Cuando las máquinas aprenden

Maf Roda apuesta por una automatización integral donde la inteligencia artificial y la robótica son las protagonistas en las centrales hortofrutícolas más innovadoras y eficientes

En Maf Roda hay un equilibrio entre la actividad humana y la automatización. / Fotos Alba campos

Alba Campos. Alzira.

Son las 9 de la mañana y las instalaciones de Maf Roda en Alzira están en pleno funcionamiento. Los sonidos mecánicos se entrelazan con las charlas de los operarios que ya hace unas horas empezaron su jornada laboral. Entre la fábrica y la oficina, más de 350 empleados hacen que la maquinaria agrícola de la empresa cobre vida cada día desde que se inauguraron estas instalaciones hace casi 30 años.  

Maf Roda en el proceso 

Al llegar a Maf Roda, la organización se percibe de inmediato, todo se encuentra cuidadosamente estructurado y configurado para producir con la máxima eficiencia.   

Lo que antes parecía futurista o sacado de los libros de ciencia ficción, hoy en día es una realidad que nos ayuda en nuestro trabajo avanzando procesos, eliminando errores y también, ¿por qué no?, enseñándonos nuevas maneras de hacer las cosas, más rápido y de manera más eficiente. “Ahora mismo lo más demandado es la IA. Si no vendes inteligencia artificial estás fuera en cualquier sector”, explica la directora de Marketing y Comunicación de Maf Roda, María Cabello, quien nos acompaña en este recorrido. 

En las oficinas técnicas, ingenieros y programadores trabajan frente a varias pantallas donde se simulan procesos y se revisan datos de producción que para la mayoría pueden parecer piezas de un rompecabezas. Entre gráficos, códigos y modelos virtuales, se diseñan los sistemas que más tarde terminarán instalados en centrales hortofrutícolas de los cinco continentes. 

Se percibe en los despachos la precisión de la rutina. Aquí todos se encuentran remando en la misma dirección. Hay cuatro áreas de especialización técnicas clave: electricidad, automatismos, mecánica y electrónica, están interconectadas. Y cada área tiene también subdivisiones como inteligencia artificial, visión artificial, robótica, espectrometría, etc.”, explica Cabello.  

En la nave hay un equilibrio entre la actividad humana y la automatización, un ritmo que parece haber sido ensayado hasta la perfección. El amplio catálogo de la compañía permite realizar el proceso completo “desde que la fruta entra hasta que sale”, explica María Cabello. En una línea de manipulado, el recorrido de la fruta se produce con mucha precisión. Los frutos avanzan sobre rodillos, giran lentamente para que las cámaras analicen toda su superficie y pasan después al sistema de clasificación. En cuestión de segundos, cada pieza encuentra su camino dentro de la línea. En función de esa clasificación, la fruta se dirige a diferentes salidas. Si el cliente opta por el precalibrado, el producto se almacena en cajas o en bins y se traslada al frigorífico. Si pasa directamente a confección, existen diferentes tipologías dependiendo del pedido y de las preferencias del supermercado: cajas, cestas, bandejas, entre otros formatos. Una vez confeccionada en el envase solicitado, la fruta pasa al paletizador y, desde ahí, se dirige bien a cámara o directamente al camión para su expedición. 

Ver las máquinas trabajando juntas es como una coreografía perfectamente diseñada, todo ocurre sin pausas, con una evidente sensación de coordinación, como comenta María Cabello, todas juntas “se hablan” mejor. En este sentido, a pesar de que los clientes de Maf Roda pueden adquirir únicamente aquella maquinaria que necesiten, desde la compañía recomiendan las instalaciones completas debido a que “si todas las máquinas del cliente son nuestras, es más sencillo realizar el control de todos los flujos. Podemos dar un mejor servicio al cliente porque todas nuestras máquinas conectan muy bien”. En estos casos en los que el cliente solicita un proyecto completo Maf Roda trabaja normalmente a un año vista, aunque siempre se pueden adaptar a las necesidades que surjan y ajustar plazos. 

Pero, ¿qué ocurre después, cuando surgen complicaciones o dudas una vez la máquina ya empieza a operar en las instalaciones del cliente? La compañía tiene un riguroso servicio postventa especializado que se convierte en una de sus señas de identidad y de garantía de cara a los clientes. Maf Roda siempre pone a su disposición a ingenieros y técnicos que implican inmediatamente para poner solución al inconveniente. “Estamos permanentemente preparados, contamos con los recursos necesarios y nos desplazamos siempre que sea necesario, los técnicos reciben formación interna y asesoramiento para este tipo de situaciones que pueden darse con los clientes y existe un grupo de trabajadores que están de guardia para dar respuesta a cualquier problema”, explica María Cabello.

Maf Roda lleva años desarrollando herramientas en las que la IA está presente. La maquinaria que utiliza inteligencia artificial procesa grandes cantidades de datos para identificar patrones y mejorar su rendimiento automáticamente

IA y robótica 

Vivimos un momento en el que la inteligencia artificial está en boca de todos y abarca todos los ámbitos de la vida. Sin embargo, no es nada nuevo para Maf Roda, que lleva años desarrollando herramientas en las que la IA está presente. La maquinaria que utiliza inteligencia artificial para su funcionamiento es muy intuitiva, procesa grandes cantidades de datos para identificar patrones y mejorar su rendimiento automáticamente. Es decir, aprende de la información y los datos que se le proporcionan para agilizar procesos y ganar en eficiencia en cada cliente. Pero, más allá de la teoría, ¿cómo funciona esto en la práctica?, ¿qué hace realmente la IA?

Vemos un ejemplo muy intuitivo. En una sala de control varias pantallas muestran imágenes ampliadas de frutas captadas por cámaras de visión artificial, uno de los puntos fuertes de la tecnología Maf Roda. En ellas aparecen manchas, cambios de color o pequeñas imperfecciones que el ojo humano apenas percibiría. Para los sistemas de inteligencia artificial, sin embargo, cada una de esas señales forma parte de un patrón que debe aprender a reconocer y que le ayudará en la tarea de clasificación o descarte de la fruta. 

Imaginemos una línea de manipulado de cítricos en la que el sistema de calidad debe detectar defectos en la piel de la fruta. Con visión artificial se generan una serie de imágenes en diferentes longitudes de onda y “vemos esa imagen del cítrico y detectamos un tipo de defecto. Si le señalamos tres o cuatro frutas con ese mismo defecto, la máquina ya aprende que, cada vez que vea esa imperfección, debe poder actuar en consecuencia, según las pautas que le hayamos marcado”, explica María Cabello. De esta manera, la máquina reajusta sus parámetros a medida que se le va ofreciendo información. Cuanta más fruta pasa por la línea, más aprende el sistema y más se ajusta su clasificación a las necesidades de ese cliente.

Con la inteligencia artificial el trabajo del operario no se pierde, se reinventa y se transforma. Lo que cambia no es la necesidad de trabajo humano, sino su naturaleza

Son muchos los que piensan eso de “la inteligencia artificial nos puede quitar el trabajo”, pero lo cierto es que, a pesar de que el sistema viene programado y precargado para empezar a funcionar, hay que indicarle al sistema bajo qué criterios quiere trabajar ese cliente concreto. Hay que enseñarle un poquito el camino”, afirma Cabello. Por tanto, el trabajo del operario no se pierde, se reinventa y se transforma. Lo que cambia no es la necesidad de trabajo humano, sino su naturaleza, dando cada vez más importancia al valor añadido y reduciendo la implicación humana en tareas repetitivas susceptibles de automatización.

Tareas que antes requerían una supervisión constante ahora disponen de la IA para ganar en automatización y rapidez de procesos, sin perder la supervisión por parte de los trabajadores. En un momento en el que la escasez de mano de obra se está convirtiendo en un problema estructural, la automatización de procesos supone una solución para las centrales que implementan estos sistemas en su producción. “A medida que el cliente va pasando más producción, el sistema se va adaptando a cómo trabaja, va aprendiendo y reaprendiendo”. Así, cada instalación tiene un carácter único, adaptado a las necesidades y formas de trabajar de cada cliente.

La automatización resulta imprescindible en la mayoría de sectores, pero en el hortofrutícola y agroalimentario aún más “ya no es una opción estratégica, es una necesidad real”, aseguran desde Maf Roda. La precisión, la velocidad y la calidad del encajado son factores clave para responder a las demandas del mercado global. Un mercado internacional en el que la compañía se encuentra y da servicio en gran cantidad de países. La empresa tiene filiales en Estados Unidos, México, Perú, Chile, Sudáfrica, España, Portugal, Francia, Italia, China, Nueva Zelanda, Australia, y el año pasado abrieron una filial en Egipto. Aunque servicio ofrecen a prácticamente todos los países productores. Maf Roda llega a países como Botswana, Kenia y Tanzania, Costa Rica o Panamá. 

Automatización y robotización

La producción no se detiene, pero se adapta constantemente. A pesar de que hay estándares de maquinaria dentro de Maf Roda bien definidos, siempre pueden realizarse ajustes y nuevas variantes adaptadas a las necesidades del cliente. Además, no tienen que ser siempre exclusivas de un tipo de fruta. Por ejemplo, las máquinas destinadas a cítricos pueden también servir para fruta de hueso grande. “Aunque se utilicen las mismas instalaciones y el mismo calibrador, el cliente puede seleccionar módulos distintos (módulo de cítricos, módulo de fruta de hueso) dentro del sistema de calidad, con unos parámetros u otros”, explica la directora de Marketing.  

En la línea de procesado, el cambio se percibe casi sin detener la producción. Las piezas avanzan sobre los rodillos mientras el sistema ajusta los parámetros de clasificación en la pantalla de control. En cuestión de segundos, la misma máquina que minutos antes analizaba naranjas puede prepararse para trabajar con otro tipo de fruta. Para el operario, el cambio se realiza desde el software; para la línea de producción, apenas supone una breve transición antes de continuar su ritmo habitual.

En el catálogo de Maf Roda siempre hay una base tecnológica sobre la que se trabaja en cada máquina y a partir de ella se van estableciendo modificaciones adaptadas a cada central y forma de trabajar. También se pueden ir actualizando según cambian las necesidades. Además de reformas en las instalaciones “la maquinaria o una instalación de un proyecto tiene una vida útil de entre 10 y 15 años. Durante toda esa vida útil se pueden ir haciendo reformas y modificaciones en la instalación”, explica María Cabello. 

En ese equilibrio entre tecnología y producto es una de las claves de la compañía “trabajamos con un producto extremadamente sensible cuyo principal valor reside en mantener intacta su calidad natural”, explica Cabello. 

Tras este recorrido por las instalaciones y ese repaso de los procesos de una central hortofrutícola del siglo XXI lo que parece evidente es que las exigencias del mercado están cambiando y el sector se encuentra en la necesidad de seguirle el paso y reinventarse. En este sentido, Maf Roda se encuentra en constante movimiento buscando innovaciones tecnológicas punteras para satisfacer las necesidades de sus clientes, con una clara apuesta por la automatización integral, la inteligencia artificial aplicada y la robótica.

Mientras las líneas siguen funcionando y las pantallas continúan mostrando datos en tiempo real, en la nave de Alzira la actividad no se detiene, las máquinas siguen preparándose para aprender cada día evidenciando que el futuro ha alcanzado al presente.  

Acceso al reportaje en las páginas 12-13 del dossier Gestión Postcosecha en el ejemplar de Valencia Fruits. 

Acceso íntegro al último ejemplar de Valencia Fruits.