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Editorial de Valencia Fruits

Pablo Iglesias publica un twit con acusaciones contra la venta de naranjas Valencia procedentes de Sudáfrica en Mercadona a principios de septiembre de 2021. / ARCHIVO

Valencia Fruits. Redacción.

En medio de una coyuntura político-económica compleja a la que no escapa ningún sector, desde hace semanas una parte del Gobierno de España señala a la distribución como principal culpable del incremento de precios de la cesta de la compra. En medio de una escalada inflacionista de difícil control, el sector Podemos del Gobierno centra la responsabilidad de la subida de precios en el último eslabón de una cadena alimentaria muy larga y compleja. Aun más, colocan en el disparadero a Mercadona e, incluso, personalizan en la figura de su presidente, Juan Roig, señalando sus supermercados como los culpables del encarecimiento del coste de la vida. Al menos en lo que a alimentación se refiere.

Sin embargo, la configuración de los precios en los productos de alimentación no puede simplificarse hasta considerar que los márgenes de los supermercados son los únicos responsables de las subidas que se están haciendo insoportables para muchas familias españolas. Del campo a la mesa hay que tener en cuenta una estructura de costes que incluye desde fertilizantes hasta costes laborales, el precio del agua o la subida de los combustibles, solo por nombrar algunas de las partidas en las que todos sabemos que ha habido incremento de costes. Además, como señaló otro miembro del Gobierno, en este caso el ministro Planas, los agricultores (por fin) estaban percibiendo mejores precios en campo, (aunque esta mejora tampoco está siendo suficiente para dar un respiro al campo). 

Es difícil que esa coyuntura económica no se traduzca en una subida de precios al consumidor final. Imposible, como decía Pedro Sánchez, sorber y soplar al tiempo. A no ser que algunos eslabones trabajen a pérdidas o que haya una intervención pública que habría que programar y medir muy cuidadosamente para no entrar en dinámicas ajenas al libre mercado y no incurrir en ilegalidades.

Desde luego, se trata de una situación muy complicada en la que sale perdiendo el consumidor e incluso la propia cadena al contraerse el consumo. A la hora de buscar soluciones, como decíamos, responsables públicos como la ministra Ione Belarra o el exvicepresidente Pablo Iglesias no han dudado en buscar un único culpable para concentrar el descontento de los consumidores, y, a la sazón, votantes, en la figura del citado empresario valenciano.

Nuestro medio se caracteriza por su independencia y por la libertad que siempre se ha dado en nuestras páginas para verter opiniones en todos los sentidos y tendencias políticas, dentro del marco legal vigente en los primeros años (sorteando con habilidad la censura en no pocas ocasiones) y con respeto al sistema democrático y a las personas en nuestros días como únicos límites. Siguiendo esa estela, no queremos posicionarnos en ninguna línea que vaya más allá de la defensa de los hechos.

Sin entrar a valorar si hay eslabones de la cadena que estén sacando partido a esta situación tan desfavorable para el consumo y, por ende, para el sector, las acusaciones vertidas en un tuit de Pablo Iglesias contra la venta de naranjas Valencia procedentes de Sudáfrica en Mercadona a principios de septiembre de 2021 sí nos dio de lleno como medio. “Empresario valenciano defendiendo los intereses de los productores valencianos … Oh Wait…”, rezaba el tuit del exvicepresidente.

El conocido cocinero José Andrés respondió este tuit de Iglesias con el siguiente texto: “Señor Iglesias: En el campo, muchas frutas tienen temporadas. Naranjas Españolas no las hay siempre. Y a veces se importan. Lo que sí que hace el Empresario es mantener puestos de trabajo todo el año… y crear nuevos! Lea esto y comprenda! Un abrazo”. El texto al que se refería el chef en su “lea esto y comprenda” era el artículo “Análisis de las importaciones españolas de cítricos”, de nuestro colaborador Paco Borrás, publicado en Valencia Fruits en noviembre de 2021.

Durante días las redes y los medios de comunicación generalistas de toda España se han hecho eco de una polémica que ha trascendido el ámbito del metaverso para colarse en las páginas de los periódicos y en las conversaciones de los ciudadanos, no solo en las habituales del sector hortofrutícola.

El texto del reconocido experto Paco Borrás que reproducía José Andrés delimita cuáles son los flujos del mercado citrícola y deja en evidencia la necesidad de importar productos cítricos en determinados momentos del año si se quiere mantener el suministro durante todas las semanas, independientemente de las temporadas de nuestras frutas. Algo, que, además, debemos entender siendo un país netamente exportador de frutas y hortalizas: si otros países no compraran nuestros productos no habría comercio. Otra cuestión, que excede a este momento, es la reciprocidad, pero no hablaremos de esta justa demanda hoy.

Al margen de esa consideración, la confusión entre la variedad (Valencia) y la procedencia (Sudáfrica) es algo que sucede habitualmente cuando políticos de cualquier color poco conocedores de las cuestiones agronómicas quieren conseguir blancos fáciles que les apoyen en sus intereses y se convierten por un día en expertos en agricultura.

Intentar simplificar y banalizar el problema del incremento de precios de los alimentos, algo básico, irrenunciable, de primera necesidad, no debería hacerse nunca. Menos sin tener en cuenta la estructura de costes. Menos con interesados fines partidistas, intentando poner en el disparadero a una empresa, un sector o una persona en lugar de hacer lo que a los políticos a los que el pueblo ha elegido les compete: buscar soluciones.

No es momento de echar balones fuera ni de crear polémicas en las redes para dibujar un estado de opinión contrario a un sector (en este caso, la distribución) para generar así simpatías hacia una opción política determinada. No es momento de electoralismos en un año en el que mucho nos tememos que vamos a escuchar más promesas que realidades. De todos los colores y direcciones. Es hora de ponerse a trabajar y buscar soluciones para que, sin que nadie pierda (empezando por el agricultor, no lo olvidemos), el consumidor, el ciudadano, pueda tener acceso a una alimentación saludable y en cantidad suficiente.

Eso, y no confundir con estrategias de distracción o acoso, es lo que hace una clase dirigente responsable con el encargo que le han hecho los ciudadanos: gobernar para todos, con equidad, con honradez y buscando el bien común y la prosperidad y bienestar de nuestro país y sus ciudadanos.

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