Cirilo Arnandis: “Primus inter pares”

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El presidente Frutas y Hortalizas Cooperatives Agroalimentàries reflexiona sobre la presidencia de España en el Consejo de la Unión Europea y sus tareas pendientes

España presidirá nueve de las diez formaciones del Consejo Europeo. / ARCHIVO

Cirilo Arnandis (*)

Ya lo tenemos ahí. En poco más de dos meses, coincidiendo con el inicio de las vacaciones de una parte significativa de la ciudadanía, España asumirá la Presidencia del Consejo de la Unión Europea. Así, nuestro país ejercerá por quinta vez esta responsabilidad en el periodo que va del 1 de julio al 31 de diciembre de 2023. El cambio obedece a un sistema de turnos rotatorios de seis meses, con un orden determinado, consecuencia de lo acordado en su día en el Tratado de Lisboa. Allí se creó la figura de los Tríos, grupos informales de tres Presidencias que se coordinan para dar continuidad a los trabajos emprendidos a lo largo de dieciocho meses. España inaugurará, como en 2010, un Trío que completarán sucesivamente Bélgica y Hungría a lo largo de 2024.

“España asumirá la Presidencia del Consejo de la Unión Europea. Nuestro país ejercerá por quinta vez esta responsabilidad en el periodo que va del 1 de julio al 31 de diciembre de 2023”

Durante el próximo semestre, corresponderá a España presidir nueve de las diez formaciones del Consejo, a excepción del Consejo de Asuntos Exteriores. Entre los deberes de la Presidencia se encuentran el impulso de los trabajos del Consejo, elevando propuestas y organizando las reuniones necesarias, la búsqueda de consensos que defiendan los intereses generales y la representación institucional de todos los Estados miembros en ciertas instancias. Como consecuencia de ello, nuestro país tendrá un papel clave en la resolución de una serie de frentes abiertos en el seno de la Unión Europea en relación con sus grandes líneas de trabajo, caso de la transición ecológica, que incluye el modelo energético, la transformación digital y la agenda social.

“Nuestro país tendrá un papel clave en la resolución de una serie de frentes abiertos en el seno de la Unión Europea en relación con sus grandes líneas de trabajo, caso de la transición ecológica, que incluye el modelo energético, la transformación digital y la agenda social”

Si bien la Presidencia del Consejo se enmarca en el estado de los debates en curso en la Unión, no es menos cierto que el Estado miembro retiene la capacidad de señalar como prioritarios los ámbitos en los que considera que debería concentrarse mayor atención. Así pues, nos encontramos ante una especie de figura ya acuñada en las antiguas Grecia y Roma como es el caso del “primus inter pares”, es decir, el primero entre iguales. En nuestro caso concreto, España deberá presentar formalmente su programa en el Consejo de Asuntos Generales de junio de 2023. A tenor de las declaraciones del ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, parece ser que en lo referente al sector agroalimentario el principal objetivo del Gobierno de España es avanzar en la sostenibilidad y hacer de puente entre Europa e Hispanoamérica. Bien es cierto que no se es más explícito, pero mucho me temo que esta sostenibilidad tan solo se refiera al contexto medioambiental, dejando a un lado la relativa al ámbito social y al económico, siendo Mercosur prueba de ello.

“A tenor de las declaraciones del ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, parece ser que en lo referente al sector agroalimentario el principal objetivo del Gobierno de España es avanzar en la sostenibilidad y hacer de puente entre Europa e Hispanoamérica. Mucho me temo que esta sostenibilidad tan solo se refiera al contexto medioambiental, dejando a un lado la relativa al ámbito social y al económico, siendo Mercosur prueba de ello”

La Guerra de Ucrania lo ha puesto todo patas arriba. Más allá del drama humano, y de lo irracional que supone dirimir desencuentros en el siglo XXI de forma violenta, la vieja Europa se ha visto sorprendida en el dependiente y arriesgado modelo de abastecimiento energético, procediendo a un cambio sustancial a partir de la puesta en valor y promoción de energías alternativas limpias y fuera del carbono. Hay mucho dinero para invertir en energías alternativas, tales como la eólica o los huertos solares, y eso sin entrar en el debate que ha supuesto la consideración de las centrales nucleares por parte de Bruselas como energía limpia. Lo cierto es que algunas de estas iniciativas compiten en la ocupación del territorio con la producción de alimentos. Una alternativa a la España vaciada, dirán unos, pero no olvidemos que tenemos que comer todos los días.

Y es que por mucho que ya esté fijada la agenda europea, sobre todo en el contexto de la PAC, es difícil saber cuáles son las prioridades de Bruselas para su agricultura. En este nuevo contexto en el que se ha hecho algo parecido como una patada a seguir, se ha dejado a la agricultura como una especie de subalterno al servicio de otras políticas, todas ellas enmarcadas en ese objetivo supremo, y que lo abarca todo, como es el cambio climático. Es por ello por lo que el sector agrario español de modo conjunto, tanto organizaciones profesionales agrarias como cooperativas, está demandando a Europa, y en este caso a la presidencia española, que es el momento de definir el modelo productivo que queremos. Hay que decidir si queremos ser dependientes del exterior, o no, en un tema tan sensible como es la alimentación de los ciudadanos de la Unión Europea, y si queremos asumir en este terreno los riesgos que hemos podido constatar en la dependencia exterior energética.

“El sector agrario español de modo conjunto, tanto organizaciones profesionales agrarias como cooperativas, está demandando a Europa, y en este caso a la presidencia española, que es el momento de definir el modelo productivo que queremos”

“Hay que decidir si queremos ser dependientes del exterior, o no, en un tema tan sensible como es la alimentación de los ciudadanos de la Unión Europea, y si queremos asumir en este terreno los riesgos que hemos podido constatar en la dependencia exterior energética”

España tendrá que poner sus mejores artes en atenuar, o a lo mejor no, el continuo proceso de abandono en el campo, no ya español, si no que en el seno de la Unión Europea. Así, según un reciente informe de Eurostat, la agencia europea de estadística, el número de explotaciones agrarias ha disminuido en la Unión Europea un 37% en el periodo que va de 2005 a 2020. Las causas, además de la actual sequía, no son otras que la falta de rentabilidad y las cada vez mayores exigencias de la PAC provenientes del Pacto Verde Europeo. En este contexto de abandono, los fondos de inversión encuentran su oportunidad de presente, pero no sé si de futuro. Abundando en este tema, Polonia y Hungría han vetado la llegada a Europa de cereal procedente de Ucrania, toda vez que la reducción de aranceles motivo de la guerra, está suponiendo el hundimiento de los ingresos de los productores de esos países.

En esta línea de puente entre Hipanoamérica y Europa que pretende escenificar la presidencia española, existe un tema de especial preocupación para nuestro sector, que no es otro que el de Mercosur. Sorprende que países como Francia pongan su reparo, y que España no, teniendo en cuenta la importancia de este acuerdo en relación con el sector citrícola comunitario y, en particular, español. Sabíamos que la llegada de Lula da Silva al poder en Brasil iba a activar las negociaciones de este acuerdo, como una especie de castigo a Bolsonaro, pero el impacto de este acuerdo, tanto en el plano comercial como en el fitosanitario es más que evidente. Siguen llegando envíos de cítricos contaminados con plagas de cuarentena desde Argentina y Brasil. En este primer trimestre de 2023, todavía fuera de su temporada naranjera, llevamos tres detecciones en lima procedente de Brasil. Y, por si fuera poco, se puede leer en la prensa especializada que la fiscalía brasileña está investigando a algunas de sus principales empresas de zumo de naranja por un presunto cártel, solicitando una multa de más de 2.500 millones de dólares. Según la fiscalía brasileña, el objetivo habría sido pactar el precio de la naranja para perjudicar a los agricultores. Aviso a navegantes.

A la vez, el ministro de Agricultura español, Luis Planas, se alinea más con las demandas del sector, a sabiendas que las grandes decisiones se adoptarán en foros distintos al Consejo de Ministros de Agricultura de la Unión Europea. De momento, Córdoba será la sede de la Reunión Informal Ministerial de Agricultura en mes de septiembre, donde el tema central de debate será el de las nuevas tecnologías como herramienta para una agricultura más resiliente frente al cambio climático. Pomposo nombre con difícil objetivo, pues la resiliencia es la capacidad para adaptarse a las situaciones adversas con resultados positivos. Sanidad vegetal, planes estratégicos de la PAC, el Reglamento de Uso sostenible de fitosanitarios, la iniciativa marco de sistemas alimentarios sostenibles, la propuesta sobre nuevas técnicas genómicas o la de indicaciones geográficas, revisar otras normativas referentes a la información alimentaria y, dentro de los aspectos no legislativos, realizar un seguimiento sobre la aplicación de los planes estratégicos de los Estados miembros forman una batería de temas propuestos por España. Además, se propondrá solicitar a la Comisión Europea que realice un balance de la PAC en su primer año de aplicación. Y por supuesto, las cláusulas espejo.

No cabe duda de que son todos temas muy interesantes, en los que nuestro sector se juega mucho, pero somos conscientes de que el resultado final vendrá contextualizado por las grandes decisiones políticas, donde la presidencia del Gobierno de España seguro que tendrá cosas que decir. Qué agricultura queremos en Europa, qué tipo de agricultores, por qué sistema alimentario apostamos, si siendo consecuentes, vamos a exigir a los países terceros las mismas exigencias medioambientales y de seguridad alimentaria que aquí o si el Pacto Verde está por encima de todas las cosas, aplicándose solo aquí, sean las que sean las consecuencias. La presidencia española es una oportunidad papa poner encima de la mesa una cosa que nadie quiere ver en una Europa compleja y diversa, y son las crecientes exigencias para producir, que solo se aplican a los de aquí, lo que impacta directamente en las rentas de los productores, cada vez con una vuelta más en la soga que atenaza su cuello. Sin rentabilidad ni consideración social, el relevo generacional no es posible.

(*) Presidente Frutas y Hortalizas Cooperatives Agroalimentaries.

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