El Presidente Frutas y Hortalizas Cooperatives Agro-alimentàries, Cirilo Arnandis habla sobre la Política Agraria Comun y los presupuestos comunitarios en el ámbito agrario

La estructura propuesta para la nueva PAC no satisface al sector agrario. / ÓO
Cirilo Arlandis (*)
Seguro que todos hemos visto alguna vez el diagrama de flujo que sistematiza el desarrollo de un proceso en el que partiendo del entusiasmo inicial la cosa va de mal en peor, hasta que no se sabe cómo ni por qué, el resultado final acaba siendo satisfactorio. En estos casos, el último paso es la felicitación y el halago por lo conseguido, dejando atrás toda una serie de reproches, descalificaciones y ataques, o la búsqueda de algún culpable de no se sabe exactamente qué. Esto bien puede ser un reflejo simplista e irónico de muchas procesos y situaciones de la vida real, y en el que probablemente nos vemos reflejados, pero también puede servir de modo ilustrativo para procesos de mayor importancia.
Un ejemplo de lo que digo bien puede ser el proceso de debate en el que se encuentran inmersas las instituciones comunitarias, tras el que se debe de aprobar el Marco Financiero Plurianual (MFP) aplicable a partir de 2028 y hasta 2034, como paso previo al desarrollo de cualquier política, incluida la PAC. Si hacemos un poco de memoria, fue allá por agosto de 2025 cuando la Comisión presentó tanto su propuesta de MFP como de la única política realmente común existente en Europa, la PAC. Esto no fue más que el inicio de un proceso que, a la vista de los acontecimientos, sigue el guion de ocasiones anteriores. Eso sí, en esta ocasión, parece que las tensiones y las divergencias se están expresando de modo más evidente.
“Más allá del presupuesto y de los fondos de los que finalmente pueda disponer la futura PAC, quedan todavía en el aire cuestiones de calado, pues las inversiones en industrias agroalimentarias no están aseguradas, y los Fondos Operativos, que financian los Programas Operativos de las OPFH, tampoco saben con qué presupuesto ni con qué financiación contarán”
En la imbricada estructura administrativa y política comunitaria tienen un papel estelar los Jefes de Estado y de Gobierno de los 27 socios comunitarios, cuyo foro de reuniones es lo que se conoce como el Consejo Europeo. Tiene como misión definir las orientaciones y prioridades políticas generales de la Unión Europea, normalmente a través de la adopción de “Conclusiones” que más tarde se deben de convertir en propuestas concretas por parte de la Comisión Europea. Por tanto, en su seno no se negocia ni se adopta legislación comunitaria, pero es el foro en el que se definen las columnas básicas del presupuesto comunitario, como la aportación económica de cada Estado miembro al presupuesto en función de su riqueza, o las políticas a las que hay que prestar más atención. Así pues, sin el visto bueno del Consejo Europeo, cuyos acuerdos se adoptan por consenso (manera amable de decir unanimidad) no hay Marco Financiero, y si no hay MFP, tampoco sabemos cuánto se destina a cada una de las políticas, incluida la PAC.
Los pasados días 18 y 19 de junio se reunió en Bruselas el Consejo Europeo, en el que se trataron temas de actualidad en el ámbito geoestratégico, además del mencionado tema del próximo presupuesto comunitario. En el acta de esa reunión consta lo siguiente en relación con esta cuestión: “Tras los trabajos de la Presidencia chipriota y la presentación del marco de negociación con cifras, el Consejo Europeo ha cambiado impresiones sobre el nuevo marco financiero plurianual. El Consejo Europeo insta a la Presidencia irlandesa a que impulse los trabajos sobre el marco de negociación antes del Consejo Europeo de octubre, con vistas a llegar a un acuerdo en tiempo oportuno. Alcanzar un acuerdo antes del final de 2026 permitiría la adopción de actos legislativos en 2027, lo que es necesario para garantizar que la financiación de la UE llegue a los beneficiarios sin interrupción en enero de 2028. Traducido, y para que todos lo entendamos que la primera propuesta realizada no vale, y que hay que hacer una nueva, encargándose de ello la presidencia rotatoria, en este caso de Irlanda.
Lo sustancioso vino en la rueda de prensa posterior a la reunión del Consejo Europeo, en la que su presidente, el portugués António Costa, manifestó además del encargo de una nueva propuesta para debatir en el próximo Consejo de octubre, que en esta convocatoria se debería de acelerar el debate para la obtención de nuevos recursos propios de la Comisión antes de final de año. Y es que el calendario apremia, por lo que alcanzar el acuerdo sobre el presupuesto antes del final de 2026 permitiría que el año 2028 empiece dentro de una nuevo Marco Financiero, y con ello con la nueva PAC. A estas alturas del proceso nos encontramos con el problema de siempre, que queremos más Europa pero nadie quiere pagar lo que vale, y es por ello por lo que Bruselas está buscando la forma de obtener nuevos recursos propios.
Ha quedado constatado que en esta negociación existen dos bandos claramente diferenciados. De una parte, la Europa del norte, encabezada por Alemania, Países Bajos, Finlandia, Suecia o Dinamarca. Bajo la etiqueta de “frugales”, estos países entienden que el presupuesto propuesto es alto, y que se debe de priorizar la devolución de la deuda contraída solidariamente por todos los socios comunitarios durante la pandemia. De otra parte, los países denominados “amigos de la cohesión”, más al sur y al este del continente, entre los que se incluye España, que opinan de modo diferente. A estos países, el presupuesto les parece insuficiente para el cumplimiento de los objetivos marcados. En esta línea, el ministro de Agricultura español, Luis Planas, se ha manifestado repetidamente en defensa de una PAC sin recortes presupuestarios. Hay que recordar, a este respecto, que venimos de un periodo de programación en el que se produjeron recortes sustanciales.
En este debate, y con el objetivo de que los Estados miembro no tengan que aportar un porcentaje mayor de su PIB al presupuesto europeo, António Costa quiere buscar nuevas fuentes de ingresos que eviten recortes en la financiación comunitaria. Algunos ejemplos serían la imposición de tasas al juego y las apuestas por internet, a los criptoactivos, a las actividades digitales, a las empresas que facturan más de 100 millones de euros o al tabaco. Esto no deja de ser un intento bien intencionado, pues a fin de cuentas los impuestos salen de los ciudadanos y de sus actividades, y que los recaude Bruselas directamente o que se haga a través de sus socios tan solo es una cuestión de procedimiento. Pero si esta solución es válida, es mejor que aplicar recortes que puedan afectar de modo directo a la PAC. Una política agrícola que además de su presupuesto, también debería de reflexionar sobre aquellas medidas que no cuestan dinero y que evitan la posible competencia desleal de las producciones procedentes de países terceros.
¿Qué sabemos hasta ahora de la PAC? En primer lugar, que su presupuesto inicial era inaceptable, y que por ello se ha ido modificando con parches que han ido incrementando su dotación inicial. En segundo lugar, que la estructura propuesta tampoco gusta al sector agrario, pues la deja sin contenido al integrarse dentro del “Plan País”, en debate y competencia con el resto de las políticas generales de cada Estado miembro. Hay que recordar que hemos pasado de una PAC en la que las regiones, conocedoras de las necesidades de su agricultura, elaboraban sus planes de actuación, a una fase en que estos programas agrarios los elaboraba el país en su conjunto, y de ahí a la propuesta actual, en la que la agricultura es una política más en competencia con otras, dejando de ser una política única europea pese a su nombre. Por último, hay que decir que más allá del presupuesto y de los fondos de los que finalmente pueda disponer la futura PAC, quedan todavía en el aire cuestiones de calado, pues las inversiones en industrias agroalimentarias no están aseguradas, y los Fondos Operativos, que financian los Programas Operativos de las OPFH, tampoco saben con qué presupuesto ni con qué financiación contarán, incluso una vez iniciado su correspondiente Programa Operativo.
“Estamos en un escenario en el que la estructura de la actual propuesta de integrar la PAC en un ‘Plan País’ de cada Estado miembro, que contemple toda su política general, incluida su visión particular de la agricultura y la ganadería, parece que tiene muy pocas posibilidades de cambiar”
“Lo más preocupante es que a fecha de hoy, nadie sabe con qué presupuesto contará la PAC post 2027, y que el fantasma de un recorte presupuestario sobrevuela el escenario”
“Más allá de las apariencias y de las posiciones estratégicas de negociación, es el momento de Europa y es la hora de hacer valer este proyecto compartido. Si no, que se lo pregunten a los ciudadanos del Reino Unido, que ya se están arrepintiendo del Brexit”
Así pues, estamos en un escenario en el que la estructura de la actual propuesta de integrar la PAC en un “Plan País” de cada Estado miembro, que contemple toda su política general, incluida su visión particular de la agricultura y la ganadería, parece que tiene muy pocas posibilidades de cambiar. Pese a ello, lo más preocupante es que a fecha de hoy, nadie sabe con qué presupuesto contará la PAC post 2027, y que el fantasma de un recorte presupuestario sobrevuela el escenario. Yo soy optimista, pues como decía al principio, tras una apariencia de caos inicial, al final se llegará a un acuerdo satisfactorio para todos. A fin de cuentas, con el no acuerdo, todos tienen algo que perder. Más allá de las apariencias y de las posiciones estratégicas de negociación, es el momento de Europa y es la hora de hacer valer este proyecto compartido. Si no, que se lo pregunten a los ciudadanos del Reino Unido, que ya se están arrepintiendo del Brexit.



