“La mejor respuesta ante el virus: convertir la crisis en una oportunidad”, por José Vicente Andreu

El presidente de Asaja Alicante, José Vicente Andreu, habla sobre la clorosis nervial amarilla

Arranque de plantaciones afectadas por el virus de la clorosis nervial amarilla de los cítricos (CYVCV). / ASAJA ALICANTE

José Vicente Andreu (*)

La citricultura valenciana se encuentra en un momento decisivo. Ya no hablamos de una sucesión de campañas desafortunadas ni de los efectos coyunturales de fenómenos climáticos adversos. La pérdida continuada de productividad que arrastra nuestro sector desde hace años responde a un problema estructural que exige un cambio de rumbo inmediato.

No es un diagnóstico nuevo; ya quedó reflejado en el hoy olvidado Plan Citrícola Valenciano, un documento elaborado por los mejores profesionales del sector que debía haberse convertido en la hoja de ruta para garantizar el futuro de nuestra citricultura. Sin embargo, acabó archivado, condenado al olvido, sin que ninguna administración asumiera el compromiso de ponerlo en marcha. Desde entonces, cada campaña no ha hecho sino confirmar aquel diagnóstico. Cada año trae consigo una nueva amenaza fitosanitaria, cada vez más compleja y difícil de combatir.

Mientras tanto, la realidad ha seguido su curso, con nuevas amenazas fitosanitarias, complejas y difíciles de combatir. Esta vez ha sido el virus de la clorosis nervial amarilla de los cítricos (CYVCV) el que ha puesto a prueba nuestro sistema de prevención. No era desconocido por la comunidad científica; figuraba desde hace años en la bibliografía especializada y su presencia en el área mediterránea era sobradamente conocida. Pese a ello, volvió a sorprendernos con la guardia baja.

España dispone de uno de los sistemas de defensa fitosanitaria más sólidos del mundo, reforzado con el trabajo de las organizaciones interprofesionales citrícolas. Del mismo modo, contamos probablemente con uno de los mejores modelos de producción y certificación de plantas de vivero de cítricos, capaz de abastecer al sector con más de cuatro millones de plantas certificadas cada año.

Pero la historia demuestra que ninguna fortaleza es inquebrantable… Troya también creyó que sus murallas lo eran.

Este virus, prácticamente inocuo para naranjas y mandarinas, pero devastador para el limón y la lima, ha conseguido vulnerar todas las barreras de seguridad fitosanitaria. Y lo ha hecho de la peor forma posible: viajando oculto en las plantas procedentes de vivero que los agricultores adquieren convencidos de estar comprando un material vegetal con todas las garantías sanitarias.

La confianza, cuando no va acompañada de controles eficaces, puede convertirse en el mayor enemigo. En esta ocasión ha puesto en serio peligro precisamente al único subsector de la citricultura valenciana que mantiene una evolución positiva tanto en productividad como en rentabilidad: el limón.

En Valencia y Castellón todavía pueden existir dudas sobre su vía de dispersión, al haberse detectado positivos en plantaciones adultas sin relación con viveros valencianos o catalanes. En Alicante, la situación ofrece pocas interpretaciones: todas las plantas infectadas corresponden a plantones procedentes de esos viveros. El origen resulta, por tanto, difícilmente discutible.

Dentro de la gravedad de la situación también existen motivos para la esperanza. El nivel de afección está siendo menor del inicialmente temido y, sobre todo, la respuesta del Servicio de Sanidad Vegetal de la Conselleria de Agricultura ha sido rápida y ejemplar.

Igualmente, merece un reconocimiento expreso el trabajo realizado por el Instituto Valenciano de Investigaciones Agrarias (IVIA). Los protocolos de bioseguridad del banco de germoplasma han demostrado su eficacia, al igual que la actuación del laboratorio de virología, cuya capacidad técnica ha resultado determinante para identificar el problema y actuar con agilidad.

De esta crisis pueden salir reforzados el IVIA, el Servicio de Sanidad Vegetal y la propia Conselleria de Agricultura, siempre y cuando las ayudas que publiquen sean justas para quienes han tenido que hacer frente a una situación sobrevenida. 

No puede decirse lo mismo de los viveros implicados. No basta con escudarse en que las plantas estaban certificadas. Los viveros andaluces y murcianos también comercializan plantas certificadas y no presentan casos de infección. La diferencia no es otra que el cumplimiento (o falta de este) de los protocolos de bioseguridad.

Si se hubieran aplicado con el rigor exigible, el virus jamás habría entrado en la cadena de producción, incluso aunque hubiera existido en parcelas próximas a los viveros. Las excusas ya no sirven. Es el momento de asumir responsabilidades.

Quienes se han visto obligados a arrancar plantaciones no pueden soportar en solitario las consecuencias económicas de unos fallos que no les son imputables. Los viveros deben responder suministrando sin coste las plantas necesarias para la reposición y reforzando sus métodos de prevención para evitar que una situación semejante vuelva a repetirse.

Igualmente preocupante resulta escuchar voces que, desde el desconocimiento o la frivolidad, defienden que debemos “aprender a convivir con el virus”. Convivir puede ser una opción cuando el daño es asumible. Pero no cuando hablamos de un patógeno capaz de destruir un sector entero. Nadie convive con aquello que amenaza su supervivencia. O erradicamos el virus ahora o será el virus quien termine erradicando el cultivo del limón.

Tampoco queda en buen lugar la actitud del Gobierno de la Región de Murcia, principal territorio productor de limón de Europa. Su falta de reacción contrasta con la rapidez con la que ha actuado la Comunidad Valenciana. Cada día de retraso juega a favor del virus y en contra de los agricultores.

Pero como toda crisis, esta también deja una lección que no podemos ignorar: somos mucho más vulnerables de lo que creíamos. Si en lugar del CYVCV el patógeno hubiera sido el HLB, las consecuencias habrían sido devastadoras. No podemos permitirnos volver a confiar en la suerte ni esperar a que la próxima amenaza nos encuentre desprevenidos. Ha llegado el momento de revisar y reforzar todos los protocolos nacionales de bioseguridad vegetal, extremar los controles en los viveros y elevar al máximo el nivel de exigencia frente a cualquier riesgo fitosanitario. Sólo si somos capaces de aprender de este episodio y actuar con determinación habremos convertido la crisis en una oportunidad. 

(*) Presidente de Asaja Alicante