocotón de Calanda con el certificado y la etiqueta negra de la DOP desde el 18 de agosto. Lo que se venda antes de esa fecha no lo es. Es un fraude y el consumidor que lo vea puede denunciarlo llamando al Consejo. Tenemos varios proyectos en marcha para mejorar los controles mediante la inteligencia artificial para combatir el fraude y a las marcas que quieren piratear.
VF. ¿Cómo van a promocionar el melocotón?
RG. Ante las nuevas variedades, este año hemos querido hacer una campaña de promoción en el sur, donde se vende mucho. Al principio lanzamos una campaña en zonas estratégicas para decirle al consumidor que ya había melocotón DOP en los mercados. Asimismo, seguimos con la promoción en cartelería, radio y plataformas de televisión. Cada año se dedica una partida importante a la promoción y publicidad de nuestro melocotón.
VF. ¿Cómo van las exportaciones?
RG. Desde hace 27 años se ha intentado por activa y por pasiva vender en Europa, pero por desgracia no les gusta el melocotón amarillo y tan dulce; prefieren la fruta más ácida.
Se ha invertido mucho dinero y la conclusión es que no hay manera, aunque seguimos intentándolo. Ahora casi el 95% de la producción se destina al mercado nacional. El melocotón de Calanda se vende en toda España, de norte a sur y de este a oeste.
VF. ¿Qué importancia tiene el cultivo del melocotón para la economía del Bajo Aragón?
RG. Es el gran referente, el motor de la economía de la zona. Sin el cultivo del melocotón y otras frutas, el aceite y la almendra, el Bajo Aragón sería distinto.
Estamos en 42 localidades y la DOP cuenta con 15 empresas, tras la llegada de dos nuevas. Tenemos entre 800 y 1.000 hectáreas inscritas en la DOP, pero con un potencial de más de 2.500 hectáreas, en las que se cosechan entre 25 y 39 millones de kilos de melocotón amarillo embolsado bajo el amparo de la denominación.
Hay que recordar que de esos kilos tan solo pasan los controles del Consejo el 20%, entre 4,5 y 5 millones de kilos. El resto también es de muy buena calidad, pero no lleva la etiqueta negra de Melocotón de Calanda.
VF. ¿Qué empresas se han incorporado a la denominación?
RG. Una de las que ha entrado es la Cooperativa San Miguel de Calanda, que ya estuvo en la DOP, pero decidió quedarse unos años al margen y ahora, con buen criterio, ha vuelto. Les doy la enhorabuena por hacerlo, como presidente de la DO y como calandino. Y no es cosa mía, me lo he encontrado hecho. Esto viene del anterior presidente, Samuel Sancho.
Hay otra empresa que el año pasado no estaba y que este año se ha incorporado. Ahora somos 15 empresas y 42 municipios.
VF. ¿Qué mano de obra emplean durante la campaña?
RG. En toda la denominación y durante la campaña se suelen necesitar entre 2.500 y 3.000 trabajadores. Este año no ha habido problemas con la mano de obra y el alojamiento de los temporeros. Tenemos rumanos, marroquíes, algún pakistaní y gente de otras partes de África. Al campo solo viene a trabajar la gente de fuera; si no vinieran, los trabajos agrarios no se realizarían.
VF. ¿Hay relevo generacional en la denominación?
RG. Afortunadamente, los jóvenes se enganchan a la agricultura gracias al melocotón. Por ejemplo, en La Calandina celebramos recientemente la asamblea general; somos 130 socios y la media de edad era de 45 años. Antes yo veía en las asambleas de la cooperativa una media de edad muy alta.
El melocotón genera desarrollo, trabajo y calidad de vida. Claro que también exige esfuerzo y continuidad.
VF. ¿Cuáles son los principales problemas con los que se encuentran?
RG. Mientras que los gastos de producción, el gasóleo, el agua, los fertilizantes y los salarios suben constantemente, llevamos cuatro o cinco años con los mismos precios.
Comenzamos con abundante agua; luego llegaron el calor y la sequía, este verano el granizo y, ahora, en septiembre, una caída de las ventas. Coincide con el regreso de las vacaciones y el comienzo del curso escolar, cuando hay más gastos familiares y menos consumo. Tenemos las cámaras frigoríficas llenas de fruta. Curiosamente, pasado este periodo, el consumo repunta.
No nos queda más remedio que defender el producto y aguantar; no podemos colapsar los mercados. Claro que, si esto sigue así y no tira para adelante, los jóvenes pueden desengancharse si ven que el melocotón y la agricultura no son rentables.
Acceso a la entrevista en las páginas especiales de Melocotón de Calanda (10-11) en el ejemplar de Valencia Fruits.
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