Entrevista a Antonio Vicent Civera, Presidente del Panel de Sanidad Vegetal de la EFSA y coordinador del Centro de Protección Vegetal y Biotecnología del IVIA con motivo del VI Congreso Nacional de Ingenieros Agrónomos

Antonio Vicent ha participado como ponente en el VI Congreso de Ingenieros Agrónomos celebrado en Valencia. / CONGRESO NACIONAL INGENIEROS AGRÓNOMOS
Julia Luz. Redacción.
La sanidad vegetal es uno de los grandes pilares de la agricultura y también uno de sus principales desafíos. Así ha quedado reflejado en el Congreso Nacional de Ingenieros Agrónomos, celebrado en Valencia, donde diferentes expertos han compartido sus experiencias y conocimientos en el Vector 6, “Sanidad vegetal: un reto global para una profesión sanitaria”. Antonio Vicent, uno de los expertos, explica a Valencia Fruits cómo funciona el sistema europeo de prevención y control de plagas y enfermedades emergentes, qué mecanismos se activan ante su detección y cómo se evalúan los riesgos asociados a las importaciones. Una conversación que permite profundizar en el funcionamiento de los controles fitosanitarios, las medidas de salvaguarda y su eficacia, en un contexto en el que las interceptaciones de plagas en frontera generan preocupación y debate en el sector agrario.
Valencia Fruits. Teniendo en cuenta que la sanidad vegetal se ha convertido en uno de los grandes desafíos de la agricultura, ¿qué diagnóstico podemos hacer de la situación fitosanitaria actual de los cultivos en Europa?
Antonio Vicent. La sanidad vegetal en Europa se encuentra en una encrucijada. Así la definí en una jornada que organizó el Colegio de Ingenieros Agrónomos hace algún tiempo, en la que abordamos la situación de la sanidad vegetal tanto en España como en el conjunto de Europa, porque no podemos olvidar que todas las normativas, tanto las relativas a los productos fitosanitarios como las que regulan las plagas y enfermedades de cuarentena, son europeas, no nacionales.
Por una parte, tenemos una reducción drástica tanto del número como de la diversidad de productos fitosanitarios disponibles. Por otra, Europa es una economía basada en el comercio, tanto importador como exportador. Por ello, la introducción de nuevas plagas y enfermedades está inevitablemente asociada a estos flujos comerciales de vegetales y productos vegetales, aunque es cierto que durante las últimas décadas, Europa está sufriendo la entrada de un número considerable de nuevas plagas y enfermedades que, en algunos casos, provocan impactos muy importantes. Un ejemplo es Xylella fastidiosa en el sur de Italia, que prácticamente ha eliminado la producción de olivo en esa zona.
“Por una parte, tenemos una reducción drástica tanto del número como de la diversidad de productos fitosanitarios disponibles. Por otra, Europa es una economía basada en el comercio, tanto importador como exportador. Por ello, la introducción de nuevas plagas y enfermedades está inevitablemente asociada a estos flujos comerciales de vegetales y productos vegetales, aunque es cierto que durante las últimas décadas, Europa está sufriendo la entrada de un número considerable de nuevas plagas y enfermedades que, en algunos casos, provocan impactos muy importantes”
VF. Y en esta “encrucijada”, ¿cuáles son las plagas y enfermedades que representan una mayor amenaza para los cultivos?
AV. Cada cultivo tiene sus propias amenazas. No obstante, es cierto que la mayor parte de las últimas introducciones que han causado un mayor impacto en la agricultura y en los ecosistemas forestales europeos corresponden a plagas de artrópodos, fundamentalmente insectos polífagos, es decir, aquellos que tienen un amplio rango de hospedantes sobre los que pueden alimentarse y reproducirse.
Esto responde a dos motivos. En primer lugar, tienen más posibilidades de entrada, simplemente porque están presentes en un mayor número de vegetales y productos vegetales. Una plaga o enfermedad específica de un solo cultivo únicamente puede entrar a través de ese cultivo, mientras que una plaga polífaga dispone de muchas más vías de importación para introducirse en el territorio.
En segundo lugar, una vez que entran, tienen más facilidad para encontrar un hospedante adecuado, precisamente por su capacidad para alimentarse de diferentes especies vegetales.
Esto no significa que no existan patógenos muy específicos que puedan provocar daños muy importantes. Un ejemplo sería la enfermedad del HLB de los cítricos, causada por la bacteria Candidatus Liberibacter asiaticus, que afecta específicamente a los cítricos y otras rutáceas. Esta bacteria se introdujo en Florida y, a día de hoy, prácticamente ha desaparecido la industria citrícola de ese estado. Ha arrasado con la producción a lo largo de los últimos 20 años.
Por tanto, aunque existe un perfil de plagas generalistas o polífagas que presentan un mayor riesgo de entrada y establecimiento, también podemos encontrarnos con enfermedades muy específicas que, en un cultivo concreto, pueden provocar un impacto enorme.
VF. ¿De qué manera está influyendo el cambio climático en la evolución y expansión de las plagas y enfermedades?
AV. El cambio climático influye porque, en general, las plagas y la mayoría de las enfermedades dependen de las temperaturas. Por tanto, un incremento térmico lo que provoca es que se amplíe el periodo del año en el que se dan condiciones cálidas, y esto favorece su desarrollo y multiplicación.
En el caso de los insectos, pueden completar más generaciones a lo largo del año, mientras que, en el de las enfermedades, por ejemplo las causadas por hongos, pueden producir una mayor cantidad de esporas o propágulos.
Es decir, el cambio climático puede afectar en dos sentidos. Por una parte, cuando una plaga entra en un territorio, aumenta la probabilidad de que encuentre condiciones favorables para establecerse, formar una población y, posteriormente, dispersarse. Hay numerosos estudios que relacionan este incremento de las introducciones con los efectos del cambio climático.
Por otra parte, tampoco hay que olvidar que los propios cultivos pueden volverse más sensibles como consecuencia de los golpes de calor o las sequías prolongadas. Así, una plaga que en otras circunstancias quizá no habría causado daños relevantes, al coincidir con una situación de estrés puntual de la planta, puede llegar a provocar mayores daños.
“El cambio climático puede afectar en dos sentidos. Por una parte, cuando una plaga entra en un territorio, aumenta la probabilidad de que encuentre condiciones favorables para establecerse, formar una población y, posteriormente, dispersarse. Por otra parte, tampoco hay que olvidar que los propios cultivos pueden volverse más sensibles como consecuencia de los golpes de calor o las sequías prolongadas”
VF. ¿Cómo actúa Europa ante la amenaza de nuevas plagas y enfermedades? ¿Qué mecanismos existen para evaluar los riesgos de introducción y decidir las medidas que deben adoptarse?
AV. Aunque el escenario puede parecer muy pesimista, afortunadamente la situación no es así. En principio, las normas internacionales de la Organización Mundial del Comercio (OMC), que regulan todo lo relativo al comercio, establecen que los países pueden adoptar barreras fitosanitarias para evitar o reducir la entrada de plagas y enfermedades a través de vegetales y productos vegetales. Sin embargo, estas medidas deben ser siempre proporcionales al riesgo. Es decir, no se pueden utilizar como barreras comerciales, sino que deben estar justificadas por el riesgo y el impacto potencial que esa plaga pueda tener en el territorio.
Para ello se realizan análisis de riesgos, que lleva a cabo la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) a través de su Comisión Técnica de Fitosanidad, cuyo panel presido actualmente. Somos un grupo de 19 científicos de diferentes países y especialidades que, mediante metodologías públicas y validadas, realizamos análisis probabilísticos para evaluar el riesgo que supone una plaga. Estudiamos la probabilidad de que entre en el territorio, de que consiga establecerse una vez introducida, de que pueda dispersarse desde ese foco inicial y, finalmente, el impacto que podría causar.
Si esos estudios demuestran que existe un riesgo elevado de que se produzca ese escenario, el informe se traslada al Comité Fitosanitario Permanente de la Comisión Europea, en el que están representados los Estados miembros a través de sus ministerios de Agricultura o de los departamentos que tienen competencias en sanidad vegetal. Es en este marco donde se deciden las medidas normativas que deben adoptarse.
“Aunque el escenario puede parecer muy pesimista, afortunadamente la situación no es así. En principio, las normas internacionales de la Organización Mundial del Comercio (OMC), que regulan todo lo relativo al comercio, establecen que los países pueden adoptar barreras fitosanitarias para evitar o reducir la entrada de plagas y enfermedades a través de vegetales y productos vegetales”
Estas medidas pueden ir desde prohibir la entrada de determinados vegetales o productos vegetales en la Unión Europea hasta establecer requisitos que reduzcan el riesgo. Por ejemplo, en el caso de los cítricos, está prohibida la entrada de material vegetal de propagación. Sin embargo, sí se permite importar fruta procedente de zonas afectadas por la mancha negra, una enfermedad causada por el hongo Phyllosticta citricarpa, siempre que se cumplan determinadas medidas de mitigación del riesgo. Entre ellas, que la fruta esté exenta de síntomas, que se hayan aplicado los tratamientos correspondientes y que se hayan realizado las inspecciones pertinentes. Con todo ello se alcanza un nivel de riesgo aceptable sin interferir en los flujos comerciales.
Los Estados miembros de la Unión Europea son los encargados de aplicar estas medidas, pero puede ocurrir que una plaga consiga superar todas esas barreras y entrar en el territorio, también a través del comercio irregular de plantas que no han pasado los controles oficiales.
Cuando esto sucede, se activa un protocolo recogido en un plan de contingencia, también definido a escala europea. En nuestro país, son los servicios de sanidad vegetal de las comunidades autónomas los organismos encargados de actuar. En función de la situación, se puede establecer un programa de erradicación, cuyo objetivo es eliminar el brote e impedir que quede presencia de la plaga, o un programa de contención. Este último se aplica cuando el foco ya es demasiado grande para poder eliminarlo y consiste en establecer un cordón sanitario para evitar que se disperse y alcance otras zonas.
Esa sería, a grandes rasgos, la respuesta que se articula siguiendo una estructura jerárquica en la que intervienen la Comisión Europea, los Estados miembros y las comunidades autónomas.
VF. A pesar de estos mecanismos de control, las organizaciones agrarias denuncian con frecuencia la entrada de productos importados que presentan problemas fitosanitarios. ¿Es suficientemente eficaz el sistema europeo de vigilancia y control o su estructura dificulta una respuesta rápida ante estas amenazas?
AV. Hablamos unos volúmenes de importación de vegetales y productos vegetales masivos. Por tanto, los sistemas de control funcionan mediante inspecciones y controles estadísticos, pero estos nunca pueden ofrecer una garantía absoluta.
Por ello, es importante que no centremos el debate únicamente en si se inspecciona más o menos en los puertos. Las interceptaciones que se producen en frontera son, precisamente, controles que permiten comprobar si el sistema está funcionando correctamente o no.
Cuando la Comisión Europea detecta un incremento de las interceptaciones de un determinado patógeno o plaga en frontera, debe dirigirse al país de origen y revisar el protocolo que tiene acordado con él. Esto puede indicar que ese país no está aplicando adecuadamente las medidas en su territorio para garantizar que la fruta, las plantas o los tubérculos lleguen a las fronteras de la Unión Europea con las condiciones fitosanitarias exigidas.
“Cuando la Comisión Europea detecta un incremento de las interceptaciones de un determinado patógeno o plaga en frontera, debe dirigirse al país de origen y revisar el protocolo que tiene acordado con él”
Por tanto, es cierto que se producen entradas de plagas y enfermedades, pero hay que tener en cuenta que, sin las medidas que tenemos actualmente, aunque puedan parecernos imperfectas, la cantidad de introducciones sería muchísimo superior. Estaríamos hablando de un escenario absolutamente dantesco.
El mensaje es que las medidas no son perfectas y hay que vigilarlas permanentemente para garantizar que se cumplen y evitar que se relajen, pero tampoco podemos pretender un blindaje absoluto. Mientras existan estos flujos comerciales, es inevitable que, aunque sea en un porcentaje muy bajo, alguna plaga o enfermedad consiga escapar a los controles.
Además, hay que tener en cuenta que muchas veces regulamos aquello que conocemos. No podemos establecer medidas para algo que todavía no conocemos o que ni siquiera existe para la ciencia. Siempre aparecen nuevos patógenos y plagas, en ocasiones más agresivos, y no es fácil que la legislación pueda anticiparse a estas situaciones. Son fenómenos que se producen en los propios ecosistemas y que no siempre son previsibles, como ocurrió también con la covid-19.
“Es cierto que se producen entradas de plagas y enfermedades, pero hay que tener en cuenta que, sin las medidas que tenemos actualmente, aunque puedan parecernos imperfectas, la cantidad de introducciones sería muchísimo superior”
“El mensaje es que las medidas no son perfectas y hay que vigilarlas permanentemente para garantizar que se cumplen y evitar que se relajen, pero tampoco podemos pretender un blindaje absoluto”
Por tanto, aunque el sistema no es perfecto, sí permite mantener un equilibrio con los flujos comerciales. No hay que olvidar que la Unión Europea también es un exportador neto y que nuestros vegetales y productos vegetales están sometidos a inspecciones cuando los enviamos a otros mercados.
Precisamente, la nueva normativa europea, que comenzó a aplicarse a finales de 2019, pone mucho énfasis en la prevención y la preparación. Es fundamental contar con planes de contingencia, recursos, planes de acción, concienciación social y ejercicios de simulación. No podemos reducir el riesgo a cero, por lo que debemos estar mejor preparados para detectar cuanto antes cualquier introducción y actuar rápidamente para erradicarla o contenerla.
VF. Entonces, además de las medidas para evitar la entrada de nuevas plagas, ¿es fundamental contar con protocolos que permitan detectarlas y actuar lo antes posible una vez que se han introducido?
AV. Exactamente. La prevención abarca las medidas de reducción del riesgo que hemos comentado, desde el origen hasta la frontera, pero debe ir acompañada de una preparación para actuar cuando se produce una introducción.
Es como ocurre con los incendios forestales. Podemos adoptar medidas para prevenirlos, pero siempre existe la posibilidad de que se produzca alguno. Por eso, también es fundamental estar preparados para actuar, disponer de helicópteros, hidroaviones y los medios necesarios. En sanidad vegetal sucede lo mismo: debemos contar con los mecanismos adecuados para la detección temprana, la erradicación y la contención de las plagas.
“La prevención abarca las medidas de reducción del riesgo que hemos comentado, desde el origen hasta la frontera, pero debe ir acompañada de una preparación para actuar cuando se produce una introducción”
VF. Teniendo en cuenta que Europa mantiene unos estándares de seguridad alimentaria y sanidad vegetal muy exigentes, pero comercia con países que pueden tener criterios diferentes, ¿hasta qué punto es importante avanzar hacia una mayor “armonización” de las normas y los controles fitosanitarios a escala internacional?
AV. Existen unos estándares internacionales establecidos por la Convención Internacional de Protección Fitosanitaria (CIPF), que, en principio, son aplicables a todos los países que forman parte de la FAO y de las Naciones Unidas, es decir, prácticamente todos.
La cuestión está en lo que se denomina el nivel de riesgo aceptable, que ya depende de cada país. En nuestro caso, es una decisión que corresponde a la Comisión Europea.
Así, aunque partamos de una misma normativa y de un mismo protocolo técnico, el nivel de riesgo que cada país está dispuesto a aceptar puede variar en función de su propia situación. No es lo mismo un país insular, que quizá puede controlar mucho mejor sus entradas y salidas, que otro con diferentes tipos de fronteras o una estructura económica y comercial distinta. Por tanto, cada país puede interpretar y establecer estándares que difieran sustancialmente, aunque todos estén basados en las mismas normas de la Convención Internacional de Protección Fitosanitaria.
VF. Para terminar, como presidente del Panel de Sanidad Vegetal de la EFSA hasta 2029, ¿cuáles son sus principales prioridades al frente del organismo y qué cambios considera necesarios para mejorar su funcionamiento?
AV. La EFSA se encuentra actualmente en un proceso de cambio importante, orientado principalmente a mejorar la eficiencia. El objetivo es que todas las evaluaciones se puedan realizar con el máximo rigor científico, pero también de una manera más rápida.
Desde hace aproximadamente un año hay un nuevo director ejecutivo y la línea de trabajo va precisamente en esa dirección: mantener una ciencia excelente y garantizar la mejor evaluación científica posible, pero agilizando los procedimientos para que las evaluaciones puedan completarse en menos tiempo del que requieren actualmente.
“Desde hace aproximadamente un año hay un nuevo director ejecutivo y la línea de trabajo va precisamente en esa dirección: mantener una ciencia excelente y garantizar la mejor evaluación científica posible, pero agilizando los procedimientos”
Estamos trabajando para mantener ese equilibrio entre una ciencia sólida y rigurosa y unos procedimientos lo más ágiles posible con la vista puesta a evitar que los procesos se eternicen dentro de esa estructura jerárquica que comentábamos anteriormente.





