Entrevista con el presidente y el director general de Fepex durante la Asamblea General celebrada en Valencia

Cecilio Peregrín e Ignacio Antequera en un momento de la Asamblea General de Fepex. / RF
Raquel Fuertes. Valencia
La exportación hortofrutícola española atraviesa un momento marcado por la apertura comercial, el aumento de las importaciones, la presión competitiva de terceros países y un contexto geopolítico que reconfigura prioridades en la Unión Europea. Acuerdos internacionales como el de Mercosur, la pérdida de cuota en determinados mercados y el debate sobre la soberanía alimentaria europea dibujan un escenario complejo en el que no coinciden las perspectivas de todos los integrantes de la cadena.
El presidente y el director general de Fepex, Cecilio Peregrín e Ignacio Antequera, analizaron en una charla con periodistas con motivo de la asamblea general celebrada en Valencia los principales retos del sector y defienden una posición clara: apertura comercial sí, pero con reciprocidad real y una Política Agraria Común fuerte que garantice la competitividad de la producción europea.
Ante la inminente aplicación del acuerdo comercial entre la Unión Europea y Mercosur, desde Fepex consideran que el impacto en el sector hortofrutícola español será limitado y, en términos generales, positivo. “Si tuviésemos que poner en una balanza los pros y los contras, pesarían más los pros”, señala Cecilio Peregrín, presidente de Fepex.
Recuerdan que el 85% de la producción hortofrutícola española se comercializa dentro de la Unión Europea, lo que relativiza el impacto directo del acuerdo. Además, en algunos productos, especialmente determinadas frutas con mercado en Sudamérica, podría haber incluso oportunidades.
No obstante, advierten de que el análisis debe hacerse producto por producto. “Habrá producciones que se vean más afectadas que otras”, apuntan. En el caso de las hortalizas, el impacto sería menor que en algunas frutas. Por ejemplo, el sector de zumos podría verse afectado por la competencia de Brasil, gran productor mundial de pulpa de naranja, aunque recuerdan que España apenas cuenta con industria transformadora en este ámbito.
Reconocen también que las protestas agrarias frente al acuerdo responden a realidades sectoriales distintas. “Hay productos que pueden verse muy afectados, como los cereales o el sector ganadero, que quedan fuera del paraguas de Fepex”, explican, lo que genera tensiones intersectoriales que no siempre afectan de igual forma al ámbito representado por la federación.
Uno de los fenómenos más preocupantes es el crecimiento sostenido de las importaciones hortofrutícolas en España y en la Unión Europea. Según los datos que apuntaron durante la entrevista, las importaciones aumentaron un 6% entre 2023 y 2024, y un 3% en el periodo 24-25.
“Desde Fepex hemos de buscar la competitividad del sector y hemos de ofrecer mejoras para garantizar una mejor posición de nuestros productos. Nuestra naturaleza es exportadora y comercializadora. No tenemos inconveniente en la apertura de mercados, pero exigimos igualdad de condiciones”, comentaba Ignacio Antequera, director de Fepex.
Desde Fepex recuerdan que, evidentemente, no es posible intervenir en las estructuras laborales o costes salariales de terceros países. “No podemos ir a Egipto o a Marruecos a decir cuánto deben pagar de salario”, reconocen.
Sin embargo, sí consideran imprescindible garantizar la igualdad en normas de sanidad vegetal, uso de materias activas, exigencias medioambientales, controles efectivos en frontera y en el cumplimiento de las cláusulas de salvaguardia en los acuerdos comerciales. “Un mercado, una norma. Para todos iguales”, apostilla Peregrín. Insisten en que no basta con firmar acuerdos: es necesario que se ejecuten y se controlen correctamente las entradas de producto.
Antequera y Peregrín admiten que el precio es un factor determinante en la decisión de compra del consumidor, aunque en las encuestas se valoren otros aspectos como la sostenibilidad o las garantías sociales. “El precio es muy importante”, aseguran. Por ello, consideran fundamental mejorar la eficiencia productiva, apostar por nuevas variedades, incrementar la tecnificación y poner en valor las garantías sociales y laborales que ofrece la producción española.
En este sentido, Antequera destacó que en Fepex trabajan con los compradores para destacar la fiabilidad, seguridad jurídica y alimentaria y otras garantías que ofrece el origen España frente a otros orígenes.
Retomando el hecho de que el diferencial de costes laborales, energéticos y sociales está teniendo consecuencias visibles, mencionaron el ejemplo del mercado británico, donde España ha perdido presencia en determinados productos. “La judía española, por ejemplo, es prácticamente imposible de encontrar”, señalan, apuntando al desplazamiento de la producción hacia países como Marruecos o Kenia, con estructuras de costes más bajas.
Peregrín avisa de la necesidad de hacer pedagogía sobre esta situación y recuerda que “lo que está en riesgo es la soberanía alimentaria de la Unión Europea”. Con el contexto geopolítico actual generado tras una sucesión de crisis —pandemia, guerra de Ucrania, tensiones comerciales— ha quedado patente la fragilidad que pueden llegar a tener las cadenas de suministro.
Peregrín subraya que “nosotros como consumidores tenemos que poner en valor la producción local, los esfuerzos que hacemos, las inversiones en I+D, la tecnificación… y, sobre todo, que hay un montón de gente detrás de todas nuestras empresas que están viviendo de este trabajo. Es poner en valor realmente el trabajo que hacemos”.
Antequera señala remarcando este punto que “para el equilibrio de los precios o de los costes de producción necesitamos una PAC fuerte, que sea igual para todos los países miembros y que sea una ayuda real para los productores”. En definitiva, ambos coinciden en que el sector necesita una PAC “fuerte, homogénea y dotada de recursos suficientes”.
Desde Fepex consideran que la Unión Europea ha perdido parcialmente el foco en la soberanía alimentaria, desviando prioridades presupuestarias y estratégicas hacia otros ámbitos. “Sin apoyo de las autoridades, apertura de mercados sin controles y sin palancas que permitan mantener el equilibrio, la producción europea puede ir desapareciendo”. Defienden, por tanto, la necesidad de reforzar el apoyo institucional y recuperar la centralidad del abastecimiento alimentario como prioridad estratégica.
Alertan de que los cambios en el sistema de financiación, con mayor peso de los Estados miembros en la aportación de fondos, pueden romper el equilibrio del mercado único y generar distorsiones competitivas entre países.
Como ejemplo de comportamiento y confiabilidad del sector, subrayan el comportamiento del sector durante la pandemia: “Durante el COVID hicimos esfuerzos ímprobos para proteger a nuestros trabajadores y garantizar el suministro. En ningún momento faltó producto ni se produjeron tensiones de precios. Quien siempre está ahí es el sector primario. Hicimos lo imposible para conseguir salvaguardar a nuestros trabajadores y que, a la vez, no faltara producto en los lineales y no se especulase con el precio”, recuerda Peregrín.
Reivindican así el papel estratégico del sector primario en situaciones de crisis y la necesidad de que esa función esencial se traduzca en políticas que refuercen su viabilidad a largo plazo.
En definitiva, la exportación hortofrutícola española mantiene una posición sólida en Europa, pero enfrenta un escenario cada vez más complejo: apertura comercial con nuevos acuerdos con países terceros, competencia de terceros países con menores costes, aumento de importaciones y un contexto geopolítico incierto.
Desde Fepex el mensaje es claro: apertura sí, pero con reciprocidad efectiva, controles rigurosos y una PAC fuerte que garantice que la producción europea pueda seguir compitiendo en condiciones justas.
Porque, como recuerdan, la soberanía alimentaria es la base de la seguridad estratégica.








