Del vaso al bulo

Expertos reclaman una estrategia conjunta para combatir las mentiras que circulan en redes sociales sobre el zumo de naranja y recuperar la confianza de los consumidores

La mesa redonda trató el tema de la desinformación y los bulos sobre el consumo de zumo de naranja difundidos por redes sociales. / FOTOS: ÓSCAR ORZANCO

Alba Campos. Valencia.

¿Hasta qué punto creemos lo que oímos en redes sociales? ¿Sabemos diferenciar la información veraz del ruido? La creciente desinformación sobre el consumo de zumo de naranja y su impacto en los hábitos de los consumidores protagonizó la mesa redonda “El caso del zumo de naranja”, en la que expertos en ciencia, el marketing y la industria coincidieron en señalar que el principal desafío al que se enfrenta el sector ya no está en la calidad del producto, sino en la percepción que existe sobre él.

La mesa redonda estuvo dedicada a analizar la información y la desinformación en torno al zumo de naranja, el debate estuvo protagonizado por Benito Orihuel, Postharvest Advisor de Citrosol; Piedad Coscollá, responsable de Marketing Comercial e Imagen Corporativa de Anecoop; y Rafael Olmos, socio fundador y presidente de Zummo, quienes analizaron cómo los mensajes difundidos a través de las RRSS están condicionando el consumo de la naranja española. 

Las redes sociales se han convertido en una de las principales fuentes de consulta, especialmente entre los jóvenes, donde vídeos de apenas unos segundos son capaces de influir en decisiones de compra y hábitos alimentarios mucho más que años de investigación científica o experiencia profesional.

Los participantes alertaron de la proliferación de contenidos que presentan el zumo de naranja como un alimento perjudicial para la salud, muchas veces difundidos incluso por profesionales sanitarios

En este contexto, los participantes alertaron de la proliferación de contenidos que presentan el zumo de naranja como un alimento perjudicial para la salud, muchas veces difundidos incluso por profesionales sanitarios, lo que incrementa la credibilidad de estos mensajes y genera una importante confusión entre los consumidores.

Desde el ámbito científico, Benito Orihuel fue contundente al identificar el principal mito que rodea actualmente al zumo de naranja: su contenido en azúcar. Según explicó, la fruta contiene azúcares de forma natural, igual que ocurre con otras muchas frutas cuyo consumo no genera el mismo nivel de cuestionamiento. El problema, señaló, “no reside en el zumo en sí, sino en los excesos” recordando que un consumo moderado, como un vaso de zumo recién exprimido al día, no sólo no supone un riesgo para una persona sana, sino que puede aportar importantes beneficios nutricionales.

Orihuel lamentó además que el debate sobre el azúcar haya terminado trasladándose incluso al consumo de la naranja entera, alimentando una percepción negativa que “carece de base científica y que termina perjudicando a todo el sector citrícola”.  

Por su parte, Piedad Coscollá puso el foco en el origen de buena parte de la confusión que existe actualmente. A su juicio, muchos de los mensajes que circulan simplifican en exceso cuestiones relacionadas con la nutrición y equiparan erróneamente el azúcar naturalmente presente en la fruta con el azúcar añadido de los refrescos.

Esta simplificación, explicó, provoca que “muchos consumidores terminen considerando un vaso de zumo natural como un refresco azucarado, cuando se trata de productos completamente diferentes”.

Además, recordó que la repetición constante de este tipo de mensajes durante los últimos años está teniendo consecuencias muy visibles sobre el mercado. Como ejemplo, hizo referencia al importante descenso registrado en el consumo de naranjas en España durante la última década, una tendencia que el sector observa con preocupación.

Otro de los aspectos que despertó mayor interés durante el debate fue el análisis de la evidencia científica disponible. Coscollá señaló que existen dudas razonables sobre algunas investigaciones que relacionan el consumo de zumo con determinados problemas de salud, ya que, en muchos casos, “los estudios no diferencian claramente entre el consumo de zumo 100% natural y otras bebidas elaboradas a base de naranja con azúcares añadidos”.

Asimismo, recordó que tampoco pueden extrapolarse de forma automática resultados obtenidos en países donde el consumo de refrescos es muy elevado a mercados como el europeo, donde el contexto alimentario y los hábitos de consumo son muy diferentes.

Pero ¿estamos ante una pérdida real del consumo o es más bien una percepción? Desde la perspectiva empresarial, Rafael Olmos fue claro, es una bajada del consumo real. Confirmó que esta pérdida de confianza ya se refleja en determinados mercados. Aunque Zummo continúa creciendo internacionalmente y mantiene su expansión en numerosos países, el presidente de la compañía reconoció que “el consumo de zumo sí está descendiendo en aquellos lugares donde el cliente debe decidir si compra o no el producto”. 

Según explicó, la situación es diferente cuando el zumo forma parte de un desayuno incluido, “como ocurre en muchos hoteles, donde el consumo apenas se resiente”. Sin embargo, cuando el consumidor debe pagar por él, la influencia de los mensajes negativos y, en algunos casos, el incremento del precio de la naranja, provocan una reducción significativa de las ventas.

Olmos destacó además que esta realidad no se reproduce por igual en todo el mundo. En países como Brasil, “donde el zumo de naranja forma parte de la cultura alimentaria cotidiana, el impacto de estas campañas de desinformación es mucho menor, precisamente porque existe una mayor tradición de consumo y un conocimiento más profundo del producto”, afirmó Olmos.

Los tres participantes coincidieron en que uno de los grandes retos pasa por mejorar la comunicación del propio sector. Frente a mensajes sencillos, emocionales y muy llamativos que triunfan en redes sociales, la ciencia suele expresarse mediante un lenguaje técnico que difícilmente consigue captar la atención del gran público.

En este sentido, Benito Orihuel defendió que “el rigor científico no está reñido con una comunicación atractiva y cercana”. A su juicio, “el sector debe aprender a trasladar la evidencia científica utilizando formatos y estrategias propias del marketing actual”, capaces de competir en el mismo terreno donde hoy se generan muchos de los bulos.

Esa idea fue compartida por Piedad Coscollá, quien insistió en la necesidad de que todo el sector trabaje de forma coordinada. Antes de comunicar, señaló, “resulta imprescindible revisar y consensuar la evidencia científica existente para construir un mensaje único, sólido y fácilmente comprensible para la sociedad”.

En su opinión, la comunicación no puede limitarse a campañas puntuales, sino que debe mantenerse de forma constante en el tiempo si realmente se pretende modificar la percepción del consumidor.

Durante su intervención, Coscollá también puso en valor iniciativas recientes impulsadas por el sector, como la campaña “Nada más que zumo”, que busca acercar el producto al público mediante un lenguaje mucho más accesible y adaptado a los formatos digitales actuales.

Por su parte, Rafael Olmos planteó aprovechar la enorme red internacional de máquinas exprimidoras instaladas por Zummo como un nuevo canal de comunicación. Según explicó, cada punto de venta podría convertirse en un espacio para trasladar al consumidor mensajes claros sobre las características del producto, “recordando que el zumo recién exprimido no contiene conservantes, colorantes ni azúcares añadidos”. 

ν Soluciones

La mesa concluyó con una idea compartida por todos los ponentes: el objetivo no debe ser promover un consumo excesivo, sino fomentar un consumo responsable e informado.

En lugar de centrar el debate en prohibiciones o mensajes alarmistas, los expertos defendieron la necesidad de ofrecer pautas claras sobre un consumo equilibrado, respaldadas por la evidencia científica y comunicadas de forma sencilla.

Finalmente, los participantes coincidieron en que el reto trasciende incluso al propio zumo de naranja. Lo que está en juego es la imagen de la naranja como alimento saludable, un producto que durante décadas ocupó un lugar privilegiado en la dieta de millones de personas y que ahora necesita recuperar protagonismo frente a nuevas tendencias alimentarias impulsadas, en muchas ocasiones, por las redes sociales.

Orihuel, Coscollá y Olmos coincidieron en que combatir la desinformación requerirá unidad, evidencia científica y una estrategia de comunicación capaz de conectar con los consumidores. 

Acceso a la noticia en las páginas 10-11 del suplemento Jornada “Retos Estratégico de la naranja española”. 

Acceso íntegro al último ejemplar de Valencia Fruits.